Nuestros liberales se niegan rotundamente a reconocer que en la aldea rusa se sigue empleando, hasta hoy día, de modo vastísimo, la economía servil. La servidumbre aún está viva. Pues cuando un campesino semimiserable trabaja para el terrateniente con su ganado famélico y sus aperos, estando sometido a servidumbre por préstamos de dinero o por el arriendo de la tierra, esto es justamente la esencia económica de la economía servil.

Bajo el capitalismo, el obrero no posee ni tierra ni instrumentos de trabajo. Bajo la economía servil, el trabajador explotado tiene tanto tierra como instrumentos de trabajo, pero todo ello sirve precisamente para sojuzgarlo, para sujetarlo al «señor-terrateniente».

Y he aquí que en la revista «Rússkaya Mysl» (El Pensamiento Ruso){42}, conocida por su prédica de respeto a la propiedad terrateniente, en el número de marzo se ha deslizado casualmente una verdad.

«Las contrataciones invernales —leemos allí— ¿acaso no son un absurdo en nuestra época, la época de la electricidad y los aeroplanos? Y esta forma de esclavitud y de servidumbre sigue floreciendo hasta hoy, chupando como sanguijuelas el organismo campesino.

Las contrataciones invernales son un fenómeno curioso y característico en Rus'. Han conservado en toda su frescura el término servil de campesinos “obligados”».

¡Esto no lo escribe un órgano «izquierdista» cualquiera, sino la revista de los liberales contrarrevolucionarios!

El número de hogares «obligados», según datos locales para la primavera de 1913, alcanza a veces el 56 %, por ejemplo, en la provincia de Chernígov, es decir, casi tres quintas partes del total de hogares. Y en la contratación invernal el campesino recibe por su trabajo un pago dos y tres veces más bajo que en la contratación estival.

Tenemos ante nosotros una servidumbre puramente feudal y una miseria sin salida de los campesinos — junto a aquellos «progresos» de los otrub (parcelas separadas), la siembra de pastos, la introducción de máquinas, etc., que tanto admiran a ciertas personas ingenuas. De hecho, estos progresos, al mantenerse la miseria desesperada y la servidumbre de la masa de campesinos, no hacen más que empeorar su situación, agudizan la inevitabilidad de la crisis, acrecientan la contradicción entre las exigencias del capitalismo moderno y la bárbara, medieval y asiática «contratación invernal».

La mediería, el cultivo de la tierra a cambio de la mitad de la cosecha o la siega de los prados a cambio de la tercera gavilla («a tercias»), es también una supervivencia directa de la servidumbre. La proporción de tierras cultivadas por los campesinos en régimen de mediería alcanza del 21 al 68 % de las tierras propias de los campesinos, según las distintas regiones de Rusia y conforme a datos recientísimos. ¡Y la proporción de prados en mediería es aún mayor: del 50 al 185 % de la tierra campesina propia!...

«En algunos casos —leemos en la revista moderadamente liberal—, además del pago de la tierra con la mitad de la cosecha y del prado con dos tercios, el mediero se obliga a 1 o 2 semanas de trabajo gratuito en la economía, lo más frecuentemente con su caballo o con un adolescente».

¿En qué se diferencia esto del derecho de servidumbre? ¡El campesino trabaja gratis para el terrateniente, recibiendo de él la tierra a medias!

Nuestros liberales examinan constantemente la «cuestión campesina» desde el punto de vista de la «falta de tierra» de los campesinos o de la necesidad de la «ordenación estatal» de su vida o de la dotación de tierra según una u otra «norma» (en esto pecan también los populistas). Este punto de vista es radicalmente falso. De lo que se trata es de la lucha de clases sobre la base de las relaciones económicas de servidumbre, nada más y nada menos. Manteniéndose la actual propiedad terrateniente de la tierra, es inevitable el mantenimiento de la servidumbre, del régimen feudal y, según expresión de «Rússkaya Mysl», de la esclavitud. Ninguna «reforma» ni ningún cambio político ayudarán aquí. Aquí se trata de la propiedad territorial de una clase, que convierte todo «progreso» en un paso de tortuga, que convierte a la masa de campesinos en miserables oprimidos y atados al «señor».

No se trata aquí de la «norma de consumo» o de la «norma de producción» (todo esto son pamplinas populistas), ni de la «falta de tierra», ni de la «dotación de tierra»; hay que hablar de la eliminación de la opresión clasista servil, que frena el desarrollo del país capitalista. Sólo así y únicamente así se puede llegar a comprender el conocido «dicho» — la «ballena» de los obreros conscientes rusos.

«El Camino de la Verdad» n.º 66, 20 de abril de 1914.

Se publica según el texto del periódico «El Camino de la Verdad».