Los lockouts, es decir, los despidos masivos de obreros por patronos confabulados, son un fenómeno tan necesario e inevitable en la sociedad capitalista como las huelgas de obreros. El capital, al descargar todo su peso sobre los pequeños productores arruinados y el proletariado, amenaza constantemente con reducir las condiciones de vida de los obreros al hambre directa y a la extinción por inanición. Y ha habido en todos los países ejemplos, e incluso períodos enteros en la vida de los pueblos, en que la falta de resistencia por parte de los obreros los ha llevado a una miseria increíble y a todos los horrores del hambre.

La resistencia de los obreros surge de las propias condiciones de vida: la venta de la fuerza de trabajo. Sólo gracias a esta resistencia, a pesar de los enormes sacrificios que los obreros realizan en la lucha, logran defender un nivel de vida al menos algo soportable. Pero el capital se concentra cada vez más, las uniones de fabricantes crecen, aumenta el número de desposeídos y desempleados, y con ello la miseria del proletariado, y luchar por un nivel de vida soportable se torna cada vez más difícil. La carestía de la vida, que ha aumentado rápidamente en los últimos años, a menudo reduce a la nada todos los esfuerzos de los obreros.

Las organizaciones obreras y, en primer lugar, los sindicatos obreros, al atraer cada vez a una masa mayor del proletariado a la participación en la lucha organizada, convierten la resistencia de los obreros en lo más planificada y sistemática posible. La lucha huelguística, con sindicatos de masas y diversos, se vuelve más tenaz: las huelgas ocurren con menos frecuencia, pero cada choque es de mayor envergadura.

Los lockouts de los empresarios son provocados por la agudización de la lucha y, a su vez, la agudizan. Y el proletariado, al cohesionarse en la lucha, al desarrollar mediante la lucha su conciencia, su organización y su experiencia, llega cada vez más ampliamente a la convicción, cada vez más firme, de la necesidad de una completa reorganización económica de la sociedad capitalista.

La táctica marxista consiste en la combinación de diferentes métodos de lucha, en la hábil transición de uno a otro, en la elevación constante de la conciencia de las masas y de la amplitud de sus acciones colectivas, cada una de las cuales por separado es a veces ofensiva, a veces defensiva, y todas juntas conducen a un conflicto cada vez más profundo y decisivo.

En Rusia falta la condición fundamental para un desarrollo de la lucha como el que vemos en los países de Europa occidental: la lucha con la participación de sindicatos sólidos y en desarrollo sistemático.

El movimiento huelguístico, a diferencia de Europa, donde hace mucho tiempo existe la libertad política, en nuestro país, en 1912-1914, rebasó los estrechos límites profesionales. Los liberales lo negaban, los políticos obreros liberales (liquidacionistas) no lo comprendían o cerraban los ojos ante ello. Pero los hechos obligaron a reconocerlo. En el discurso de Miliukov en la Duma de Estado con motivo de la interpelación sobre los sucesos del Lena, se manifestó de modo claro ese reconocimiento forzado, tardío, a medias, platónico (es decir, acompañado no de ayuda efectiva, sino sólo de suspiros) de la importancia general del movimiento obrero. Los liquidacionistas, con sus discursos liberales sobre el «juego huelguístico», contra la combinación de motivos económicos y otros en el movimiento huelguístico (¡recordemos que tales discursos de los señores Ezhov y compañía comenzaron en 1912!), provocaron la legítima repulsión de los obreros. Por ello, los obreros llevaron a cabo de manera consciente y firme la «destitución» de los señores liquidacionistas del movimiento obrero.

La actitud de los marxistas hacia el movimiento huelguístico no suscitó vacilación ni descontento alguno entre los obreros. Además, la importancia de los lockouts fue valorada formal y oficialmente por los marxistas organizados ya en febrero de 1913{28} (aunque en una palestra que no ven los esclavos de los liberales, los señores liquidacionistas). Ya en febrero de 1913, una resolución formal de los marxistas señaló de manera clara y rotunda los lockouts y la necesidad de tenerlos en cuenta en la táctica. ¿Cómo tenerlos en cuenta? Discutiendo con mayor atención la conveniencia de cada acción, modificando las formas de lucha, sustituyendo (¡de sustitución precisamente se trataba!) unas formas por otras, debiendo ser la elevación de las formas una tendencia constante. Los obreros conscientes conocen muy bien también algunas formas concretas de elevación, históricamente probadas en repetidas ocasiones e «incomprensibles» y «ajenas» sólo para los liquidacionistas.

El 21 de marzo, inmediatamente después del anuncio del lockout, los pravdistas dieron su consigna clara: elegir el momento y la forma de las acciones no a voluntad de los fabricantes, no ir a la huelga ahora. Los sindicatos obreros y los marxistas organizados sabían y veían que esa consigna era suya propia, elaborada por la misma mayoría del proletariado de vanguardia que llevó a sus representantes al Consejo de Seguros{29} y que dirige todo el trabajo de los obreros de Petersburgo, a pesar de los gritos desorganizadores y liberales de los liquidacionistas.

La consigna del 21 de marzo, no ir a la huelga ahora, era la consigna de los obreros que sabían que podrían sustituir una forma por otra, que aspiraban y aspirarían —a través de todos los cambios de las formas del movimiento— a la elevación general de su nivel.

Que los desorganizadores del movimiento obrero —liquidacionistas y populistas— intentarían desorganizar la causa obrera también en este caso, los obreros lo sabían y de antemano preparaban la resistencia.

El 26 de marzo, tanto el grupo liquidacionista como el populista de desorganizadores y violadores de la voluntad de la mayoría de los obreros conscientes de Petersburgo y de Rusia insertaron en sus periódicos las vulgaridades burguesas habituales en esos campos: los populistas parloteaban (para satisfacción de los liquidacionistas) sobre la «ligereza» (los obreros conscientes saben desde hace tiempo que no hay nadie más ligero que los populistas), los liquidacionistas pronunciaban discursos liberales (analizados y estigmatizados ya en el núm. 47 de «Put Pravdi») y ¡predicaban la sustitución de las huelgas... no por formas correspondientes, no por formas más elevadas, sino... por peticiones y “resoluciones”!!!

Desechando los consejos vergonzosamente liberales de los liquidacionistas, desechando el parloteo ligero de los populistas, los obreros de vanguardia marchaban firmemente por su camino.

La vieja decisión sobre la sustitución de las huelgas en determinados casos de lockout por determinadas formas de lucha más elevadas, correspondientes a ellos, los obreros la conocían con firmeza y la aplicaron correctamente.

La provocación de los lockoutistas fracasó. Los obreros no aceptaron el combate allí donde se lo imponían sus enemigos, los obreros aplicaron a tiempo la decisión de los marxistas organizados y, con energía aún mayor, de manera aún más patente, viendo toda la importancia de su movimiento, continúan marchando por el viejo camino.

«Put Pravdi» núm. 54, 4 de abril de 1914.

Se publica según el texto del periódico «Put Pravdi».