Es sabido que en la industria fabril, desde 1905, los salarios han aumentado en un veinte por ciento.

El primer intento de estudiar esta misma cuestión respecto al salario de los obreros agrícolas ha sido realizado en el folleto recientemente aparecido de I. Drózdov: *El salario de los trabajadores agrícolas en Rusia en relación con el movimiento agrario de 1905–1906* (San Petersburgo, 1914, ed. M. I. Semiónov, 50 kopeks). Señalemos las principales conclusiones de este interesante trabajo.

El salario medio diario de un obrero agrícola en la Rusia europea era, en kopeks:

De estos datos se desprende que el mayor aumento de los salarios corresponde precisamente al año 1906, es decir, al año en que la influencia del movimiento del año quinto debía manifestarse con la mayor claridad.

¡De modo que, a partir de 1905, se consiguió aumentar también el increíblemente bajo salario de los obreros agrícolas! Que este avance está aún lejos de ser suficiente se ve al comparar los salarios monetarios con los precios del pan. El autor del folleto hizo esta comparación y expresó el salario en dinero de los obreros agrícolas que hemos indicado en pan (centeno), según los precios medios locales. Resultó que el salario expresado en pan bajó de 0,93 puds en 1902–1904 a 0,85 puds en 1905 y 0,91 puds en 1906.

Dicho de otro modo: con su salario diario, un obrero agrícola ruso podía comprar 0,93 puds de centeno en 1902–1904 y solo 0,91 puds en 1906. Naturalmente, de no haber sido por el impulso de los años quinto y sexto, la baja del salario real habría sido aún mayor.

Por años aislados, el salario fluctúa fuertemente según las cosechas y otras causas: por ejemplo, de 1905 a 1907 el salario aumentó, aunque de manera muy desigual; luego, en 1908 (el año de más fuerte reacción) el salario baja, para volver a subir un poco en 1909 y 1910.

En vista de la fluctuación de los salarios por años aislados, lo que debe compararse no son años sueltos, sino decenios. Haciendo esa comparación, el señor Drózdov determina el salario medio del obrero agrícola en la Rusia europea en el decenio 1891–1900 en 55,08 kopeks, y en el decenio siguiente (1901–1910) en 69,18 kopeks. El aumento es del 25,5 %.

Esto significa que tres millones de obreros agrícolas de Rusia (cifra indudablemente muy disminuida) han obtenido un aumento de salario, calculando siquiera doscientos días de trabajo al año, por un monto de unos 80 millones de rublos al año.

Es cierto que, en ese mismo período, los precios de los productos de consumo han subido, por término medio, un 20,5 %. Por tanto, el verdadero aumento del salario, o sea el aumento del salario real, ha sido muy pequeño. Expresando el salario monetario diario en pan, el autor obtiene un aumento en el decenio revolucionario, respecto al decenio prerrevolucionario, de sólo un 3,9 %. En consecuencia, todos los esfuerzos de los obreros han permitido mantener el salario al nivel anterior y elevarlo sólo un poco.

En cambio, la comparación, durante esos mismos dos decenios, de los cambios en los salarios obreros y en los precios de la tierra muestra un gigantesco aumento de los ingresos de los señores terratenientes. La compra de tierra es la compra de la renta que la tierra proporciona, la compra de la renta del suelo; el precio de la tierra es, por tanto, la renta capitalizada. Y vemos que el precio medio de una desiatina ha subido, en los dos decenios indicados, de 69,1 rublos a 132,4 rublos, ¡es decir, casi el doble!

Aumento de los salarios de millones de obreros asalariados en una cuarta parte. Aumento de los ingresos de los terratenientes al doble. La subida de los salarios de los obreros asalariados apenas sigue el ritmo de la subida de los precios de los productos de consumo. En cambio, los terratenientes aumentan sus ingresos cinco veces más de lo que suben los precios de los productos. Los terratenientes y los campesinos acomodados se enriquecen cada vez más.

Hay que tener en cuenta, además, que el aumento de la rentabilidad de la tierra y la subida de los precios de los productos agrícolas acrecientan de manera constante e inevitable la profundidad del abismo de clase entre el burgués rural y el proletario rural, entre el pequeño amo (aunque sea “trabajador”) y el obrero asalariado. Por eso, quien dice al campesino “trabajador”: bajo el capitalismo, tu pequeña hacienda no te salvará de la miseria y la penuria, tu salvación está sólo en unirte a los obreros asalariados, ése dice la verdad. Y quien, como nuestros “populistas”, se dedica a defender los intereses de la hacienda “trabajadora”, declarando viable la pequeña hacienda bajo el capitalismo, ése apoya las aspiraciones burguesas, el “alma” burguesa del pequeño amo, y no el alma proletaria; ése habla como un burgués.

*“Put Pravdy”* núm. 49, 29 de marzo de 1914. Firmado: V. I.

Se publica según el texto del periódico *“Put Pravdy”*.