Cuando dos ladrones riñen, de ello siempre obtienen cierto provecho los hombres honrados. Cuando los «hacedores» del negocio periodístico burgués riñen a muerte, ponen al descubierto ante el público la venalidad y las maquinaciones de los «grandes» periódicos.

El colaborador de *Nóvoye Vremya* N. Snessarev riñó con *Nóvoye Vremya*{8}, cometió un desfalco y fue expulsado con escándalo. Ahora ha publicado una «obra» de 135 páginas con el título: *El espejismo de «Nóvoye Vremya». Casi una novela. San Petersburgo. 1914*. Haciéndose pasar, como es costumbre, por un hombre «honorable», el señor Snessarev describe las costumbres que desde hace tiempo se han instaurado en los países capitalistas de Occidente y que penetran cada vez más en el mundo periodístico burgués de Rusia, naturalmente, en condiciones que favorecen de modo especial la oscuridad y la impunidad de los sobornos, los servilismos, etc., particularmente sucios, particularmente viles.

«Todos se han acostumbrado poco a poco a vivir muy por encima de sus posibilidades» –escribe con graciosa ingenuidad el «damnificado» colaborador de *Nóvoye Vremya*–. «Cuándo y de qué manera se liberará la sociedad de este fenómeno, y si se liberará, es algo desconocido. Pero que ahora la situación es así, es un hecho reconocido». Y uno de los medios mágicos que permiten gastar más de lo que se ingresa es la «participación» de los periódicos burgueses en la tramitación de concesiones. «Se pueden nombrar –cuenta el colaborador de *Nóvoye Vremya*– decenas de concesiones distintas, que deben su realización en la vida no solo a conocidas conexiones, sino también a conocidos artículos en conocidos periódicos. *Nóvoye Vremya*, por supuesto, no es una excepción». Por ejemplo, una vez se presentó ante el señor Snessarev un representante de la compañía londinense de telégrafo inalámbrico Marconi y le propuso redactar los estatutos de la sociedad rusa Marconi y un proyecto de concesión en favor de esta sociedad. «La remuneración por este trabajo se fijó en 10.000 rublos... y se concluyó el acuerdo».

El damnificado Snessarev relata que no solo él se vendió a los capitalistas por ese dinero, sino que todo el periódico *Nóvoye Vremya* se vendió por la «campaña en defensa de la concesión», obteniendo un descuento del 50% en los telegramas y un «puestecito» de fundador de la sociedad con acciones por valor de 50.000 rublos.

Capitalistas londinenses – expoliación de los rusos – concesión del gobierno ruso – participación de la prensa – venalidad generalizada – compraventa de quien sea por decenas de miles de rublos: he aquí el cuadro veraz que despliega el desfalcado y ofendido Snessarev.

La empresa millonaria de *Nóvoye Vremya* se viene abajo. Los hijitos del millonario renegado A. S. Suvorin dilapidan y tiran a la basura millones. Hay que salvar el honorable periódico. Entra en escena el «director-gerente del Banco Volga-Kama, P. L. Bark» (pág. 85). Este convence a A. S. Suvorin de que traspase el negocio a una sociedad, la cual en agosto de 1911 obtuvo estatutos confirmados por la más alta instancia, y de las 800 participaciones, 650 correspondían a A. S. Suvorin (cada participación por 5.000 rublos). El balance al constituirse la sociedad fue ficticio (pág. 97) –explica el señor Snessarev y añade que «semejante balance solo podían aceptarlo al constituir la sociedad personas que no entendían absolutamente nada de cifras... o personas como el señor Guchkov, es decir, que entendían perfectamente el asunto, pero que perseguían únicamente sus metas personales». Los héroes de esta constitución de la sociedad (reunión constitutiva del 10 de noviembre de 1911) fueron el propio Snessarev, P. L. Bark, V. P. Burenin, el octubrista{9} miembro de la Duma de Estado Shubinski, los hijitos del honorable renegado A. S. Suvorin, etc.

Esta honorable compañía maniobró, como ve el lector, con especial celo desde noviembre de 1911. Y desde 1912 –relata el damnificado Snessarev–, el privilegio de *Nóvoye Vremya* de recibir los anuncios de los bancos territoriales («un ingreso no tan grande»: solo 15.000 rublos al año, ¡o «algo alrededor» de eso!), este privilegio se convirtió en subsidio. Pues por ley los anuncios deben insertarse en el periódico de mayor difusión. *Nóvoye Vremya* no era entonces el de mayor difusión, pero «puso en juego» («por primera vez», jura el honorable Snessarev) sus influencias entre bastidores y sus conocidos en las esferas gubernamentales para retener los anuncios de los bancos territoriales. «Al decidirse esta cuestión en el consejo de ministros, después de una vacilación bastante seria, se decidió dejar los anuncios a *Nóvoye Vremya*» (pág. 21).

Se acondiciona un club de la sociedad literario-artística, «dicho llanamente, una casa de juego» (pág. 69); «en los libros de deudas del club figuraban para los colaboradores de *Nóvoye Vremya* miles de rublos de deudas. Simplemente se las cancelaban de las cuentas».

El especulador de bolsa Manus, enriquecido en la bolsa, que ha amasado una fortuna de «varios millones» (120), con la participación de los señores Ménshikov y otros, lleva a cabo una campaña en *Nóvoye Vremya* por la destitución del ministro Kokóvtsov. Se deja al lector que adivine cuántas decenas de miles recibieron todos estos «hacedores» y cuántas dejaron de recibir.

Danza de millones. Balance de cinco millones de *Nóvoye Vremya*, de los cuales cerca de tres millones son ficción. Sueldos y honorarios: de 2 a 3 mil rublos al mes para empleados de segunda y tercera categoría. Pero se derrochan cientos de miles y millones. Préstamos en los bancos por cientos de miles. Venalidad generalizada. Prostitución de todo tipo, ilegal y legal, santificada por el matrimonio. Lo mejor y más alto de la sociedad petersburguesa. Millonarios, ministros, especuladores de bolsa, ilustres extranjeros. Casas de juego. Chantaje de distintas especies. «Ninguna convicción política» (pág. 36). Envidia y zancadillas. Amfiteátrov y Snessarev provocando a duelo a un ingeniero que ofendió a la redacción de *Nóvoye Vremya*, la cual había cubierto de basura a los estudiantes. A. S. Suvorin, que «quiere mucho» a Amfiteátrov, pero no puede «negarse el placer de causarle un disgusto»: deja pasar un folletín de Burenin con una «innoble» alusión contra la actriz Ráiskaya, esposa de Amfiteátrov. Burenin echa a patadas a Amfiteátrov. Los hijitos de Suvorin, contrayendo deudas por cientos de miles de rublos.

Pérdidas de *Nóvoye Vremya* en 1905: 150.000 rublos.

Los comerciantes-industriales moscovitas, atemorizados por el año 1905, entregan 100.000 rublos para un periódico obrero de orientación patriótica. *Nóvoye Vremya* se encarga, a petición suya, de organizar el negocio.

El periódico «arrastró una existencia miserable» durante dos años y cerró. Los moscovitas perdieron 100.000 rublos, los de *Nóvoye Vremya*, 150.000 rublos (61).

Ladrones, prostitutos públicos, escritores venales, periódicos venales. Esta es nuestra «gran prensa». Esta es la flor de la «alta» sociedad. A esta gente la conoce «todo el mundo», tiene conexiones «en todas partes»... La desvergonzada insolencia de los señores feudales, que se abraza en las tinieblas con la desvergonzada venalidad de la burguesía, he ahí la «Santa Rusia».

*Put Pravdy* nº 41, 20 de marzo de 1914.

Se imprime según el texto del periódico *Put Pravdy*