Los periódicos ya han hablado mucho acerca de la reunión de representantes del gobierno con algunos diputados de la Duma el primero de marzo. Pero el significado de esta reunión, desde el punto de vista de la situación y las tareas de la «oposición» en la Duma, no ha sido ni mucho menos suficientemente esclarecido.

Recordemos que justo antes del primero de marzo, en toda una serie de órganos de la prensa liberal, tanto en Petersburgo y Moscú como en provincias, se planteó y se debatió con intensidad la cuestión general sobre la parálisis mortal en la Duma, sobre su impotencia y falta de vitalidad, sobre la deserción de los diputados de la Duma, sobre las tareas de la oposición, etc.

Justo antes del primero de marzo, los más destacados dirigentes del partido «constitucionalista-democrático», los señores Miliukov y Shingariov, se manifestaron en la prensa de ambas capitales tanto contra el señor Struve por sus llamamientos a la «sanación del poder», como contra el cadete de derecha V. Maklakov por sus llamamientos «pesimista-optimistas» al acuerdo con los octubristas. Justo antes del primero de marzo, el señor Miliukov se esforzaba con todas sus fuerzas en mostrarse adversario del «vejismo», es decir, de las ideas consecuentes y francas del liberalismo contrarrevolucionario.

La composición y el carácter de la reunión del primero de marzo demostraron una y otra vez que todas esas salvedades de los dirigentes del partido c.-d. contra Struve y V. Maklakov, todos esos esfuerzos por presentarse como «más de izquierda» que los citados políticos no eran más que hipocresía y engaño a la democracia. En realidad, en esta reunión triunfó precisamente la política de los «vejistas» entre los liberales, precisamente la política de los señores Struve y V. Maklakov, y no la de los dirigentes oficiales y diplomáticos del partido c.-d., los señores Miliukov, Shingariov y Cía.

Participaron únicamente representantes de los partidos gubernamentales y de la oposición liberal-burguesa, — ni los socialdemócratas ni los trudovikí (democracia burguesa) fueron invitados (supuestamente porque son «antimilitaristas por principio y votan siempre contra todos los créditos de guerra», pero en realidad por la falta de deseo de recibir una negativa motivada y pública, que estaba asegurada al menos por parte de los socialdemócratas).

Cuando los diputados de la oposición, — según el altamente oficial comunicado de «Rech» — «intentaron suscitar también la cuestión de nuestra política interior», se les declaró que el debate debía versar únicamente sobre los créditos de guerra y que «en la presente reunión los representantes del gobierno no consideran posible hacer declaraciones acerca de cuestiones de política interior».

«No obstante — escribía «Rech» —, algunos diputados, entre ellos I. N. Efremov, A. I. Shingariov y otros, abordaron en sus discursos también cuestiones sobre nuestra situación interior».

Tanto más — es forzoso decirlo a propósito de esta declaración — fuera de lugar, ridículo, absurdo e indigno resultó el papel de los diputados cadetes, constitucionalistas-democráticos. Si su partido se llamara partido liberal-monárquico moderado, — es decir, si llevara un nombre que expresara correctamente su esencia de clase y su verdadera naturaleza política, — ¡entonces el comportamiento de los diputados c.-d. habría sido normal desde el punto de vista del partido! Pero para gentes que quieren ser tenidas por demócratas, para gentes de las cuales incluso los más derechistas, como V. Maklakov, declaran públicamente que han perdido la fe «en la posibilidad de hallar una salida del callejón sin salida sin explosiones revolucionarias y catástrofes» (así es como exponía las opiniones de V. Maklakov el propio señor Shingariov en el núm. 55 de «Rech» del 26 de febrero; en el mismo espíritu escribía el propio señor Miliukov en el número del 25 de febrero), para tales gentes, su participación en la reunión con los derechistas y los octubristas equivalía a una bofetada pública.

Los señores c.-d. se abofetearon a sí mismos. Con su participación renegaban públicamente de sus palabras acerca de la «pérdida de la fe». Demostraban públicamente su disposición a probar la vivacidad de su fe, equivalente a la disposición a servir y a hacer de lacayos.

Pues — los cadetes, como nadie, comprenden perfectamente tanto el vínculo indisoluble de la política interior con la exterior, como el significado de la «asignación» de los créditos…

«Put Pravdi» núm. 36, 14 de marzo de 1914.

Se imprime según el texto del periódico «Put Pravdi».