Lo que ocurre ahora en el parlamento inglés a propósito del proyecto de ley del Home Rule (autogobierno o, más exactamente, autonomía para Irlanda) es de extraordinario interés tanto desde el punto de vista de las relaciones de clase, como para el esclarecimiento de las cuestiones nacional y agraria.

Inglaterra esclavizó a Irlanda durante siglos, llevó a los campesinos irlandeses a indecibles tormentos de hambre y a la extinción por el hambre, los expulsó de la tierra, obligó a centenares de miles y a millones a abandonar la patria y emigrar a América. A comienzos del siglo XIX la población de Irlanda era de 5 millones y medio, hoy es solo de 4 millones y medio. Irlanda se ha despoblado. ¡En el transcurso del siglo XIX emigraron a América más de 5 millones de irlandeses, y hoy hay más irlandeses en los Estados Unidos que en Irlanda!

Las inauditas calamidades y tormentos de los campesinos irlandeses constituyen uno de los ejemplos instructivos de hasta dónde llegan los terratenientes y los burgueses liberales de la nación «dominante». Inglaterra forjó su «brillante» desarrollo económico, la «prosperidad» de su industria y comercio, en grado considerable, a costa de tales hazañas respecto al campesinado irlandés, que recuerdan a la señora feudal rusa Saltychija.

Inglaterra «prosperaba», mientras Irlanda se extinguía y seguía siendo un país atrasado, semisalvaje, puramente agrícola, un país de campesinos arrendatarios miserables. Pero, por mucho que la «ilustrada y liberal» burguesía inglesa deseara eternizar el sojuzgamiento de Irlanda y su miseria, la reforma se avecinaba con ineluctabilidad, tanto más cuanto que los estallidos revolucionarios de la lucha del pueblo irlandés por la libertad y por la tierra se volvían cada vez más amenazantes. En 1861 surgió la organización revolucionaria irlandesa de los fenianos. Los irlandeses emigrados a América la ayudaban por todos los medios.

Desde 1868, con el ministerio de Gladstone, ese héroe de los burgueses liberales y de los obtusos pequeñoburgueses, comienza la época de reformas en Irlanda, época que muy felizmente se ha prolongado hasta el momento actual, es decir, poco menos de medio siglo. ¡Oh, los sabios estadistas de la burguesía liberal saben darse prisa con mucha lentitud con sus «reformas»!

Carlos Marx vivía entonces en Londres desde hacía ya más de 15 años y seguía con el mayor interés y la mayor simpatía la lucha de los irlandeses. El 2 de noviembre de 1867 escribió a Federico Engels: «He intentado por todos los medios provocar una demostración de solidaridad de los obreros ingleses con la lucha de los fenianos. Antes consideraba imposible la separación de Irlanda de Inglaterra. Ahora la considero inevitable, aunque después de la separación sobreviniera una federación...{121}». En una carta del 30 de noviembre del mismo año, Marx vuelve de nuevo sobre este tema: «... Cabe preguntarse, ¿qué debemos aconsejar a los obreros ingleses? En mi opinión, deben hacer de la abolición de la unión (la abolición de la unión con Irlanda) un punto de su programa —para decirlo brevemente, restaurar la reivindicación de 1783, solo que democratizándola y aplicándola a las condiciones actuales. La separación de Irlanda es la única forma legal y, por tanto, la única forma posible de liberación irlandesa, que debe figurar en el programa del partido obrero inglés»{122}. Y Marx demostraba a continuación que los irlandeses necesitan el autogobierno y la independencia de Inglaterra, una revolución agraria, aranceles aduaneros contra Inglaterra.

Tal era el programa que C. Marx proponía a los obreros ingleses en interés de la libertad de Irlanda, de la aceleración del desarrollo social y de la libertad de los obreros ingleses; pues los obreros ingleses no podían alcanzar la libertad mientras ayudaran (o incluso permitieran) mantener a otro pueblo en la esclavitud.

Pero ¡ay! Los obreros ingleses, en virtud de toda una serie de causas históricas especiales, se hallaron en el último tercio del siglo XIX dependientes de los liberales, imbuidos del espíritu de la política obrera liberal. No se situaron al frente de los pueblos y clases que luchan por la libertad, sino a la zaga de los despreciables lacayos del saco de dinero, los señores liberales ingleses.

¡Y los liberales prolongaron durante medio siglo la liberación de Irlanda, que ni siquiera hoy está concluida! El campesino irlandés empezó a transformarse de arrendatario en propietario libre de la tierra solo en el siglo XX, ¡pero los señores liberales le impusieron un rescate según una «justa» valoración! Millones y millones de tributo paga y seguirá pagando durante largos años a los terratenientes ingleses en recompensa por haberle saqueado durante varios siglos y haberle llevado a constantes hambrunas. Los burgueses liberales ingleses obligaron a los campesinos irlandeses a agradecerlo a los terratenientes con dinero contante...

Ahora se tramita en el parlamento la ley de Home Rule (autogobierno) para Irlanda. Pero en Irlanda existe la provincia septentrional del Ulster (o, como a veces se escribe incorrectamente, Ulster); está poblada en parte por colonos procedentes de Inglaterra, protestantes a diferencia de los irlandeses católicos. Y he aquí que los conservadores ingleses, con el terrateniente de las Centurias Negras Purishkévich..., es decir, Carson, a la cabeza, lanzaron un furioso clamor contra la autonomía de Irlanda. ¡Dicen que eso significa entregar a los habitantes del Ulster a la dominación de gentes de otra fe y de otra raza! Lord Carson amenazaba con la insurrección y organizaba bandas armadas de las Centurias Negras.

Naturalmente, esta amenaza es vana. No puede hablarse de una insurrección de un puñado de matones. Tampoco podía hablarse de la «opresión» de los protestantes por el parlamento irlandés (cuyo poder está definido por la ley inglesa).

La cuestión es simplemente que los terratenientes de las Centurias Negras amedrentan a los liberales.

¡Y los liberales se acobardan, hacen reverencias a las Centurias Negras, les hacen concesiones, proponen celebrar una votación popular especial (el llamado referéndum) en el Ulster y aplazar la reforma para el Ulster por seis años!

El chalaneo entre los liberales y las Centurias Negras continúa. La reforma puede esperar: ya esperaron medio siglo, los irlandeses esperarán un poco más, ¡no se va a «perjudicar» a los terratenientes!

Naturalmente, si los liberales apelaran al pueblo de Inglaterra, al proletariado, la banda de las Centurias Negras de Carson se desharía y desaparecería inmediatamente. La libertad pacífica y completa de Irlanda estaría asegurada.

Pero, ¿acaso es concebible que los burgueses liberales soliciten ayuda al proletariado contra los terratenientes? Pues los liberales en Inglaterra son también lacayos del saco de dinero, capaces solo de arrastrarse servilmente ante los Carson.

*«Put Pravdy»* núm. 34, 12 de marzo de 1914.

Se publica según el texto del periódico *«Put Pravdy»*.