Las habladurías de los populistas de izquierda sobre el campesinado «trabajador» constituyen un engaño tan escandaloso y una perversión tal de la conciencia socialista de los obreros, que es necesario detenerse una y otra vez en el análisis de este engaño.

Cuanto más alardean nuestros populistas de izquierda con frases generales huecas y discursos almibarados, tanto más importante es oponerles datos precisos sobre la economía campesina.

Nada teme tanto el populista de izquierda como los datos precisos sobre la burguesía campesina y el proletariado campesino.

Tomemos los datos del último trabajo estadístico de los zemstvos sobre los campesinos de los alrededores de Moscú{119}. La agricultura ha adquirido aquí, relativamente, un carácter mercantil en grado muy acentuado, gracias al desarrollo extraordinariamente grande de la horticultura y la horticultura de huerta. Tanto más claramente nos muestra el ejemplo de una localidad más desarrollada en cuanto a la dominación del mercado las características fundamentales de toda economía campesina bajo el dominio del capitalismo.

El primer distrito de la economía campesina de la región de Moscú (tomamos un solo primer distrito porque los estadísticos, por desgracia, no dieron totales generales) abarca más de 2.000 explotaciones campesinas. Esta cifra es suficientemente grande para estudiar las relaciones típicas entre el proletariado y la burguesía en el seno del campesinado «trabajador».

Es interesante observar que la agricultura capitalista se constituye aquí, en tierras de nadiel, con dimensiones extremadamente pequeñas de las explotaciones. 2.336 explotaciones campesinas poseen 4.253 desiatinas de tierra de nadiel, menos de 2 desiatinas como promedio por explotación. Añadiendo 1.761 desiatinas de tierra arrendada y restando 625 desiatinas de tierras dadas en arriendo, se obtienen 5.389 desiatinas, más de dos desiatinas por explotación. ¡Y, sin embargo, dos tercios de los campesinos emplean obreros asalariados!

Cuanto más alto es el nivel de la técnica agrícola, cuanto más intensiva es la explotación, cuanto más intensa es la influencia del mercado, tanto más frecuente es la gran producción en pequeñas parcelas de tierra. Esto lo olvidan constantemente los profesores burgueses y nuestros populistas de izquierda, al extasiarse ante las explotaciones pequeñas (por la cantidad de tierra) y silenciar el carácter capitalista de las modernas explotaciones pequeñas que emplean trabajo asalariado.

Examinemos el giro comercial con la tierra de nadiel. Por las cifras de arriendos y cesiones de tierra se ve que este giro comercial es muy considerable. Aproximadamente la mitad de la tierra arrendada corresponde a tierra de nadiel. En total se ceden en arriendo 625 desiatinas de tierra de nadiel, y se toman en arriendo 845 desiatinas. Está claro que la vieja propiedad nadiel de la tierra, por todo su carácter vinculada a la servidumbre y al medioevalismo, se convierte en un estorbo para el moderno giro comercial y capitalista. El capitalismo rompe la vieja propiedad nadiel de la tierra. La explotación se adapta no a la parcela fiscal, sino que exige un libre giro comercial de la tierra, un libre arriendo y cesión de la misma, correspondientes a las exigencias del mercado, a las exigencias del régimen económico burgués.

Examinemos el proletariado campesino. Aquí hay que incluir, ante todo, 405 hogares (de 2.336) sin tierra o con hasta media desiatina de tierra en su explotación. Estos 405 hogares poseen 437 desiatinas de tierra de nadiel. Pero estos son campesinos pobres, casi todos sin caballo. No tienen capacidad para labrar. Y así, ceden en arriendo 372 desiatinas, la mayor parte de su tierra, y ellos mismos se convierten en obreros asalariados: de 405 hogares, 376 hogares «envían» o bien obreros agrícolas, o bien obreros industriales, que se desligan de la agricultura.

Examinemos la burguesía campesina más rica. 526 hogares poseen en su explotación más de 3 desiatinas de tierra: esto ya es agricultura capitalista en condiciones de horticultura y cultivo de huerta. De los 526 campesinos, 509 emplean obreros asalariados. Para 1.706 obreros familiares, cuentan con 1.248 obreros asalariados (anuales y temporales), sin contar además los jornaleros (51.000 jornadas de trabajo jornalero).

Poseen 1.540 desiatinas de tierra, menos de 3 desiatinas de nadiel por hogar. Pero ceden en total solo 42 desiatinas, y arriendan 1.102 desiatinas, ¡de las cuales 512 desiatinas son de tierra de nadiel! «Acumulando» así la tierra, estos campesinos «trabajadores», que tienen a tres obreros familiares por explotación, se convierten en burgueses típicos: por término medio dos y medio obreros asalariados por explotación y casi un centenar de jornadas de trabajo jornalero. La compraventa de los productos de la tierra conduce al desarrollo de la compraventa de la tierra misma (arriendo y cesión), y luego, a la compraventa de la fuerza de trabajo.

Reflexionemos ahora sobre la afirmación de los populistas de izquierda de que la abolición de la propiedad privada sobre la tierra es «la sustracción de la tierra» del giro comercial. ¡Eso es el más puro cuento pequeñoburgués! En realidad, es exactamente al revés: tal abolición reforzaría en proporciones gigantescas la incorporación de la tierra al giro comercial. Se liberarían los capitales que ahora se invierten en la compra de tierra, desaparecerían los estorbos de la servidumbre y burocráticos (funcionariales) para la libre transmisión de la tierra de mano en mano, y se desarrollaría aún con más fuerza el capitalismo, es decir, la cesión de tierra por el proletariado, la «acumulación» de tierra por la burguesía.

Una medida útil desde el punto de vista de la lucha contra los feudales, los populistas de izquierda la presentan como «socialismo», cuando en realidad es una medida burguesa. Tanto los proletarios campesinos como los burgueses campesinos tienen intereses comunes contra los terratenientes, esto es indiscutible. Lo sabe cualquier obrero marxista; pero oscurecer la conciencia de la contradicción de clase entre el proletariado y la burguesía mediante la cháchara sobre el campesinado «trabajador» significa pasarse al lado de la burguesía, significa ir al lado de los enemigos del socialismo.

La economía de los alrededores de Moscú nos muestra, exactamente como bajo una lente de aumento, lo que ocurre, en una forma más débil y menos fácil de constatar, por toda Rusia. Ya en todas partes se convierte en excepción el campesino que no se contrata o no contrata a un «trabajador» él mismo. Cada día trae, incluso en los más recónditos rincones, un desarrollo cada vez mayor del comercio, una agudización cada vez más profunda del abismo entre los proletarios (obreros asalariados) y los pequeños patrones, los pequeños burgueses, los campesinos.

La tarea del proletario urbano es desarrollar una clara conciencia de esta contradicción de clase, que en el campo aparece velada por las particularidades de la agricultura y los residuos de la servidumbre. La tarea de la burguesía, a la que insensatamente siguen los populistas de izquierda pequeñoburgueses, es dificultar la conciencia de esta contradicción de clase mediante frases huecas, vacías y profundamente mentirosas sobre el campesinado «trabajador».

«El Camino de la Verdad» nº 26, 2 de marzo de 1914. Firmado: V. I.

Se publica según el texto del periódico «El Camino de la Verdad»