El Consejo de Estado, hace algún tiempo, rechazó el idioma polaco en la futura autogestión polaca. Esta votación, realizada en contra de la voluntad del jefe del gobierno, nos aclara mucho sobre la cuestión de las clases dirigentes de Rusia y sobre las «peculiaridades» de nuestra estructura estatal y de nuestra administración.

En la prensa ya se ha revelado la larga historia de la cuestión del idioma polaco en la autogestión polaca. Los terratenientes rusos, que están al timón del poder, ya desde 1907 venían negociando sobre esto con la alta nobleza polaca. Se ponían de acuerdo sobre las condiciones de cierta colaboración, o simplemente una convivencia relativamente pacífica de las Centurias Negras rusas con las Centurias Negras polacas, – y todo ello se hacía, por supuesto, entera y exclusivamente en nombre de los intereses de la «cultura nacional».

La cultura nacional polaca era defendida por los terratenientes polacos, reclamando para sí la autogestión (en lugar de la autonomía) y el idioma polaco. La cultura nacional rusa era defendida por los terratenientes rusos, estipulando (ellos ya lo poseían todo y no necesitaban reclamar) su supremacía y la separación de Polonia de la «rusa» Región de Chełm. Ambas partes cerraban el trato, entre otras cosas, contra los judíos, a quienes de antemano reducían a una limitada «norma porcentual», – para que Polonia no quedara atrás respecto a Rusia en la persecución y opresión de los judíos por las Centurias Negras.

Según se informa, Stolypin condujo personalmente estas negociaciones con la nobleza polaca, con los magnates-terratenientes de Polonia. Stolypin hizo promesas. Los proyectos fueron presentados. Pero… la Región de Chełm resultó separada, y nuestro Consejo de Estado rechazó el idioma polaco en la autogestión polaca. La causa de Stolypin fue defendida «con fe y verdad» por Kokóvtsov, pero no logró defenderla. Los miembros derechistas del Consejo de Estado no lo siguieron.

He aquí otro pacto, aunque pequeño, que fue «roto». Guchkov declaró hace poco en nombre de la burguesía de toda Rusia que ésta había concertado un pacto tácito con el gobierno de la contrarrevolución: «apoyarlo a cambio de reformas». El apoyo fue prestado, pero las reformas no se produjeron.

En nuestro ejemplo no es la burguesía, ni la oposición, sino los más puros terratenientes quienes concertaron igualmente un pacto tácito: «nosotros» damos un paso hacia Stolypin, y a nosotros se nos concede la autogestión con el idioma polaco. El paso se dio, pero el idioma polaco no se obtuvo.

De este pequeño ejemplo se desprenden ricas enseñanzas políticas. La lucha de las nacionalidades se convierte ante nuestros ojos en un trato entre las clases dominantes de dos naciones, con la condición de oprimir especialmente a una tercera (la judía). No olvidemos que todas las clases dominantes, no solo los terratenientes, sino la burguesía, incluso la burguesía más democrática, actúan así.

La verdadera estructura y administración de Rusia se revela en su base clasista: los terratenientes mandan, deciden, sentencian. La omnipotencia de esta clase es enorme. A la burguesía solo la «permite»… participar en pactos, y luego los rompe.

Pero esto no es todo. Resulta que incluso dentro de la clase dominante los pactos se «rompen» con una facilidad extraordinaria, casi sobrenatural. Esto ya es una diferencia de Rusia respecto a los demás Estados clasistas, esto ya es nuestra originalidad, – en virtud de la cual permanecen sin resolver cuestiones que Europa resolvió hace 200 y 100 años.

«Prosvieschénie» nº 3, marzo de 1914. Firma: V. Ilín

Se publica según el texto de la revista «Prosvieschénie»