El pasado viernes *Put’ Pravdy* (núm. 18) publicó un artículo «El Sr. Struve sobre el “saneamiento del poder”» [43], dando a conocer a sus lectores la valoración de la situación política de Rusia por parte de uno de los liberales contrarrevolucionarios más francos y consecuentes.

Al día siguiente, el periódico *Rech* publicó un enorme y «de principios» folletín del Sr. Miliukov «contra» el Sr. Struve a propósito de ese mismo artículo suyo sobre el saneamiento del poder. Vale la pena detenerse en la polémica entre estos dos liberales, porque, en primer lugar, la polémica versa sobre las cuestiones más importantes de la política rusa y, en segundo lugar, pone al descubierto dos tipos políticos de hombres públicos burgueses. Y son tipos que por largo tiempo, por decenios, tendrán una importancia política sustancial en Rusia y que la tienen también, de modo similar, en todos los países capitalistas. El proletariado, en defensa de sus intereses, debe conocer esos tipos.

En los últimos años, el Sr. Struve ha expuesto su punto de vista con particular claridad, sobre todo en el libro *Vekhi*{118}. Es el punto de vista de un liberal contrarrevolucionario, partidario de la religión (y del idealismo filosófico, como el camino más seguro y «más científico» hacia ella) y adversario de la democracia. Es un punto de vista claro, nítido, que no tiene un significado personal, sino de clase, pues, en la práctica, toda la masa de la burguesía octubrista y kadete en Rusia, entre 1907 y 1914, se situó precisamente en ese punto de vista.

La esencia del asunto es el giro a la derecha de la burguesía tanto octubrista como kadete, su alejamiento de la democracia. La esencia del asunto es que esa burguesía teme más al pueblo que a la reacción. La esencia del asunto es que ese giro lo provocó no la casualidad, sino la lucha de clases de la burguesía contra el proletariado. La esencia del asunto es que Struve, y tras él Maklakov, no hicieron sino decir, con más franqueza que otros kadetes, la verdad sobre su clase, sobre su partido.

Esa verdad hería los ojos de aquellos diplomáticos del partido kadete (encabezados por el Sr. Miliukov) que consideran necesario coquetear con la democracia, suponiendo que el papel de esta democracia no está del todo agotado y que la burguesía, acaso, tendrá que vivir y actuar en un orden creado no solo por los Purishkévich, sino —no fuera a ser— en un orden creado por la democracia, por «la chusma», por «la calle», por los obreros.

Siguiendo la misma línea que el Sr. Struve y el Sr. Maklakov, el Sr. Miliukov quiere encubrirla, acicalarse ante el público, engañar a la democracia y llevarla de la brida. Por eso el Sr. Miliukov simula polemizar con *Vekhi*, con Struve, que refuta a Maklakov, cuando en realidad no hace sino enseñar a Struve y a Maklakov a disimular con más astucia sus pensamientos.

El quid del largo folletín del Sr. Miliukov contra Struve es la acusación de Struve de incurrir en una «confusión sin salida».

Airado y contundente, ¿no es cierto?

¿En qué consiste la confusión? En que Struve cree «optimistamente» en el saneamiento del poder, diciendo él mismo, no obstante, que el poder no extrae lecciones de los «cataclismos» y, con ello, los hace inevitables. La salida, según el Sr. Struve, es o bien la «rebelión» o bien el saneamiento del poder. Y hacia esa primera salida, Struve no quiere ni «tender de manera activa» ni siquiera «desearla».

En efecto, confusión la hay en Struve, pero también, enteramente y por completo, en Miliukov. Pues el partido demócrata-constitucionalista —cuyo jefe es Miliukov— tampoco puede ni «desear» la primera salida ni «tender de manera activa hacia ella».

No lo demuestran las palabras (son necios quienes en política juzgan a hombres y partidos por sus palabras), sino los hechos, es decir, toda la historia del partido demócrata-constitucionalista desde 1905 hasta 1914, casi un decenio entero.

El partido kadete teme más ponerse del lado de los obreros (naturalmente, en las cuestiones del programa mínimo) que depender de los Purishkévich.

Esto atañe a todo el partido, a toda la burguesía kadete y octubrista, y Miliukov resulta sencillamente ridículo cuando intenta convertirlo en un reproche solo contra Struve.

En todos los países, la experiencia histórica nos muestra las vacilaciones de la burguesía deseosa de progreso entre ponerse del lado de los obreros o depender de los Purishkévich. En todos los países —y, cuanto más civilizado, cuanto más libre es el país, con más fuerza— se observan dos tipos de políticos burgueses. Un tipo tiende abiertamente a la religión, a los Purishkévich, a la lucha directa contra la democracia y se esfuerza por fundamentar esta inclinación de un modo consecuente y teórico. El otro tipo se especializa en encubrir precisamente esa misma inclinación coqueteando con la democracia.

Miliukovs diplomáticos los hay en todas partes, y los obreros necesitan saber distinguir de inmediato la «cola de zorro».

*Put’ Pravdy*, núm. 25, 1 de marzo de 1914.

Publicado según el texto del periódico *Put’ Pravdy*.