La redacción ha recibido, firmada por 13 «bolcheviques de izquierda» y con la indicación «Tiflis-Cáucaso», una carta en la que se pregunta sobre la actitud de la redacción hacia la colaboración de A. Bogdánov. Los autores de la carta se califican a sí mismos de «partidarios ideológicos del grupo “Vperiod”», y su tono es manifiesta y claramente hostil a nuestro periódico.

A pesar de ello, consideramos necesario explicarnos de una vez por todas con ellos.

¿Por qué se hizo imposible la colaboración de A. Bogdánov en los periódicos y revistas obreros que se sitúan en el punto de vista del marxismo consecuente? –Porque A. Bogdánov no es marxista.

Los autores de la carta, siguiendo el camino que el mismo Bogdánov les sugirió en su carta al periódico liquidacionista, buscan la explicación de la desaparición de A. Bogdánov de las páginas de nuestros periódicos en algunas relaciones personales, en la maldad de determinadas personas, etc. Todo eso son puras bagatelas, indignas de ser analizadas o explicadas. El asunto es mucho más simple y claro.

Si los autores de la carta se interesaran no por las «personalidades», sino por la historia de las relaciones orgánicas e ideológicas en el seno del marxismo, sabrían que ya en mayo de 1909 una reunión plenipotenciaria de los bolcheviques, tras una detallada y prolongada discusión previa, declinó toda responsabilidad por las manifestaciones literario-políticas de A. Bogdánov{116}. Si los autores de la carta dieran menos importancia a los chismes y habladurías del vulgo y se preocuparan más por la lucha ideológica entre los marxistas, sabrían que A. Bogdánov ha creado en sus libros un conocido sistema social-filosófico y que contra ese sistema, por considerarlo no marxista y antimarxista, se han pronunciado todos los marxistas sin distinción de fracciones. Cuantos se interesan por la historia del marxismo y del movimiento obrero en Rusia saben, y quien no lo sepa debe instruirse, leer y enterarse, que detrás de la cuestión de la colaboración de A. Bogdánov en un periódico obrero se oculta una cuestión más sustancial, de principio: la relación entre la filosofía de Marx y la doctrina de A. Bogdánov. Esta cuestión ha sido analizada, examinada y masticada en libros, folletos y artículos. El punto de vista político sobre la colaboración de tal o cual publicista en la prensa obrera consiste en juzgarlo no por el estilo, la agudeza o el talento divulgador del escritor en cuestión, sino por su orientación en su conjunto, por lo que su doctrina lleva a las masas obreras. Los marxistas están convencidos de que el conjunto de la actividad literaria de A. Bogdánov se reduce a intentos de inocular en la conciencia del proletariado las concepciones idealistas, burdamente retocadas, de los filósofos burgueses.

Si alguien piensa que esto no es así, que en la disputa sobre los fundamentos filosóficos del marxismo no tienen razón Plejánov o Ilín, sino Bogdánov, ese debe salir en defensa del sistema de Bogdánov y no limitarse a señalar que tal o cual artículo de divulgación de Bogdánov podría encontrar cabida en las páginas de un periódico obrero. Pero nosotros no conocemos defensores del sistema de Bogdánov entre los marxistas. Contra su doctrina se han pronunciado no sólo sus adversarios «de fracción», sino también quienes fueron sus colaboradores en el grupo político.

Así están las cosas con Bogdánov. Sus intentos de «modificar» y «corregir» el marxismo han sido analizados por los marxistas y considerados ajenos al espíritu del movimiento obrero contemporáneo. La responsabilidad de su actividad literaria y de cualquier otra índole ha sido declinada por los grupos con los que trabajó. Después de esto, se puede tener hacia A. Bogdánov la actitud que se quiera, pero exigir para él un lugar en las páginas de la prensa obrera, llamada a desarrollar el abecé del marxismo, significa no comprender ni el marxismo, ni la doctrina de Bogdánov, ni las tareas de la educación marxista de las masas obreras.

En esta tarea de educación de las masas obreras, a la que sirve nuestro periódico, no vamos por el mismo camino que Bogdánov, pues nosotros y él entendemos de modo distinto esta educación. Ésta es la esencia del asunto, egoístamente oscurecida por alusiones a relaciones personales. Los obreros a los que es querida la orientación de su periódico deben arrojar, como basura inmunda, todos esos intentos de reducir el asunto a las «personalidades» de tales o cuales publicistas; deben analizar a fondo el carácter de la doctrina de Bogdánov. Y en cuanto empiecen a analizarla, llegarán rápidamente a la conclusión a la que hemos llegado nosotros: una cosa es el marxismo y otra, completamente distinta, la doctrina de Bogdánov. Y un periódico obrero debe depurar la conciencia del proletariado de las adherencias idealistas burguesas, y no ofrecer desde sus páginas esa mezcla indigesta.

Pero –se nos dirá– a pesar de todo, «Pravda» ha publicado varios artículos de A. Bogdánov. Sí, los ha publicado.

Pero eso fue, como ahora resulta claro para todos, un simple error, inevitable en una empresa tan nueva como la creación del primer periódico obrero en Rusia. Los camaradas que llevaban el timón de este asunto esperaban que, en los artículos de divulgación que Bogdánov ofreció al periódico, la propaganda del abecé marxista relegaría a un segundo plano los rasgos específicos de la doctrina de Bogdánov. Resultó, como era de esperar, que no fue así. Tras los primeros artículos, más o menos neutrales, llegó de Bogdánov un artículo en el que intentaba abiertamente convertir el periódico obrero en un instrumento de propaganda no del marxismo, sino de su empiriomonismo. A este artículo suyo A. Bogdánov le atribuyó, al parecer, tal importancia que, después de él, es decir, desde la primavera de 1913, no envió ningún artículo más.

La cuestión de la colaboración se planteó entonces ante la redacción por principio y se resolvió en el sentido que los lectores conocen.

Ahora unas pocas palabras sobre el grupo «Vperiod». En nuestro periódico se le calificó de «aventurerista»[41].

Por su incapacidad de pensar políticamente y no con mentalidad de habitante vulgar, los autores de la carta también vieron aquí una alusión a la personalidad de los miembros del grupo. Eso es, una vez más, un desatino. Marxistas llaman «aventurerista» a la política de los grupos que no se basan en el socialismo científico, por ejemplo, los anarquistas, los terroristas-narodnikis, etc. Nadie se atreverá a discutir las desviaciones de los vperiodistas hacia el anarcosindicalismo, su tolerancia con la «construcción de Dios» de Lunacharski, con el idealismo de Bogdánov, con las veleidades anarquistas teóricas de St. Volski, etc. Y en la medida en que la política de los vperiodistas derivaba hacia el anarquismo y el sindicalismo, en esa medida todo marxista la calificará de política de aventurerismo.

Esto es simplemente un hecho, confirmado por la desintegración total del grupo «Vperiod». Tan pronto como renació el movimiento obrero, este grupo, amalgamado de elementos heterogéneos, sin una línea política definida, sin comprender las bases de la política de clase y del marxismo, se descompuso sin dejar rastro.

Más allá de estos grupos, más allá de los «empiriomonistas», «constructores de Dios», «anarquistas», etc., el movimiento obrero marchará bajo la bandera del marxismo.

*Put Pravdy*, núm. 21, 25 de febrero de 1914.