No hay frase más corriente entre los populistas que aquella de que los marxistas «enfrentan» a los trabajadores, separando a los obreros asalariados de los campesinos y contraponiendo los primeros a los segundos. Y no hay frase más mentirosa, que encubra la defensa de los intereses del pequeño propietario, del pequeño burgués, del explotador de obreros asalariados.

He aquí datos interesantes de la publicación estadística del zemstvo de Moscú de 1913 («Recopilación económico-estadística», fasc. VII, M. 1913). Los estadísticos de Moscú investigaron la horticultura y la jardinería en el distrito de Moscú. La investigación abarcó más de 5.000 hogares, divididos por los estadísticos en 7 zonas próximas a Moscú y según el grado de intensidad de la economía (es decir, el gasto de gran cantidad de capital y trabajo por cada desiatina de tierra).

Se investigó de manera bastante detallada la cuestión de los obreros asalariados entre los campesinos. ¿Y qué resultó?

El número total de hogares que contratan obreros equivale al 67 por ciento (es decir, más de dos tercios del total de hogares) en las primeras cuatro zonas; en las restantes zonas, del 43 al 64 por ciento. De aquí se desprende claramente que la aplastante mayoría de los hogares campesinos de los alrededores de Moscú representan economías de pequeños capitalistas que contratan obreros.

Aún más interesantes son los datos sobre el número de hogares que contratan obreros anuales y temporeros. El porcentaje de dichos hogares era:

Por regla general, cuanto más intensiva es la zona, tanto mayor es el porcentaje de campesinos que contratan obreros anuales y temporeros.

Pero los datos sobre zonas enteras agrupan juntos a los campesinos pobres y ricos de cada zona. Estos datos, por consiguiente, son muy toscos y embellecen la realidad, encubriendo la contraposición entre la miseria y la riqueza, el proletariado y la burguesía.

Tomemos los datos sobre los grupos de economías según el uso de la tierra (es decir, según la cantidad de tierra en cultivo). Estos datos son mucho más fiables que los datos sobre la propiedad de la tierra de nadiel, que hasta ahora, incluso en los alrededores de Moscú, conserva un carácter feudal-burocrático: entre los que tienen poca tierra de nadiel hay ricos que arriendan tierra, y entre los que tienen mucha tierra de nadiel hay pobres que ceden sus parcelas, y desposeídos de tierra, o mejor dicho, sin economía.

En todas las zonas, el porcentaje de campesinos sin economía que contratan obreros es igual a cero. Esto es comprensible. El campesino sin economía es él mismo un proletario.

Campesinos con economía de menos de 1/2 desiatina de tierra: el porcentaje de hogares con obreros asalariados oscila del 0 (cero) al 57 por ciento (tomamos uno de los tres subgrupos para no complicar el asunto).

Propietarios de 1/2 a 1 desiatina de tierra: hogares con obreros asalariados del 0 al 100 %.

Propietarios con 1-3 desiatinas de tierra: hogares con obreros asalariados del 46 al 100 % (según las diferentes zonas).

Propietarios de 3 a 5 desiatinas de tierra: hogares con obreros asalariados del 66 % al 97 %.

Propietarios de 5 a 10 desiatinas en cultivo: hogares con obreros asalariados del 75 % al 100 %.

Vemos de aquí claramente que los campesinos sin economía son ellos mismos proletarios (obreros asalariados). Y cuanto más considerable es la economía, tanto más frecuentemente se aplica la explotación del trabajo asalariado: ¡incluso entre los propietarios con 3-5 desiatinas, no menos de 2/3 del número total de propietarios son explotadores de trabajo asalariado!

He aquí un hecho simple, archiconocido y evidente, que los populistas tergiversan. Lo que ocurre en los alrededores de Moscú ocurre —en un grado más débil— en todas partes. Todo el mundo sabe que cada ciudad, cada versta de ferrocarril incorporan la economía campesina a la circulación mercantil y capitalista. Sólo los «populistas de izquierda» no quieren ver la verdad que destruye su teoría pequeñoburguesa.

Esta verdad consiste en que cada versta de ferrocarril, cada nueva tienda en la aldea, cada cooperativa que facilita las compras, cada fábrica, etc., incorporan la economía campesina a la circulación mercantil. Y esto significa que los campesinos se descomponen en proletarios y pequeños propietarios que contratan obreros asalariados.

No puede haber ni una sola mejora en la economía campesina que no refuerce la explotación del trabajo asalariado por las economías que mejoran.

Por eso sólo los marxistas defienden los intereses del trabajo, destacando a los proletarios, a los obreros asalariados, tanto en la ciudad como en el campo.

Los populistas, en cambio, llevan a cabo (de hecho) la defensa de los intereses de los explotadores de la fuerza de trabajo asalariada, cuando discurren sobre «el campesinado», sobre «la economía campesina», pues cuanto más se asemeja el campesino a un «propietario», tanto más fuertemente explota el trabajo asalariado.

Los intereses de la burguesía (a la que los populistas siguen ciegamente) exigen la mezcla del proletariado campesino con la burguesía campesina.

Los intereses del proletariado exigen la lucha contra esta mezcla, exigen una clara delimitación de clases en todas partes, incluso entre los campesinos. No hay que engañarse a sí mismo ni a los demás discurriendo sobre «el campesinado»: hay que aprender uno mismo y enseñar a los campesinos que, incluso dentro del campesinado, cada día se hace más profundo el abismo entre el proletariado y la burguesía.

«El Camino de la Verdad» nº 17, 20 de febrero de 1914. Firmado: V. I.

Se imprime según el texto del periódico «El Camino de la Verdad»