Está claro que nuestro Samóilov no sabrá hacerlo  
y que en un hotel o en una pensión no sabrán hacerlo.  
¿Qué hacer? ¿Buscar acaso una pensión especialmente de confianza?  
¿O buscar un arreglo familiar en una familia de confianza, donde pudieran cuidar, engordar y vigilar atentamente?  
Escriba qué se propone. En cuanto a si vale la pena acudir a un especialista en enfermedades nerviosas, decídalo usted mismo, pues quien ha estado donde Salí lo ve más claro.  
¿No convendría aun así poner bajo supervisión médica conocida?  
Sopesar, determinar la mejoría, cambiar el régimen — ¿quién lo hará?  
¡Saludos! Suyo, Lenin