En Austria, el programa nacional de la socialdemocracia fue discutido y aprobado en el congreso de Brünn en 1899. Está muy extendida la opinión errónea de que en dicho congreso se adoptó la llamada «autonomía cultural-nacional». Todo lo contrario. Fue rechazada por unanimidad en ese congreso.

Los socialdemócratas sudeslavos propusieron al congreso de Brünn (véase la pág. XV de las actas oficiales en alemán) un programa de autonomía cultural-nacional, formulado del siguiente modo:

(§ 2) «cada pueblo que vive en Austria, *independientemente del territorio que ocupen sus miembros*, constituye un grupo autónomo que *con plena autonomía administra todos sus asuntos nacionales (lingüísticos y culturales)*».

Las palabras subrayadas por nosotros expresan la esencia de la «autonomía cultural-nacional» (también llamada exterritorial) con especial claridad: el Estado debe consolidar la división de las naciones en lo escolar y asuntos similares, con libre inscripción de cada persona en cualquier nación.

Este programa fue defendido en el congreso tanto por Kristan como por el influyente Ellenbogen. Pero luego fue retirado. No obtuvo ni un solo voto. El líder del partido, Victor Adler, dijo: «… dudo que en la actualidad alguien considere este plan prácticamente realizable» (pág. 82 de las actas).

Entre las objeciones de principio, Preussler formuló la siguiente: «las propuestas de los camaradas Kristan y Ellenbogen conducirían al resultado de perpetuar el chovinismo e introducirlo en cada pequeña comunidad, en cada grupo diminuto» (pág. 92, ibídem).

En el programa aprobado por el congreso de Brünn, el § 3 pertinente reza:

«las regiones autónomas de una misma nación forman conjuntamente una unión nacional única que decide sus asuntos nacionales con plena autonomía».

Este es un programa territorialista que, por lo tanto, excluye directamente, por ejemplo, la autonomía cultural-nacional judía. El principal teórico de la «autonomía cultural-nacional», Otto Bauer, dedicó un capítulo especial de su libro (1907) a demostrar la imposibilidad de exigir la «autonomía cultural-nacional» para los judíos.

En esencia, observemos que los marxistas defienden la plena libertad de asociación, incluidas las asociaciones de cualesquiera regiones nacionales (distritos, volosts, aldeas, etc.); pero la socialdemocracia no puede aceptar en modo alguno el que el Estado consolide por ley uniones nacionales únicas dentro del Estado.

En Rusia, ¡precisamente todos los partidos burgueses del judaísmo (así como el Bund, que es de hecho su portavoz) han adoptado el programa de «autonomía exterritorial (cultural-nacional)», rechazado por todos los teóricos de Austria y por el congreso de los socialdemócratas austriacos!

Este hecho, que los bundistas han intentado negar a menudo y por razones perfectamente comprensibles, se puede verificar fácilmente consultando el conocido libro: «Las formas del movimiento nacional» (San Petersburgo, 1910) — véase también «Prosveshchenie», 1913, núm. 3.

Este hecho muestra claramente cómo la estructura social más atrasada y más pequeñoburguesa de Rusia ha llevado a que una parte de los marxistas se contagiara en mucho mayor grado de nacionalismo burgués.

Las vacilaciones nacionalistas del Bund fueron condenadas formal e incontrovertiblemente ya por el Segundo Congreso (1903), que rechazó de plano la enmienda del bundista Goldblat sobre «la creación de instituciones que garanticen la libertad de desarrollo de las nacionalidades» (seudónimo de la «autonomía cultural-nacional»).

Cuando en la Conferencia de Agosto de 1912 de los liquidacionistas, los mencheviques del Cáucaso —que durante un decenio habían luchado resueltamente contra el Bund— cayeron ellos mismos en el nacionalismo bajo la influencia de toda la atmósfera nacionalista de la contrarrevolución, no fueron los bolcheviques los únicos en condenarlos. Los condenó resueltamente también el menchevique Plejánov, quien calificó su decisión de «adaptación del socialismo al nacionalismo».

«Los camaradas caucásicos —escribió Plejánov—, que han empezado a hablar de autonomía cultural en lugar de la autonomía política, sólo han testimoniado el hecho de su insensato sometimiento a la hegemonía del Bund».

La «autonomía cultural-nacional», aparte de los partidos burgueses del judaísmo, el Bund y los liquidacionistas, fue adoptada únicamente por la conferencia de partidos nacionales pequeñoburgueses de orientación narodnik de izquierda. Pero también en este caso adoptaron este programa 4 partidos («Sierp» —partido socialista obrero judío; la Hromada bielorrusa, Dashnaktsutiun y los socialistas-federalistas georgianos), ¡mientras que los 2 más importantes se abstuvieron: se abstuvieron tanto los narodniki de izquierda rusos como los «fraguas» polacos (PPS)!

Los narodniki de izquierda rusos se pronunciaron en particular contra las uniones nacionales forzosas de derecho estatal del célebre plan del Bund.

Se comprende, a partir de esta breve referencia histórica, por qué tanto la Conferencia de Febrero como la de Verano de los marxistas en 1913 condenaron resueltamente la idea pequeñoburguesa y nacionalista de la «autonomía cultural-nacional»[40].

«Put Pravdy» núm. 13, 5 de febrero de 1914. Firmado: M.