El problema del liquidacionismo tiene una importancia de lo más esencial no solo para la democracia obrera, sino para la democracia de Rusia en general. Si nuestra prensa democrática se esfuerza por eludir este problema o tocarlo de pasada como una «disputa privada» entre los marxistas, esto solo pone de manifiesto el afán de eludir la valoración de los problemas políticos más importantes de la época actual. Pues el problema del liquidacionismo no es otra cosa que el problema de toda la valoración de nuestro sistema del 3 de Junio{62}, e incluso más amplio: de nuestra contrarrevolución en general, el problema de las tareas fundamentales y de los métodos de acción de la democracia.

Parece que nadie ha dudado aún que la época más reciente de la historia rusa, aproximadamente desde 1908, se caracteriza no solo por el refuerzo extremo de las persecuciones de todo lo democrático por parte de la reacción, sino también por la más profunda descomposición y dispersión ideológica, que ha afectado tanto al proletariado como a todos los elementos de la democracia burguesa. Pero si todos reconocen este hecho evidente, solo los marxistas se han planteado la tarea directa y clara: determinar con precisión las fuentes de clase y el significado de clase de esta descomposición y dispersión. La elección consciente de la táctica es imposible sin esa determinación.

Y en la prensa marxista del extranjero, el trabajo de tal determinación se inició ya en 1908, es decir, inmediatamente después de esclarecerse el hecho de la dispersión. Los marxistas no podían ceder a esta dispersión, como los liberales, pero tampoco podían limitarse a la condena subjetiva de la dispersión, como lo hicieron incluso los mejores (en el sentido democrático) de los populistas. Las corrientes sociales exigían una explicación socioeconómica, es decir, de clase.

Hemos visto cómo, hacia diciembre de 1908, la prensa bolchevique elaboró una respuesta a la cuestión de la esencia del liquidacionismo, respuesta que quedó entonces consagrada por una decisión partidaria de obligatorio cumplimiento. Y en la primavera de 1909, la ruptura formal de los bolcheviques (representados por su organismo dirigente) con los llamados «vperiodistas»[15], representantes del otzovismo, o de su admisión entre los «matices legítimos», defensores de la «construcción de Dios» y de la filosofía reaccionaria del machismo[16] {63}. Esta ruptura esbozó los rasgos fundamentales del «liquidacionismo de izquierda», orientado hacia el anarquismo, de igual modo que el liquidacionismo de derecha, o liquidacionismo en el sentido propio de la palabra, fue un giro hacia el liberalismo.

Hacia enero de 1910, este análisis marxista de la descomposición y dispersión contemporáneas, realizado en nueve décimas partes por la prensa bolchevique del extranjero, estaba ya tan acabado, tan indiscutiblemente establecido, que las conocidas resoluciones de enero de 1910 de todos los marxistas, representantes de todas las corrientes (con participación tanto de los liquidacionistas como de los «vperiodistas»), se vieron obligadas a reconocer por unanimidad que tanto la «desviación» liquidacionista como la vperiodista eran una manifestación de la influencia burguesa sobre el proletariado.

Para valorar la importancia social de este análisis marxista y de esta decisión marxista, basta echar una mirada a las corrientes no marxistas. En los liberales veremos el liquidacionismo más extremo de los «vejovtsy»{64} y la dispersión que aún reina en la cuestión de si están liquidados los métodos del año quinto. En los populistas de izquierda veremos manifestaciones liquidacionistas extremas, desde las publicaciones parisienses de 1908-1911 hasta el «Pochín»{65}, de un liquidacionismo indefinido, y finalmente los discursos liquidacionistas de los Sres. Savinkov-Ropshin y Chernov en «Zaviety»{66}. Y, por otra parte, el «otzovismo» oficial de los populistas de izquierda sigue carcomiendo y debilitando esta corriente.

La verdad objetiva del análisis marxista se ha confirmado precisamente porque, durante más de cinco años, después de 1908, todas las corrientes avanzadas del pensamiento social han tropezado constantemente y siguen tropezando hasta hoy precisamente con «estos» errores liquidacionistas y populistas, precisamente con «estas» cuestiones de la habilidad para defender la defensa de los viejos métodos de solución de las viejas tareas, aún sin resolver, con la preparación de fuerzas en la nueva situación mediante nuevos procedimientos.

Al comienzo del período del 3 de Junio, el análisis marxista ponía al descubierto las desviaciones teóricas hacia el liquidacionismo y el «otzovismo». Al final de este período, vemos cómo incluso en la arena abierta, a la vista de todos, la inmensa mayoría de los obreros conscientes de Rusia se ha agrupado en torno a los marxistas, mientras que ambos flancos de la prensa democrática que intenta influir en el proletariado están ocupados por el liquidacionismo pequeñoburgués y el populismo pequeñoburgués.

No hace mucho, el periódico populista de izquierda «Sévernaya Mysl» (nº 1) escribía en una correspondencia desde Riga del Sr. Braines sobre la campaña de seguros: «La corriente boicotista solo se observa entre los zapateros, donde se han creado grupos boicotistas. Los principales inspiradores de los grupos boicotistas son, desgraciadamente, los populistas» (citado en «Proletárskaya Pravda», 1913, nº 12, 20 de diciembre, artículo «El populismo y el liquidacionismo como elementos de descomposición en el movimiento obrero»[17]).

El mismo periódico reconocía: «A la decena de marxistas hay que decir que ahora en los sindicatos (profesionales) gozan de gran influencia; nosotros, los populistas de izquierda, actuamos en ellos sin un plan definido y por eso casi no nos manifestamos en nada» (citado en el mismo lugar).

La impotencia teórica de los populistas de izquierda, que combinan el oportunismo novísimo de los pequeñoburgueses europeos con la defensa auténticamente rusa pequeñoburguesa de los «pequeños propietarios trabajadores», se complementa naturalmente con la impotencia táctica y las vacilaciones. Del viejo partido de los populistas de izquierda no ha quedado más que vacilaciones, exactamente igual que con los liquidacionistas. Derrotadas en el movimiento obrero, a estas dos corrientes pequeñoburguesas no les ha quedado más remedio que bloquearse (unirse) contra los marxistas.

¡De escalón en escalón! Desde la prédica del partido abierto, desde los discursos de los Sres. Potrésov y Yushkévich, que renegaban de la idea de la hegemonía y del marxismo, los liquidacionistas han rodado hasta la lucha directa contra el partido marxista. Esto es lo que escribía hace unos días un populista de izquierda de Petersburgo en «Stóykaya Mysl» (nº 5): «Tan solo entramos en el local (para las elecciones al Consejo de Seguros) se puso en seguida de manifiesto la estrecha posición fraccional de los pravdistas, pero no perdemos la esperanza. Junto con los liquidacionistas elaboramos una lista general no fraccional, en la que se nos asigna un puesto entre los miembros del Consejo y dos entre los suplentes» (citado en «Put Pravdy», 1914, nº 38, 16 de marzo de 1914).

¡Demócratas pequeñoburgueses de todas las corrientes, que deseáis corromper a los obreros con influencia burguesa, uníos contra los marxistas! ¡La torpe palabrita «no fraccionalidad», que seduce a las gentes incapaces de pensar y que nada han aprendido, es tan cómoda y gusta tanto a los filisteos! A los pobres liquidacionistas no los ha ayudado —ni los ayudará— el bloque con los populistas de izquierda; los obreros conscientes han elegido en el Consejo de Seguros exclusivamente a los marxistas, enemigos del liquidacionismo.

Los grupitos de intelectuales sin partido que llevan a cabo la subordinación de los obreros a la política burguesa y a la ideología burguesa se han definido ahora plenamente en Rusia: los liquidacionistas y los populistas de izquierda. Casi veinte años, desde el primer surgimiento del «economismo» (1894-1895), se ha ido preparando esta alianza de los oportunistas de entre los marxistas próximos al partido con los populistas contra el marxismo consecuente. Ya es hora de mirar las cosas de frente y decir firme y resueltamente: solo en la lucha contra el liquidacionismo y el populismo se va formando y podrá formarse el movimiento obrero marxista en Rusia.

En todo el mundo el proletariado, inevitablemente ligado por mil hilos de transición a la pequeña burguesía en cualquier sociedad capitalista, ha vivido, en la época de formación de los partidos obreros, un período de subordinación ideológica y política, más o menos largo y tenaz, a la burguesía. Ese fenómeno, común a todos los países capitalistas, adoptó formas distintas en los diversos países en función de sus peculiaridades históricas y económicas. En Inglaterra, la burguesía liberal, bajo las condiciones de plena libertad política y de la prolongada situación de monopolio de Inglaterra, logró corromper y sojuzgar ideológicamente durante décadas a la mayoría de los obreros conscientes. En Francia, la tradición del radicalismo pequeñoburgués republicano convirtió y convierte a muchísimos obreros en partidarios del partido burgués "radical" o del no menos burgués anarquismo. En Alemania, hace medio siglo, los obreros seguían aún al liberal Schulze-Delitzsch y sucumbían a las vacilaciones oportunistas del "nacional-liberal" (y a la vez "real-prusiano") Lassalle y Schweitzer, y ahora centenares de miles de obreros siguen al "centro" católico, que juega al "democratismo".

En Rusia, aún hoy no está resuelta la cuestión campesina desde el punto de vista democrático-burgués. ¿Qué tiene de extraño que el populismo pequeñoburgués se disfrace con el traje del "socialismo"? Rusia es el más pequeñoburgués de todos los países capitalistas. Y por eso, tan pronto como el marxismo se convirtió en una corriente social de masas en Rusia, surgió en él el oportunismo intelectual pequeñoburgués, primero en forma de "economismo" y de "marxismo legal" (1895-1902), después en forma de mencheviquismo[18] (1903-1908) y, por último, en forma de liquidacionismo (1908-1914).

Actualmente, el liquidacionismo ha madurado y llegado a su pleno desarrollo hasta la ruptura total con el partido obrero marxista: si el más "izquierdista" de los liquidacionistas –y el más hábil en cuanto a fórmulas evasivas–, el señor L. M., escribe que

"la práctica ha demostrado que el «partido obrero abierto» no es un sueño reaccionario, pues en el momento actual ese partido existe en Rusia en cierto sentido de la palabra..." (cursiva del señor L. M.: Nuestra Zariá, 1914, Nº 2, pág. 83)

...entonces a todos debe quedar clara la completa necedad y lo ridículo de la idea de la posibilidad de la "unificación" o la "conciliación" de semejante grupo con el partido obrero marxista.

Únicamente personas completamente vacuas pueden hablar hoy de la "unidad" del partido obrero marxista con dicho grupo, con el grupo de Nuestra Zariá y del Periódico Obrero del Norte.

La definición política de las divisiones de clase de Rusia ha dado en todos los aspectos un gran paso adelante desde 1904 a 1914. Entonces aún no se había deslindado la nobleza terrateniente, y el liberalismo de salón de algunos de sus representantes asustaba incluso al viejo poder. Entonces ese mismo poder consideraba al campesino "gris" como un pilar del orden hasta tal punto, que le otorgaba una enorme influencia tanto en la Duma de Bulyguin como en la de Witte{67}. Entonces aún podía existir un liberalismo y un democratismo compacto y único de Guchkov-Miliukov-Peshejónov. Entonces el mencheviquismo quería ser, y de hecho era –considerado en su conjunto–, una corriente dentro del partido que defendía sus consignas oportunistas en "discusiones sobre las plataformas" en el seno del partido obrero.

El liquidacionismo actual, que se ha desplazado desde entonces una versta a la derecha, que ha abandonado el partido y se ha sacudido el polvo de la "clandestinidad", que se ha cohesionado en un sólido centro antipartidista de periodistas legales de periódicos liberales y liquidacionistas, que ha sido apartado de sus puestos por los obreros en todas y cada una de las organizaciones y sociedades obreras de todo tipo... comparar este liquidacionismo con el mencheviquismo de 1903-1907 es dejarse cegar y ensordecer por viejos motes y nombres, por el sonido de viejas palabras, significa no comprender absolutamente nada de la evolución de diez años de las relaciones de clase y de partido en Rusia.

El liquidacionismo actual, de 1914, es lo mismo que el grupo del periódico Tavárisch de 1907{68}.

Es completamente natural que en el exilio y en la emigración, donde la gente está tan aislada de la vida real, Tan amurallados en los recuerdos de lo que fue hace 7-10 años, se pueda encontrar a decenas y decenas de "ex personas" (muy numerosas también, sólo que en un sentido mucho más triste, en un sentido éticamente exiguo, entre los intelectuales que participaron en el partido obrero de 1904-1907, ahora enquistados en distintos "puestecillos lucrativos" legales), que sueñan con la "unidad" del partido obrero con el grupo de los señores L. M., F. D., Potrésov, Ezhov, Sédov y Cía.

No es menos natural, sin embargo, que, entre la actual juventud obrera rusa, que ha visto la salida del partido de los liquidacionistas, su huida de las "células muertas", –que ha oído sus discursos renegados sobre la clandestinidad y sobre el perjuicio de "hacer propaganda de la prensa ilegal" (ver la cita del Periódico Obrero del Norte del 13 de marzo de 1914), –que se ha visto obligada a luchar contra el bloque de estos señores con los populistas y los no adscritos a ningún partido en toda una serie de congresos, en las elecciones a la IV Duma, en una serie de asambleas de las sociedades obreras, en las elecciones al Consejo de Seguros, –que se ha visto obligada a apartar de los puestos en todas y cada una de las sociedades obreras a semejantes individuos–, sea completamente natural que, entre la actual juventud obrera, los sueños y las frases de las personas bonachonas sobre la "unidad" de los liquidacionistas con el partido obrero susciten solamente, según el estado de ánimo, o bien una carcajada homérica, de ninguna manera cortés, o bien una mirada de perplejidad y compasión dirigida a los Manílov intelectuales.

Que Trotsky, en La Lucha, lanzando miradas suplicantes a Skóbelev y Jjeidze, o los colaboradores del periódico parisino Por el Partido[19]{69}, que miran con esperanza y confianza a Buriánov, repitan esas frases sobre la "unidad", sus palabras ya suenan de algún modo tristes e inoportunas.

Para predicar la "unidad" de los marxistas con personas que dicen que "el partido obrero abierto no es un sueño reaccionario", etc., para eso hay que ser o bien una persona sobrenaturalmente torpe, o bien ignorar y no comprender absolutamente nada de los asuntos del movimiento obrero ruso y de la situación sobre el terreno, o bien, finalmente, para eso hay que anhelar una situación tan agradable de "péndulo" cuando –¡nunca se sabe!– precisamente a Trotsky (o a cualquier otro "sin fracción") le inviten como "sin fracción" al unificarse "sobre la base de la igualdad" el grupo de escritores de Nuestra Zariá, El Día{70} y El Pensamiento de Kiev con los grupos de obreros marxistas. ¡Qué perspectiva más embriagadoramente dulce!

Pero la vida real, la historia real de las tentativas de "unificarse" con los liquidacionistas nos muestra algo muy distante de estas perspectivas embriagadoramente dulces. Hubo una tentativa seria y realmente común de unificación con los liquidacionistas en enero de 1910; los liquidacionistas la hicieron fracasar. Hubo una unificación de todos los grupos y grupúsculos con los liquidacionistas contra la odiada conferencia de enero de 1912. Fue una unificación tan ardiente, tan apasionada, basada en los más furibundos (incluso de tres pisos) improperios contra esa conferencia: tanto Trotsky como los colaboradores de Por el Partido participaron en esa "unificación" y, por supuesto, todos los otzovistas. ¡Si, en verdad, los malvados escisionistas-"leninistas" fueran un obstáculo para la unidad, qué rápidamente habría florecido la verdadera unidad después de esa actuación conjunta, en marzo de 1912, en las páginas del Vorwärts{71} de todos y cada uno de los grupos, juntamente con los liquidacionistas, contra los "leninistas"!

¡Pero, ay! Esos extraños unificadores, justamente desde ese momento –cuando los obreros en Rusia, al iniciar en abril Pravda, comenzaron a unificar, sobre la base de la actitud más escrupulosa hacia el espíritu de partido, a centenares y miles de grupos obreros en todos los confines de Rusia– ¡esos extraños unificadores, justamente desde marzo de 1912, se desintegran cada vez con más energía! Para agosto de 1912, el famoso "Bloque de Agosto" de los liquidacionistas ya se organiza sin los otzovistas, sin Por el Partido.

Transcurre un año y medio. Ha crecido definitivamente, ha madurado, se ha fortalecido la unificación de los grupos obreros de Rusia en todas las sociedades obreras legales, en todos los sindicatos y organizaciones, en toda una serie de periódicos y de órganos, con la fracción obrera socialdemócrata rusa de la Duma, dispuesta a cumplir la voluntad de la mayoría de los obreros.

¿Y nuestros "unificadores"?

Oh, se "unían" con tanto éxito, con tanto éxito — que en lugar de un solo grupo “Vperiod” resultaron dos grupos “Vperiod” (sin contar a Bogdánov, el empiriomonista, a quien algunos consideran un tercer grupo “Vperiod”{72}) —, que en lugar del órgano único de Trotsky y los liquidacionistas (“Luch”) surgió el órgano aparte de Trotsky “Borba”, que promete esta vez una verdadera “no fraccionalidad”. Y además de la medrosa deserción de Trotsky respecto a los liquidacionistas, se produjo también una deserción muy decidida de todos los marxistas letones organizados, quienes, a pesar de su estricta neutralidad y no fraccionalidad, en su congreso de 1914 declararon directamente:

¡¡“Los conciliadores (participantes del Bloque de Agosto) han caído ellos mismos en dependencia ideológica y política de los liquidacionistas”!!

Desde marzo de 1912, cuando todos se unieron con los liquidacionistas contra los malvados “escisionistas”-“leninistas”, hasta marzo de 1914, cuando se desmoronó definitivamente el ficticio “Bloque de Agosto”, quedó más claro que claro que la verdadera unidad de los obreros marxistas (en Rusia, no en París, no en Viena) avanza y avanzará solamente contra el grupo de los liquidacionistas y pasando por alto los discursos vacíos sobre “unidad” con los adoradores del “partido obrero abierto”.

Miles de grupos obreros, que se cohesionan abiertamente ante todos en torno al periódico marxista, son la prueba viva de la unidad real y de su crecimiento. Asentada en el terreno ideológico elaborado por los marxistas ya a comienzos de la época del 3 de junio, esta unidad ha sabido aprovechar —cien veces con más éxito que ningún otro— todas y cada una de las posibilidades legales, pero aprovecharlas en el espíritu de una guerra implacable contra aquellas ideas que hacen condenar la “publicidad de la prensa ilegal”, o que se avienen a simpatizar con el “partido abierto”, o a la renuncia a la hegemonía, o a relegar a un segundo plano a las “ballenas”, etc., etc.

Y solo esa unidad, solo sobre esa base ideológica, señala a la clase obrera de Rusia el camino acertado.

Escrito en abril de 1914.

Se imprime según el texto de la recopilación.