Enrico Corradini. «El nacionalismo italiano». Milán, 1914.

Escrito antes de la guerra. En el artículo «Nacionalismo y socialismo» (14 de enero de 1914) hay interesantes formulaciones de un imperialista de una pequeña nación. Francia e Inglaterra = bancos con un capital de 300 y 400 mil millones (p. 162). Las naciones plutocráticas (Francia, Inglaterra, Alemania) «están dispuestas pacifistamente» (sic!) (¡ja-ja!) «principalmente porque son plutocráticas» (188), mientras que las naciones proletarias (Italia), al luchar contra Turquía, luchaban contra las naciones plutocráticas (sic!! ¡ja-ja!).

El imperialismo es, se dice, un fenómeno moderno, pero divide a las naciones en plutocráticas y proletarias; «esto (el nacionalismo) es el socialismo de la nación italiana en el mundo» (156).

¡En esto consiste toda la esencia de este libraco miserable: otras naciones saquean mucho. El «socialismo» consiste en que nuestra nación pequeña y pobre alcance o vaya alcanzando a las que saquean mucho, para que también ella saquee más!!

Recopilación Leninista XXIX
p. 433

«AVANTI!»
Discusión entre Turati y Serrati
NB
«Avanti!» 15.II.1917 y 18.II. (Giornale d’Italia, 18.II.1917, sobre estas divergencias)
Discusión (en Milán el 15.II.) entre Turati (¿por los «derechos nacionales» y por las reformas?) y Serrati («In sostanza egli ritiene che questa guerra non risolva il problema della nazionalità e che è vano, per i socialisti, sperare di ottenere questa soluzione ed affaticarsi per essa»).

NÈ TEDESCA, NÈ FRANCESE «Avanti!» 20.II.1917. Editorial. «Nè tedesca, nè francese» a propósito del libro del belga Omer Boulanger «L’Internationale a vécu» (que la Internacional alemana ha caducado, ahora será la francesa). Contra los socialpatriotas de manera muy decidida.
«...I recenti provvedimenti di S.E. Alberto Thomas per instaurare l’arbitrato obbligatorio sono una prova dell’avviarsi del socialismo francese verso un socialismo di Stato e un collaborazionismo borghese che non hanno proprio nulla a che vedere col programma dell’antica Internationale. In questo senso Omer Boulanger ha perfettamente ragione; l’Internazionale è morta. Ma sono i pasticcioni tedeschi e francesi, inglesi e russi, belgi e bulgari, austriaci e italiani che l’hanno ammazzata...»
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