Querida María Aleksándrovna, os felicito a vos, a Maniasha y a Ania por el Año Nuevo y os deseo todo lo mejor, todo lo más bueno.

El Año Nuevo europeo lo recibimos Volodia y yo solos, sentados ante unos platos de cuajada, y el Año Nuevo ruso ni siquiera lo celebraremos, pues Volodia se marcha por un mes o mes y medio a estudiar en la biblioteca 320. A mí, claro, me da un poquito de envidia, porque nuestra ciudad se parece más a una aldea perdida que a una ciudad, y yo ya me he aburrido bastante sin gente. Aquí no hay absolutamente a quién “atender”, no hay de quién preocuparse.

Con los habitantes del lugar la relación no acaba de cuajar.

A nuestro invierno le dio por asentarse: Volodia patinó tres veces sobre hielo y me tentó a comprar patines, pero de pronto el tiempo viró al calor, todo el hielo se derritió y hoy, por ejemplo, huele del todo a primavera. Y ayer también fue un día poco invernal; Volodia y yo paseamos lejos, a las afueras de la ciudad, y se estuvo bien.

Bueno, ésas son todas nuestras novedades. Un fuerte abrazo, mamá os manda saludos.

¿Cómo andan sus ojos? ¿Llegó Ania, como tenía previsto?

Bueno, ¡que estén bien!

Suya, Nadia

A. I. ULIÁNOVA-ELIZÁROVA. 11 DE FEBRERO DE 1914

¡Querida mamita! ¡Te abrazo fuerte y te felicito por el Año Nuevo! ¡A ti, a Maniasha y a Ania!

Tuyo, V. U.