En los países civilizados casi no hay analfabetos. Allí se esfuerzan por atraer al pueblo a las escuelas. Se fomenta de todas las maneras la creación de bibliotecas. En cambio, en nuestro país el ministerio de «instrucción» pública —perdón— recurre a los más desesperados esfuerzos, a las más vergonzosas medidas policiales, ¡para dificultar la educación, para impedir que el pueblo aprenda! ¡Entre nosotros el ministerio ha destruido las bibliotecas escolares! En ningún país culto del mundo existen ya reglamentos especiales contra las bibliotecas, ni queda una institución tan vil como la censura. ¡Pero entre nosotros, además de la persecución general de la prensa, además de las medidas salvajes contra las bibliotecas en general, se promulgan reglas cien veces más restrictivas contra las bibliotecas populares! Esta es una política escandalosa de oscurantismo del pueblo, una política escandalosa de los terratenientes que desean el embrutecimiento del país. Algunas personas ricas, como Pavlenkov, donaron dinero para bibliotecas populares. Ahora el gobierno de los terratenientes salvajes ha destruido las bibliotecas. ¿No es hora de que quienes quieren ayudar a la instrucción en Rusia comprendan que el dinero debe donarse no a las bibliotecas subordinadas al ministerio y expuestas a la destrucción, sino a la lucha por la libertad política, sin la cual Rusia se asfixia en el salvajismo?