Tal es el grito de combate de los obreros conscientes norteamericanos. Entre nosotros —dicen— no hay más que una cuestión política, y es la cuestión de los ingresos de los obreros y de su jornada de trabajo.

Al obrero ruso, a primera vista, le parecerá sumamente extraño e incomprensible semejante reducción de todas las cuestiones sociales y políticas a una sola. Pero en los Estados Unidos de América, en el Estado más avanzado, con una libertad política casi completa y las instituciones democráticas más desarrolladas, dados los enormes progresos de la productividad del trabajo, es completamente natural que la cuestión del socialismo pase al primer plano.

En América, gracias a la completa libertad política, existe la posibilidad de contabilizar toda la producción de riqueza del país, de elaborar un informe estadístico de la producción mejor que en cualquier otra parte. Y este cálculo, basado en datos indiscutibles, muestra que en América hay, en números redondos, 15 millones de familias obreras.

Tomadas en conjunto, estas familias obreras producen anualmente artículos de consumo por valor de 60 mil millones de rublos. Esto da 4.000 rublos al año por familia obrera.

Pero en la actualidad, bajo el régimen social capitalista, sólo la mitad de esta enorme producción, sólo 30 mil millones, va a parar a los obreros, que constituyen las nueve décimas partes de la población. La otra mitad se la apropia la clase capitalista, que, junto con todos sus defensores y parásitos, constituye apenas una décima parte de la población.

En América, como en otros países, campea la desocupación y no cesa de agravarse la carestía de la vida. La miseria de los obreros se vuelve cada vez más penosa e insoportable. Las estadísticas norteamericanas han demostrado que aproximadamente la mitad de todos los obreros están ocupados a tiempo parcial. ¡Y cuánto trabajo social se derrocha además a causa del mantenimiento de una pequeña producción absurda, atrasada y dispersa, especialmente en la agricultura y en el comercio!

La aplicación de las máquinas en América, gracias a la completa libertad política y a la ausencia de terratenientes feudales, está más desarrollada que en cualquier otra parte del mundo. En América, sólo en la industria manufacturera, la potencia de las máquinas se calcula, en conjunto, en 18 millones de caballos de vapor. Al mismo tiempo, la investigación de todas las fuentes de energía en forma de saltos de agua ha demostrado, según el informe del 14 de marzo de 1912, que América puede, de inmediato, mediante la transformación de la fuerza de los saltos de agua en electricidad, obtener otros 60 millones de caballos de fuerza.

El país es ya inmensamente rico y puede triplicar inmediatamente sus riquezas, triplicar la productividad de su trabajo social, asegurando con ello a todas las familias obreras un nivel de ingresos soportable, digno de un ser humano racional, y una jornada de trabajo no excesiva, de 6 horas diarias.

Pero, debido al régimen social capitalista, junto con la terrible desocupación y la miseria en las grandes ciudades de América, y también en los pueblos, junto con el despilfarro en vano del trabajo humano, vemos el lujo inaudito de los multimillonarios, de los ricos, cuyas fortunas se calculan en miles de millones, en decenas de miles de millones.

La clase obrera norteamericana se instruye rápidamente y se agrupa en un poderoso partido proletario. La simpatía hacia él crece entre todos los trabajadores. Trabajando con la ayuda de máquinas excelentes, viendo a cada paso maravillas de la técnica y magníficos progresos del trabajo gracias a la organización de la gran producción, los esclavos asalariados de América comienzan a tomar clara conciencia de sus tareas y a plantear reivindicaciones sencillas, evidentes e inmediatas: obtener 4.000 rublos de ingreso para cada familia obrera y la jornada de trabajo de 6 horas.

En todos los países civilizados del mundo, este objetivo de los obreros norteamericanos es también un objetivo plenamente alcanzable; pero para ello se requieren condiciones fundamentales de libertad en el país…

Y no hay otro camino hacia el futuro libre que a través de su propia organización obrera, educativa, sindical, cooperativa y política.

*Proletárskaia Pravda* nº 19, 1 de enero de 1914. Firmado: I.

Se imprime según el texto del periódico *Proletárskaia Pravda*.