Al nuevo presidente de la república francesa lo felicitan con gran celo. Miren el periódico de las Centurias Negras y pogromista *Nóvoye Vremia* y el liberal *Rech*: ¡qué enternecedora unanimidad en las felicitaciones al presidente Poincaré, en las manifestaciones de su propio agrado!

La valoración de las cuestiones de política exterior y de la situación en los países occidentales pone al desnudo con particular evidencia las profundas afinidades internas de nuestros centurionegristas y nuestros liberales. Cuando unos y otros acogen con satisfacción al presidente «nacional» Poincaré, elegido por la alianza de la gran burguesía y la reacción clerical-feudal en Francia, a todos se les hace patente que los centurionegristas y los liberales discrepan únicamente en el modo de ver los métodos de lucha contra el socialismo.

Pero la elección de Poincaré presenta un interés de mayor envergadura del que suponen los solícitos «felicitadores». Los obreros conscientes, al reflexionar sobre el significado de esta elección, señalan tres circunstancias.

Primera: la elección de Poincaré significa un paso más hacia la agudización de la lucha de clases que le espera a Francia. Poincaré fue primer ministro en una cámara con mayoría radical. En cambio, como presidente ha sido elegido contra el candidato radical Pams, ha sido elegido con ayuda de la reacción clerical-feudal, ha sido elegido por el bloque de derechas.

¿Qué significa esto? En Francia ocupa el poder el último partido burgués, los radicales[^1]. Su diferencia con la «reacción» es cada vez menor. Contra el proletariado socialista se cohesiona con fuerza creciente toda la burguesía, desde la radical hasta la reaccionaria, y las fronteras entre una y otra se borran cada vez más. De modo especialmente patente se ha manifestado esto en la elección de Poincaré. Semejante cohesión es un síntoma seguro de la extrema agudización de las contradicciones de clase.

Segunda: es significativa la carrera de Poincaré, la carrera típica de un hombre de negocios burgués que se vende por turno a todos los partidos en la política y a todos los ricachones «fuera» de la política. Poincaré es, de profesión, abogado desde los 20 años. A los 26 era jefe de gabinete, a los 33, ministro. Los ricos y los magnates financieros de todos los países valoran mucho las conexiones políticas de estos arribistas ágiles. «Brillante» abogado-diputado, político granuja: estos son sinónimos en los países «civilizados».

Tercera: es significativa la demostración de los socialistas franceses durante la elección de Poincaré. La votación a favor de Vaillant fue una manifestación en honor de la Comuna. Vaillant es la memoria viva de ella. Basta con haber visto, aunque sea una sola vez, cómo los obreros parisinos acogen la aparición en la tribuna de Vaillant, cano como un aguilucho, para comprenderlo.

Y he aquí que, en ese mismo Versalles donde en 1871 la Francia burguesa vendía la patria a Bismarck para aplastar la insurrección del proletariado, en esa misma sala en la que hace 42 años resonaban los aullidos bestiales de los terratenientes de las Centurias Negras francesas, sedientos de un rey, los diputados de la clase obrera votaron por el viejo comunero.

*Pravda*, núm. 11, 15 de enero de 1913. Firmado: V. I.

Se imprime según el texto del periódico *Pravda*.

[^1]: Nota omitida en la traducción conforme a las instrucciones, el texto no la incluye en el cuerpo.