Los señores liquidadores se obstinan en defender el parágrafo octubrista que «apareció» en su proyecto de ley sobre las libertades. Se trata del parágrafo 5, que limita rebuscadamente la libertad de coaliciones al mencionar que las acciones de los obreros no son punibles «en la medida en que no constituyan, en general, un acto penalmente punible».

El carácter reaccionario de este parágrafo es evidente. Está claro que los verdaderos socialdemócratas, si hubieran tenido que hablar de este rebuscamiento, habrían dicho lo contrario, es decir, habrían dicho que los actos cometidos en relación con la huelga, por motivos de ayuda a los compañeros oprimidos, o bien no son punibles o, como mínimo, que su penalidad debe ser atenuada.

Está claro que los liquidadores deberán tachar de su proyecto este parágrafo reaccionario: los obreros obligarán a ello a los liquidadores.

Y he aquí que, en lugar de reconocer directamente el error, los liquidadores (dirigidos por Burenin-Gamma) dan vueltas, se escabullen, mienten mezquinamente. El señor Gorski asegura en el «Nuevo Periódico Liquidador»{81} que en las reuniones en el extranjero (hace 3–4 años){82}, «con la participación más cercana de N. Lenin», se adoptaron artículos semejantes en el proyecto de ley sobre huelgas.

Todo esto es pura mentira.

En las reuniones en el extranjero, el trabajo se dividía de tal modo que las subcomisiones elaboraban los proyectos y la comisión general discutía algunas cuestiones fundamentales. Lenin no participó en absoluto en la subcomisión sobre huelgas (estaba en la subcomisión sobre la jornada laboral de 8 horas). Y en la comisión general, ¡¡Lenin habló en contra de todo punto sobre la admisión o el reconocimiento de la penalidad penal!!

El señor Gorski quiere achacar a Lenin el proyecto de algún señor F. D. (¡antiguo miembro de la subcomisión sobre huelgas!). Esto no lo conseguirán, señores.

El señor Burenin-Gamma empleó un argumento aún más malo en defensa de una mala causa.

«Su lucha de clases —escribió—, ellos (los socialdemócratas) deben librarla dentro de ciertos marcos, en nombre del respeto no a la “legalidad burguesa”, sino a la conciencia jurídico-moral de las amplias masas populares».

¡He aquí un argumento digno de un pequeñoburgués!

Dentro de ciertos marcos, señor liquidador, libramos nuestra lucha de clases por consideraciones de conveniencia, no permitiendo aquello que puede (bajo ciertas condiciones) desorganizar nuestras filas, o facilitar la embestida contra nosotros por parte del enemigo en un momento en que esto es ventajoso sólo para la otra parte, etc. Sin comprender estas causas reales, el liquidador se mete en el pantano oportunista. ¿Qué son las amplias masas populares? Son proletarios no desarrollados y pequeños burgueses, llenos de prejuicios pequeñoburgueses, nacionalistas, reaccionarios, clericales, etc., etc.

¿Cómo podemos nosotros «respetar» la «conciencia jurídico-moral», por ejemplo, del antisemitismo, el cual, como es bien sabido, muy a menudo resulta ser un rasgo predominante incluso en la conciencia de las «amplias masas populares», aunque sea de Viena (ciudad más culta que muchas ciudades rusas)?

La «conciencia jurídico-moral» de las amplias masas pequeñoburguesas condenará, supongamos, un golpe asestado a un esquirol en el fragor de la defensa de una huelga por un aumento al salario de hambre. Nosotros no predicaremos la violencia en tales casos, porque no es conveniente desde el punto de vista de nuestra lucha. Pero no vamos a «respetar» tal conciencia de los pequeñoburgueses: contra esta «conciencia» lucharemos inflexiblemente con todos los medios de convicción, propaganda, agitación.

El llamamiento del señor Burenin-Gamma a «respetar» la conciencia jurídico-moral de las amplias masas populares es un llamamiento de un pequeñoburgués a respetar los prejuicios pequeñoburgueses.

Una prueba más (que se suma a otras mil) del espíritu pequeñoburgués de los señores liquidadores.

«Proletárskaya Pravda» nº 1, 7 de diciembre de 1913.

Se imprime según el texto del periódico «Proletárskaya Pravda»