El desenfreno del nacionalismo de las Centurias Negras, el crecimiento de las tendencias nacionalistas entre la burguesía liberal, el recrudecimiento de las tendencias nacionalistas entre las capas superiores de las nacionalidades oprimidas, sitúan en el momento actual la cuestión nacional en un primer plano.

La situación en el seno de la socialdemocracia (los intentos de los socialdemócratas del Cáucaso, del Bund y de los liquidacionistas de abolir el programa del partido, etc.) obliga al partido a prestar aún mayor atención a este problema.

Basándose en el programa del POSDR, la conferencia – en interés de plantear correctamente la agitación socialdemócrata sobre la cuestión nacional – formula las tesis siguientes:

1. En la medida en que es posible la paz nacional en la sociedad capitalista, basada en la explotación, el lucro y la discordia, sólo es alcanzable con una estructura estatal consecuentemente democrática, democrática hasta el fin, y republicana, que garantice la plena igualdad de derechos de todas las naciones y lenguas, la ausencia de una lengua oficial obligatoria, la provisión a la población de escuelas con enseñanza en todas las lenguas locales, y con la inclusión en la constitución de una ley fundamental que declare nulos y sin efecto cualesquiera privilegios de una de las naciones y cualesquiera violaciones de los derechos de las minorías nacionales. Especialmente necesaria es a este respecto una amplia autonomía regional y un autogobierno local plenamente democrático, fijándose los límites de las regiones autogobernadas y autónomas sobre la base de la consideración por la propia población local de las condiciones económicas y de vida, de la composición nacional de la población, etc.

2. La división por nacionalidades de la enseñanza dentro de un mismo Estado es indiscutiblemente perjudicial desde el punto de vista de la democracia en general y de los intereses de la lucha de clases del proletariado en particular. A esa división se reduce precisamente el plan de la llamada autonomía «cultural-nacional» o de la «creación de instituciones que garanticen la libertad del desarrollo nacional», adoptado en Rusia por todos los partidos burgueses de los judíos y por los elementos pequeño-burgueses y oportunistas de las distintas naciones.

3. Los intereses de la clase obrera exigen la fusión de los obreros de todas las nacionalidades de un Estado en organizaciones proletarias únicas: políticas, sindicales, cooperativas, educativo-culturales, etc. Sólo esa fusión de los obreros de distintas nacionalidades en organizaciones únicas permite al proletariado librar una lucha victoriosa contra el capital internacional y la reacción, así como contra la prédica y las aspiraciones de los terratenientes, los curas y los nacionalistas burgueses de todas las naciones, quienes suelen encubrir sus aspiraciones antiproletarias bajo la bandera de la «cultura nacional». El movimiento obrero mundial crea y desarrolla cada día más la cultura internacional (internacionalista) del proletariado.

4. En cuanto al derecho de autodeterminación de las naciones oprimidas por la monarquía zarista, es decir, el derecho a la separación y a la formación de un Estado independiente, el partido socialdemócrata debe defenderlo incondicionalmente. Así lo exigen los principios fundamentales de la democracia internacional en general, y en particular la inaudita opresión nacional que la monarquía zarista ejerce sobre la mayoría de la población de Rusia; monarquía que representa el régimen estatal más reaccionario y bárbaro en comparación con los Estados vecinos de Europa y de Asia. Lo exige, además, la causa de la libertad de la propia población gran rusa, la cual es incapaz de crear un Estado democrático si no se extirpa el nacionalismo gran ruso de las Centurias Negras, sostenido por la tradición de una serie de sangrientas represiones contra los movimientos nacionales y cultivado sistemáticamente no sólo por la monarquía zarista y todos los partidos reaccionarios, sino también por el liberalismo burgués gran ruso, lacayo de la monarquía, especialmente en la época de la contrarrevolución.

5. No se debe confundir la cuestión del derecho de las naciones a la autodeterminación (es decir, la garantía por la constitución del Estado de un procedimiento enteramente libre y democrático para decidir la cuestión de la separación) con la cuestión de la conveniencia de la separación de tal o cual nación. Esta última cuestión debe resolverla el partido socialdemócrata en cada caso concreto con total independencia, desde el punto de vista de los intereses de todo el desarrollo social y de los intereses de la lucha de clases del proletariado por el socialismo.

La socialdemocracia debe tener en cuenta a este respecto que los terratenientes, los curas y la burguesía de las naciones oprimidas encubren con frecuencia, bajo consignas nacionalistas, la aspiración de dividir a los obreros y embaucarlos, concertando a sus espaldas pactos con los terratenientes y la burguesía de la nación dominante en perjuicio de las masas trabajadoras de todas las naciones.

La conferencia incluye en el orden del día del próximo congreso del partido la cuestión del programa nacional. La conferencia invita al Comité Central, a la prensa del partido y a las organizaciones locales a que traten con el mayor detalle posible (en folletos, discusiones, etc.) la cuestión nacional.