Bajo este título se ha publicado en el núm. 9 de *Nasha Zaria* liquidacionista un artículo de G. Rakitin, quien se ha visto obligado a reconocer aquello que el periódico liquidacionista rechaza con impotente rabia. G. Rakitin se halla por encima de los diversos F. D., porque al menos en parte intenta reflexionar y analizar la cuestión, en vez de agasajar al lector con rencillas harto conocidas.

«La victoria —así comienza su artículo G. Rakitin— obtenida por los partidarios del periódico *Pravda* en la asamblea general del sindicato de metalúrgicos de San Petersburgo, así como algunos otros hechos que testimonian el fortalecimiento de la influencia del bolchevismo en el medio obrero (especialmente en Petersburgo), hacen reflexionar involuntariamente: ¿cómo ha ocurrido que los puntos de apoyo de la corriente menchevique y, en concreto, del llamado “liquidacionismo” empiecen a escapar de la influencia de la corriente que echó los cimientos de las organizaciones obreras abiertas en Rusia y que fue la única que trabajó activamente en ellas durante estos últimos años?».

No podemos dejar de señalar esta frase para mostrar al lector los raros casos de «intervalos lúcidos» entre los liquidacionistas, obligados a reconocer la verdad. *Nóvaya Rabóchaya Gazeta*, en los artículos de F. D. y compañía, simplemente se enfada e injuria cuando, con cifras exactas sobre las elecciones a la II, III y IV Duma o sobre las colectas obreras por grupos, etc., se le demuestra el predominio de la corriente «pravdista» entre los obreros conscientes (es decir, los que participan en la vida política).

G. Rakitin reconoce el hecho. Reconoce tanto la victoria en la asamblea de metalúrgicos como «otros hechos» (aunque modestamente calla cuáles son esos hechos: un proceder puramente intelectual-literario, calculado para ocultar a los obreros las cifras exactas que abren la posibilidad de una verificación independiente). G. Rakitin reconoce en general el «fortalecimiento de la influencia del bolchevismo en el medio obrero, especialmente en Petersburgo», reconoce que los «puntos de apoyo» del liquidacionismo «empiezan a escapar de la influencia» de esta «corriente».

G. Rakitin se esfuerza por explicar este hecho, penoso para los liquidacionistas, del modo más consolador para ellos.

¿Y en qué consiste esta explicación?

«Las masas obreras —reconoce G. Rakitin— atraviesan “la etapa bolchevique del movimiento”» (pág. 59). «Pero la intelectualidad obrera —declara (pág. 57)— se sitúa, en su aplastante mayoría, en el punto de vista de la llamada corriente “liquidacionista”». De aquí, naturalmente, se extrae una conclusión «consoladora» para los liquidacionistas: que la «etapa bolchevique del movimiento» es un «entusiasmo temporal de las masas y de la juventud obrera que se incorpora por las consignas bolcheviques», la influencia «más del instinto y el sentimiento que de la conciencia y el cálculo»; que las masas obreras no se han desprendido «del carácter primitivo de la cosmovisión campesina»; «la sobrestimación del valor de los impulsos espontáneos», la incomprensión de la «táctica de clase flexible» (de los liquidacionistas) y su sustitución por la «táctica simplificada del bolchevismo», etc., etc.

En una palabra, la explicación del colaborador de *Nasha Zaria* resulta magnífica: los pravdistas tienen una mayoría inmadura, poco desarrollada, espontánea, de baja calidad, mientras que los liquidacionistas tienen una minoría intelectual, flexible, consciente y demás. ¡Exactamente en el mismo espíritu en que todos los escritores reaccionarios explican siempre las convicciones democráticas de las masas aduciendo que las masas son torpes, poco desarrolladas, etc., y que los nobles y la burguesía son los desarrollados e inteligentes!

Pero permítame, amable Rakitin: ¿dónde están sus pruebas? ¡Usted mismo ha reconocido que las victorias de los pravdistas, que «el paso de las masas por la etapa bolchevique del movimiento», están atestiguados por hechos! ¿Dónde están sus hechos que confirmen que detrás de los liquidacionistas marcha la aplastante mayoría de la intelectualidad obrera? ¿Dónde están sus hechos, tales como las elecciones a la Duma de Estado, o el número de colectas obreras por grupos, o la victoria de una u otra lista en los sindicatos?

¡Ni uno solo, absolutamente ni un solo hecho, ni siquiera una sola consideración aduce Rakitin!

Por eso nos permitimos no estar de acuerdo con Rakitin. A él le resulta agradable, desde luego, considerar subdesarrollada y algo torpe («instinto, no conciencia») a la masa obrera bolchevique, y desarrollada e inteligente a la minoría liquidacionista. Pero escribir la historia, dar explicaciones de las etapas del movimiento obrero basándose no en los hechos, sino en lo que resulta agradable a la persona del historiador, eso —discúlpeme, Rakitin— es sencillamente una puerilidad ridícula. Por supuesto, no puedo admitir que «el instinto y el sentimiento» del liquidacionista Rakitin lo lleven a considerar especialmente intelectual, inteligente y avanzada a la minoría liquidacionista, pero ¿está bien que un escritor se guíe por el «instinto y el sentimiento» en lugar de por la «conciencia y el cálculo»?

Escrito a principios de noviembre de 1913.

Publicado por primera vez en 1938 en la revista *Revolución Proletaria*, núm. 9.

Se imprime según el manuscrito.