En los debates presupuestarios de la IV Duma de Estado hubo, como siempre, una cantidad desmesurada de basura. Los esfuerzos de Márkov 2.º por ponerle la zancadilla a Kokóvtsov, los esfuerzos de Kokóvtsov por «encubrir» con frases el carácter feudal de «nuestra» política y de nuestro presupuesto, y los esfuerzos de los kadetes por asegurar al crédulo público que Kokóvtsov «había reconocido la necesidad de contar» precisamente con los kadetes en la IV Duma, todo esto es basura aburrida, trillada e hipócrita.

Pero en el montón de basura hay granitos de verdad. Los Márkov, los Kokóvtsov, los Shingariov se esforzaron por ocultarlos más profundamente. Vale la pena sacarlos a la luz.

«Me he detenido tanto tiempo en la cuestión de la ordenación territorial —exclamó Kokóvtsov el 13 de mayo— porque en este asunto reside efectivamente toda la clave del futuro de Rusia…»

No se debe hablar de «toda» la clave ni del «futuro» en general, sino del futuro del sistema del 3 de junio, de la omnipotencia de la «burocracia» y de los terratenientes feudales. Con la vieja estructura de la aldea no podemos conservar el poder: así lo han decidido estos terratenientes, aleccionados por una amarga experiencia. Para conservarlo, es necesario transformar a su manera la vieja aldea en una aldea burguesa. He aquí la base y la esencia de «la cuestión de la ordenación territorial».

«… Si el gobierno consigue hacer esto, si (la ordenación territorial) aporta todo el beneficio que tienen en mente tanto el gobierno como las instituciones legislativas —continúa el ministro—, el futuro lo mostrará…»

El futuro lo revelará todo y lo mostrará todo, no hay duda. Mostrará los resultados de los esfuerzos de los feudales y de los esfuerzos del proletariado, que marcha a la cabeza de la democracia. Pero las cifras del «serio» (según el criterio kadete) señor Kokóvtsov no muestran absolutamente nada. El número de solicitudes de ordenación territorial crece rápidamente: se entusiasma Kokóvtsov y se entusiasman las derechas en la Duma. Estas solicitudes fueron: en 1907, 221.000; en 1908, 385.000; en 1909, 711.000; en 1910, 651.000; en 1911, 683.000; en 1912, 1.183.000; en total, 3.834.000.

Y han sido «ordenadas» 1.592.000 familias.

Tales son las «pruebas» y los materiales ministeriales para juzgar el futuro.

Pero he aquí que el mismo 13 de mayo, el periódico gubernamental «Nóvoe Vremia» publica los datos del censo de hogares del zemstvo en el distrito de Samara correspondientes a 1911. El número de «consolidadores» en este distrito alcanzó casi el 40%, es decir, por encima del promedio de Rusia. El distrito, por tanto, es el más «favorable» para el gobierno.

¿Y qué resultó? Del total de los «consolidadores», los auténticos poseedores de granjas (jutorianos) son menos de tres por ciento (2,9%); los que se separaron en cortes (otruba) constituyen solo 1/16 (6,5%), y más de nueve décimas partes (90,6%) poseen la tierra en franjas intercaladas (cherespolósno).

Nueve décimas partes de los «consolidadores» siguen cultivando como antes en franjas intercaladas. Las condiciones de la explotación incluso han empeorado, porque antes la comunidad podía al menos «corregir» un poco la dispersión parcelaria mediante frecuentes redistribuciones.

En tan solo cuatro años, ya una tercera parte de la tierra consolidada ha pasado a otras manos. Crece la desposesión de tierra, y aún más rápidamente el empobrecimiento de los campesinos, crece la confusión de las franjas. Crece una necesidad increíble en la aldea. Crecen las hambrunas. Crece el número de campesinos sin tierra, de proletarios puros. Crece el número de miserables «cuasi-campesinos», enredados en la antigua servidumbre y en la dispersión parcelaria a consecuencia de la famosa ordenación territorial de los terratenientes.

Es evidente que esta servidumbre no será resuelta por la ordenación territorial de las tierras campesinas que hacen los terratenientes. Solo podría eliminarla una ordenación territorial basada en amplios principios democráticos.

Escrito el 16 (29) de mayo de 1913.

Publicado el 21 de mayo de 1913 en el periódico «Pravda» núm. 115.

Se imprime según el texto del periódico.