No es un secreto para nadie que el dominio de la contrarrevolución ha provocado entre los socialdemócratas una profunda descomposición ideológica y vacilaciones de pensamiento. Por todas partes se encuentran s.-d. que, según la acertada expresión del camarada An (en el n.º 95 de *Luch*), vagan «cada uno por su lado». En la prensa s.-d. se expresan opiniones de que los obreros deben prepararse no para la revolución ni en espera de la revolución, de que la revolución democrática ha terminado, etc. En tales opiniones, que ningún grupo u organización responsable del POSDR ha expuesto de manera medianamente definida, precisa y formal, basan sin embargo constantemente todos sus razonamientos tácticos los llamados liquidadores (*Nasha Zariá* y *Luch*), apoyados por el actual Comité Central s.-d. de la Región Letona.

En la prensa de esta corriente encontramos a cada paso ora indicaciones sobre la diferencia de principio entre el actual régimen estatal de Rusia y el de antes de Octubre (como si ya no necesitáramos la revolución para conquistar las bases de la libertad política); ora comparaciones de la táctica actual de los s.-d. rusos con la táctica de los s.-d. europeos bajo una constitución, por ejemplo, los austríacos y alemanes en los años 70 del siglo XIX (como si en Rusia existiera ya una constitución, según la opinión de Miliukov); ora la proclamación de la consigna de un partido obrero abierto y la libertad de coaliciones (consigna comprensible sólo si existen las bases y fundamentos generales de la libertad política y de una constitución burguesa en el país), y así sucesivamente.

En tales condiciones, renunciar a una definición precisa de las tareas tácticas de la s.-d. y a una valoración de la situación política, o aplazar dicha definición y dicha valoración, significa no sólo no luchar contra la falta de ideología, la descomposición, el abatimiento y la falta de fe, sino ayudar directamente a la descomposición, significa participar indirectamente en el apoyo a las opiniones que liquidan las viejas resoluciones partidarias y revolucionarias de la s.-d.

Mientras tanto, el POSDR tiene una respuesta partidaria precisa a estas cuestiones candentes y fundamentales. Esta respuesta fue dada por la resolución de diciembre de 1908, que es una resolución obligatoria para el partido, no derogada por nadie.

Los años transcurridos desde la adopción de esta resolución han confirmado plenamente su justeza: sus indicaciones sobre los cambios en la naturaleza de la autocracia, sobre el carácter contrarrevolucionario del liberalismo, etc., y su conclusión de que la autocracia, aunque remozada, continúa existiendo, de que las condiciones que provocaron la revolución de 1905 continúan actuando, de que ante el partido s.-d. se alzan las viejas tareas, que exigen una solución revolucionaria y una táctica revolucionaria. La utilización de la tribuna de la Duma y de todas las posibilidades legales, exigida incondicionalmente por las decisiones de la misma conferencia del POSDR (diciembre de 1908), debe realizarse por completo en el espíritu de esta táctica revolucionaria y en nombre de las viejas tareas revolucionarias del POSDR.

Por eso proponemos a todas las organizaciones s.-d. discutir una vez más atentamente esta resolución, confirmada, entre otras cosas, por la conferencia del POSDR de enero de 1912, y proponer al congreso de los s.-d. de la Región Letona que confirme de manera definida esta resolución.

Llamamos seriamente la atención de todos los camaradas sobre el procedimiento no partidario de la conferencia de agosto (liquidacionista) de las «organizaciones s.-d.» de 1912{75}, que retiró del orden del día la cuestión de la valoración del momento y de la definición de las tareas tácticas generales, abriendo así de par en par las puertas a toda clase de renuncias a las tareas revolucionarias (bajo el pretexto de que el «pronóstico» sobre la revolución no está demostrado, etc.).

Protestamos en especial contra el Bund, que desempeñó un papel tan importante en la conferencia de agosto y que en su IX conferencia llegó en esta renuncia a las tareas revolucionarias hasta el extremo de eliminar la consigna de la república democrática y de la confiscación de las tierras de los terratenientes.