1. La situación en el país se agudiza cada vez más. La dominación de los terratenientes reaccionarios provoca un descontento creciente incluso entre las capas más moderadas de la población. En el camino hacia una libertad política más o menos real en Rusia sigue en pie la monarquía zarista, hostil a toda reforma seria, que solo protege el poder y los ingresos de los señores feudales y reprime con especial crueldad toda manifestación del movimiento obrero.

2. La clase obrera continúa actuando como dirigente en la lucha revolucionaria por la liberación nacional. La huelga revolucionaria de masas sigue desarrollándose. La lucha real de los destacamentos de vanguardia de la clase obrera transcurre bajo consignas revolucionarias.

El movimiento económico de masas, que a menudo comienza con las reivindicaciones más elementales, en virtud de toda la situación de la lucha, se funde cada vez más con el movimiento revolucionario de la clase obrera.

La tarea de los obreros de vanguardia es acelerar, mediante su labor de agitación y esclarecimiento, la cohesión del proletariado bajo las consignas revolucionarias de la época. Solo bajo esta condición, los obreros de vanguardia cumplirán también su tarea de despertar a la democracia campesina y urbana.

3. La lucha de la clase obrera, que se desarrolla bajo consignas revolucionarias, ha obligado a una parte de los industriales y a la burguesía liberal-octubrista a hablar insistentemente de la necesidad de reformas en general y de una libertad de coalición recortada en particular. Por un lado, organizándose febrilmente en uniones patronales, introduciendo seguros contra huelgas y exigiendo del gobierno persecuciones sistemáticas contra el movimiento obrero, la burguesía, por otro lado, recomienda a los obreros que, en lugar de reivindicaciones revolucionarias, se limiten a una reforma constitucional aislada, una apariencia de libertad de coalición. La clase obrera debe aprovechar todas las posibles vacilaciones del gobierno, así como las divergencias que existen entre la burguesía y el campo reaccionario, para intensificar su ofensiva tanto en el terreno de la lucha económica como en el de la lucha política. Pero, precisamente para aprovechar con éxito la situación, la clase obrera debe mantenerse en el terreno de las consignas revolucionarias no recortadas.

4. En esta situación general, la tarea de los socialdemócratas es continuar desarrollando una amplia agitación revolucionaria entre las masas por el derrocamiento de la monarquía y por la república democrática. Es necesario, basándose en ejemplos vivos de la realidad, demostrar incansablemente todo el daño del reformismo, es decir, de la táctica que, en lugar de las consignas revolucionarias, coloca en el centro la reivindicación de mejoras parciales.

5. En su agitación por la libertad de coalición y por las reformas parciales en general, los liquidacionistas se desvían hacia la vía liberal. De hecho, niegan la agitación revolucionaria entre las masas, predican abiertamente en sus órganos que las consignas de «república democrática» y «confiscación de las tierras» no pueden ser objeto de agitación entre las masas. Presentan la libertad de coalición como la consigna omnilabarcadora de la época, sustituyendo de hecho con ella las reivindicaciones revolucionarias de 1905.

6. Advirtiendo contra la perniciosa agitación reformista de los liquidacionistas, la reunión recuerda que el POSDR, en su programa mínimo, planteó ya hace tiempo la reivindicación de la libertad de coalición, de expresión, de prensa, etc., situando todas estas reivindicaciones en estrecha relación con la lucha revolucionaria por el derrocamiento de la monarquía zarista. La reunión confirma la resolución de la Conferencia de enero de 1912, que dice: «La Conferencia exhorta a todos los socialdemócratas a explicar a los obreros toda la necesidad de la libertad de coalición para el proletariado, debiendo ponerse constantemente esta reivindicación en relación indisoluble con nuestras reivindicaciones políticas generales y con la agitación revolucionaria entre las masas»[6] {27}.

Las principales consignas de la época siguen siendo: 1) república democrática, 2) confiscación de las tierras de los terratenientes, 3) jornada laboral de 8 horas. La libertad de coalición está incluida en ellas como la parte en el todo.