1. El Congreso de Londres, al hacer el balance de la actividad de los partidos populistas –y, entre otros, del partido social-revolucionario{39}– en la época revolucionaria, señaló con precisión que esos partidos vacilaron constantemente entre someterse a la hegemonía de los liberales y la lucha resuelta contra la propiedad terrateniente y el Estado feudal, así como el carácter seudo (falsamente) socialista de su prédica, que encubre la contraposición entre el proletario y el pequeño propietario.

2. La época reaccionaria acentuó aún más estos rasgos, haciendo que en el partido social-revolucionario, por un lado, se abandonara una política consecuentemente democrática y que incluso algunos elementos del partido se convirtieran en críticos de la revolución, siguiendo los pasos de los liberales, y, por otro lado, lo convirtió en un grupo puramente intelectualista, desvinculado de la vida de las masas.

3. El partido social-revolucionario continúa defendiendo oficialmente el terror, cuya historia en Rusia ha justificado plenamente la crítica socialdemócrata a este método de lucha y ha terminado en un completo fracaso. Junto con ello, el boicot a las elecciones y la total incapacidad de esta organización intelectualista para influir sistemáticamente en el curso del desarrollo social del país hicieron que el nuevo ascenso del movimiento revolucionario se produjera en todas partes sin influencia alguna de dicho partido.

4. El socialismo pequeñoburgués del populismo se reduce tan solo a una prédica nociva ante la clase obrera de ideas que encubren la sima cada vez mayor entre los intereses del trabajo y del capital y que pretenden atenuar la agudeza de la lucha de clases, y conduce a utopías filisteas en el terreno cooperativista.

5. Las vacilaciones en la defensa de las consignas democráticas, el carácter de círculo cerrado del partido y sus prejuicios pequeñoburgueses impiden en sumo grado que el populismo desarrolle una propaganda democrático-republicana en las amplias capas del campesinado. De este modo, los propios intereses de dicha propaganda exigen ante todo una crítica resuelta del populismo por parte de la socialdemocracia.

La conferencia, sin excluir en absoluto las acciones conjuntas con los partidos populistas expresamente previstas por el Congreso de Londres, considera por tanto que la tarea de la socialdemocracia debe ser:

a) desenmascarar las vacilaciones y el abandono de un democratismo consecuente que se manifiestan en los partidos populistas;

b) combatir el socialismo pequeñoburgués del populismo, que encubre la sima entre el capital y el trabajo;

c) apoyar las corrientes democrático-republicanas en la masa campesina, señalando constantemente que solo el proletariado socialista, consecuente en su democratismo, puede ser el dirigente seguro de las masas del campesinado pobre en su lucha contra la monarquía y la propiedad terrateniente;

d) dedicar una atención redoblada a la propaganda de las ideas socialdemócratas entre aquellos grupos de obreros, aunque no sean muy numerosos, que hasta ahora no se han liberado aún de las teorías atrasadas del populismo.