Rosa L[uxemburg]

5: «eine allgemeine Incongruenz» (NB)  
(crisis)

6: «von Krisen absehen» hay que NB

7: «längere Periode»: cris[is] y au[ge] se equil[ibran]  
||«nos referimos precisamente al Durchschnitt»||  
siempre  

11–12: Repr[oducción] sim[ple] en China y comu[nismo] primit[ivo].

12. Bajo el cap[itali]smo la repr[oducción] amp[liada] adq[uiere] «neue Charaktere».

17. «Planlosigkeit» — Krisen  

[17–18 Fragestellung incorrecta: individual. No es éste el Gegenstand d[er] Untersuchung]

22–23. Cita de Ad[am] Sm[ith] copiada de El des[arrollo] NB|| d[el] cap[italismo] págs. 11–12  

25. Cap[ita]l para uno, ingr[eso] para otro  
(comp[árese] lit[eralmente] pág. 24 de El des[arrollo] d[el] cap[italismo])  

30: cita de Ad[am] Sm[ith] == pág. 12 de El des[arrollo] d[el] cap[italismo] 25 y 50 la misma cita  

31: Cita de Ad[am] Sm[ith] == pág. 12 de El des[arrollo] del cap[italismo] (!!)  

159: V. Il[i]in «no adv[irtió]» el verd[adero] prob[lema] en Sism[ondi]  

163. «Die Finte» del ricardiano (olvidó D: M — D — M):  
|no es ésta la cuestión|  

168. S[ismon]di debió resp[onder] a Mac[Culloch]  
¡Ja! || respetable, — un pícaro...  

243: m[arxis]tas rus[os]:  
[¡ja-ja!]  
244: De los m[arxis]tas leg[ales] kein soc[ialista] (m[it] einer Ausn[ahme]) resultó en la rev[olución] del lado del pro[letaria]do  
256, Anm[erkung] V. Il[i]in señ[ala] el par[entesco] de N.—on y Sism[ondi]  
269 i. f.* Bulg[ako]w ¡sigue esclavizado!  
a los esquemas de M[arx].  
280. Anmer[kung] «Im übrigen» V. Il[i]in da una explic[ación] «viel richtigere» !! del merc[ado] ext[erior], que Str[uve] y  
Bulg[akov] [¡Orakelspruch confuso!]  
288. Cita de Ilín sobre c/v NB  
291. Gr[osser] Irrtum de Bulg[ákov], T[ugán]-B[aranovski] e Ilín (NB)  
291 i. f. «Nur der kap[italistische] Ausdruck»  
291–2. ¡¡Vaya un disparate!!  
292: allg[emeines] Gesetz en todas las form[aciones] soc[iales]  
292 may[or] empl[eo] de ti[empo] de tr[abajo] en Pr[oduktions]m[ittel]  
que en Kons[umtions]m[ittel] (lío).  
294. Bajo el soc[ialismo] Pr[o]d[uktions]m[ittel]: K[o]ns[umtionsmittel] crecen aún más rápido (muss).  

III Abschn[itt]  

299. Com[ienzo] ¡Grundfalsch!  
300. § 4 NB contra R. L[uxemburg]  
301–2. Selecc[ión] de citas de M[arx] contra R. L[uxemburg]  
304. «unerfindlich» en M[arx] «für wen»  
305: «¡el esquema cont[radice] la teoría de M[arx]»!!  
Fanatiker etc. (com[ienzo]) — fraseología.  
307 i. f. ejemplito «no cuadra»**.  

¡Isáev!!  
¡Kablukov, Manuílov!!!  

310. in f. en M[arx] «dir[ekt] ausgeschl[ossen]» > crec[imiento] de I sobre II.  
311: «schlecht[erdings] nicht zu erreichen»???  
313. ¡¿El esquema excl[uye] sprunghafte Erweit[erung]!?? ¡¡contra[dice] el tomo III!!!  
314–5. Cita de III, 1, 224 = El des[arrollo] d[el] cap[italismo] págs. 18–19.  
317. Cita III, 1, 289 = [El desarrollo] d[el] cap[italismo] 17 de arr[iba]  
320: cont[ra] M[arx]. NB. espec[ialmente] i. f.  
320–321 NB «unlösbare Aufgabe».  
322: ¡«Ergänzen»!! no cons[ume] ni el cap[italista] ni el obr[ero], prod[uctores] no cap[italistas]  
325: ¡¿M[ehr]w[ert] en prod[uctores] no cap[italistas] = V. V.!..  
327: ¡¡¡no sól[o] capita[listas]!!!  
328. «El m[odo] de p[roducción] cap[italista]» se limita princ[ipalmente] a la «ind[ustria]» ¡Ja-ja!!  
330. ¡¡Impos[ibilidad] de la realiz[ación] cap[italista] del M[ehr]w[ert]!!  
332. Crec[imiento] de v mediante aum[ento] de la pob[lación] «contra[dice] las l[eyes] de acum[ulación]»  
332–3: ¡¡Esto sí que es un lío!!  
337: Raíz del error... «undenkbar» NB|| instinto correcto en Sismondi.  
338: sol[ución] del prob[lema] entre amb[os] ext[remos] ¡¡Merc[ado] ext[erior] = medio soc[ial] no cap[italista]!!  
340: Absatz für M[eh]rw[er]t en el medio no cap[italista] |disparate|  
id[em] 343 (M[ehr]prod[ukt])  
¡Divertido! «Capítulo 28: Introducción de la ec[onomía] merc[antil]». Al principio: «realización» del M[eh]rw[ert] (S. 359, 2ª línea del capítulo), — ¡¡y un relato sobre la intr[oducción] forz[osa] del opio en China!!! El relato es m[uy] y m[uy] interesante, detallado: cuántos juncos fueron hundidos el 7. IX. 1839, etc.!! ¡Oh, erudición!  

NB  
NB  
|||  
??? — y  
|||  

[Cap. 29] Opio en China — cita de N.—on sobre «bonanza farms» y similares — los bóers, tort[ura] de negros en Sud[áfrica], etc. Ruidoso, abigarrado, vacuo.  
392–3. Desc[onocimiento] de M[arx] E[ngels] Falsch  
—394. (La esencia) Disparate  
396: «cond[iciones] de cap[italización] y real[ización] del M[ehr]w[ert]»(?).  
¡No sólo M[ehr]w[ert], sino también c + v!  
403: «Genuss» en capas no cap[italistas]  
(ferr[ocarriles] en Asia, etc.).  
404: «Ilustr[ación] crít[ica] al esquema de M[arx]»...  
disparate: en otro país el mismo cap[ital] y los mismos obr[eros] cons[umen]  
c y v y m no cambian por ello. El desarrollo del cap[ital]ismo avanza ya en extensión (otros países) ya en profundidad.  
415 — La ruina de Egipto m[uy] b[ien], según Rothstein, etc.  
Conclusión: «nur durch die Nilpferdpeitsche» (415). ¡Exacto!  
¡Se azota a sí misma R. L[uxemburg]! No por la «real[ización] del M[ehr]w[ert]», sino por las comodidades de la expl[otación]  
(«Peitschen», trab[ajo] grat[uito] etc.) se trasl[adó] el cap[ita]l a países salvajes. ¡El porcentaje es mayor! Eso es todo.  
Saqueo de la tierra (gratis), préstamos al 12–13% (410) etc. etc. — ahí está la raíz. (Garantías estatales: 417) etc. etc.  
445. i. f. terminaron natürl[iche] selbstgeschaf[fene] Schranke «¡aún antes»!!  
445. i. f. el cap[ital]ismo — «¡¡la primera f[orma] ec[onómica] con fuerza propagandística»!!  
«la primera que no p[uede] ex[istir] sola sin otr[as] formas ec[onómicas]».  

———  

* in fine — significa al final de la página. Ed.  
** Se omite aquí una expresión brusca. Ed.  

——————————  

UN COMPLEMENTO FALLIDO A LA TEORÍA DE MARX POR ROSA LUXEMBURG.  

(S. 322)*.  

Etwa:  
I. vor 14 Jahren. Pop[ulistas] v[ersu]s m[arxistas].  
Mar[xistas] leg[ales] y s[ocial]d[emócratas].  
II. Verdrehung en R. L[uxemburg].  
III. Stellung des theor[etischen] Problems.  
IV. Rosa Luxemburg's [«Ergänzungen»] Kritik. Antikritik.  
V. «Ergänzung» de Rosa Luxemburg. Fehlschlag.  
V bis. Prensa s[ocial]d[emócrata] alemana y «la trifulca».  
VI. Dialektik u[nd] Eklektik.  
VII. Imp[erial]ismo y realiz[ación] del M[ehr]w[ert] (Rothstein etc.).  

[Traducción]  

Aproximadamente:  
I. 14 años atrás. Los populistas contra los marxistas.  
Marxistas legales y socialdemócratas.  
II. Deformación en R. Luxemburg.  
III. Planteamiento del problema teórico.  
IV. [«Complementos»] de Rosa Luxemburg. Crítica. Anticrítica.  
V. «Complemento» de Rosa Luxemburg. Fracaso.  
V bis. La prensa socialdemócrata alemana y «la trifulca».  
VI. Dialéctica y eclecticismo.  
VII. Imperialismo y realización de la plusvalía.  
(Rothstein, etc.).  

———  

* En la pág. 322 (ed. rusa, pág. 244) R. Luxemburg escribe sobre la necesidad de complementar (zu ergänzen) a Marx. Ed.  

APÉNDICE.  

OBSERVACIONES DE V. I. LENIN CON LOS CORRESPONDIENTES EXTRACTOS DEL LIBRO DE R. LUXEMBURG  
«LA ACUMULACIÓN DE CAPITAL».  

5: «eine allgemeine  
Incongruenz»* NB  
(crisis)  

6: «von Krisen abse-  
hen»** hay que NB  

... la reproducción en la sociedad capitalista adopta un aspecto peculiar, distinto de todas las demás formas históricas de producción. En primer lugar, cada rama de la producción realiza, dentro de ciertos límites, un movimiento independiente que, de tiempo en tiempo, conduce a interrupciones más o menos prolongadas en la reproducción. En segundo lugar, las desviaciones de la reproducción en las distintas ramas respecto a las necesidades sociales se suman periódicamente en una incongruencia general [eine allgemeine Inkongruenz] con estas últimas, a la que sigue una interrupción general de la reproducción.  

... es muy importante establecer desde el prin- **8–9**  
cipio que el cambio periódico de coyuntura y la crisis representan, ciertamente, momentos esenciales de la reproducción, pero no el problema mismo de la reproducción capitalista como tal. El cambio periódico de coyuntura y las crisis son la forma específica de movimiento en la economía capitalista, pero no el movimiento mismo. Para presentar en forma pura el problema de la reproducción capitalista, debemos, por el contrario, prescindir precisamente del cambio periódico de coyuntura y de las crisis [von Krisen absehen]. Por extraño que parezca, éste es un método plenamente racional; más aún, desde el punto de vista científico, es el único método de investigación admisible.  

* «incongruencia general». Ed.  
** prescindir de las crisis. Ed.  

«längere Periode»*: cri-  
[sis] y au[ge] se equi-  
[libran]  

[7.] || «nos referimos  
precisamente al Durch-  
schnitt»** siempre ||  

11–12: Repr[oducción]  
sim[ple] en China y  
comu[nismo] primi-  
[tivo]  

9 ... si se toma un período más largo [eine längere Periode], un ciclo entero con coyunturas cambiantes, la alta coyuntura y la crisis, es decir, la máxima tensión de la reproducción, con su decadencia e interrupción, se equilibran, y obtenemos en resultado, para todo el ciclo, una magnitud media de la reproducción. Esta magnitud media representa no sólo una magnitud teórica, ideal, sino también un hecho real, objetivo.  

9 ... si en lo sucesivo hablamos de reproducción capitalista, bajo esto hay que entender siempre aquel resultado que se obtiene como promedio [so ist darunter stets jener Durchschnitt zu verstehen] del cambio de coyunturas dentro del ciclo.  

13 ... La reproducción ampliada no es un invento del capital. Por el contrario, ha sido desde antiguo la regla para toda forma social histórica que muestra un progreso económico y cultural. Es cierto que la reproducción simple, es decir, la repetición constante del proceso de producción en la misma escala, es posible, y podemos observarla a lo largo de enormes períodos del desarrollo social. Tales son, por ejemplo, las comunidades aldeanas comunistas primitivas, en las que el crecimiento de la población se hace posible no gracias a la ampliación gradual de la producción, sino gracias a la separación periódica del incremento de la población y a la fundación de comunidades filiales igualmente diminutas y autosuficientes. Los pequeños talleres artesanales antiguos de la India o China también ofrecen un ejemplo de repetición tradicional de la producción en las mismas formas y en la misma escala, repetición que se transmite por herencia de generación en generación. Pero en todos estos casos, la reproducción simple es la base y el signo seguro del estancamiento económico y cultural general. Todos los progresos significativos de la producción y los monumentos de la cultura, como las enormes obras hidráulicas de Oriente, las pirámides egipcias, las grandes calzadas romanas, las artes y ciencias griegas,  

* período más largo. Ed.  
** promedio. Ed.  

12. Bajo el cap[ita-  
lis]mo la rep[roducción]  
ampl[iada] ad[quiere]  
«neue Charaktere»*.  

17. «Planlosig-  
keit» — Krisen**  

[17–18. Fragestellung***  
incorrecta: individual.  
No es éste el Gegen-  
stand d[er] Untersu-  
chung****]  

el desarrollo de la artesanía y de las ciudades medievales, habrían sido imposibles sin la reproducción ampliada, pues sólo la ampliación gradual de la producción por encima de las necesidades inmediatas y el constante crecimiento de la población y de sus necesidades constituyen a la vez la base económica y el acicate social para los avances culturales decisivos. El intercambio, y con él el surgimiento de la sociedad de clases y su desarrollo histórico hasta la forma capitalista de economía, también habrían sido impensables sin la reproducción ampliada. Pero en la sociedad capitalista se añaden a la reproducción ampliada algunos nuevos rasgos característicos [einige neue Charaktere].  

... por un lado, la tendencia de los capi- [17–18]  
tales individuales a la plusvalía, la competencia entre ellos, así como la acción automática de la explotación capitalista y de la competencia capitalista, se ocupan tanto de que se produzcan las distintas mercancías —incluidos los medios de producción—, como de que esté a disposición del capitalista una clase creciente de obreros proletarizados; por otro lado, la falta de planificación de estas conexiones [die Planlosigkeit dieser Zusammenhänge] se manifiesta en que la concordancia de la oferta y la demanda se alcanza en todos los ámbitos sólo gracias a constantes desviaciones de su punto de coincidencia, gracias a fluctuaciones horarias de los precios y a oscilaciones periódicas de coyuntura y crisis.  
Desde el punto de vista de la reproducción, la cuestión se plantea de otro modo: ¿cómo es posible que el abastecimiento del mercado, que transcurre sin plan alguno, con medios de producción y fuerza de trabajo, y las condiciones de venta, imprevisibles y cambiantes, aseguren al capitalista individual las masas y tipos de medios de producción, las fuerzas de trabajo y las posibilidades de venta correspondientes a las necesidades de su acumulación —y, por consiguiente, crecientes en determinadas relaciones cuantitativas? Consideremos  

* nuevos rasgos característicos. Ed.  
** falta de planificación — crisis. Ed.  
*** planteamiento de la cuestión. Ed.  
**** objeto de investigación. Ed.  

más de cerca esta cuestión. Supongamos que el capitalista produce según la fórmula que conocemos en la siguiente proporción  

40c + 10v + 10m,  

donde el capital constante es cuatro veces mayor que el variable, y la tasa de explotación es igual al 100%. La cantidad de mercancía representará entonces un valor de 60 unidades. Supongamos que el capitalista está en condiciones de capitalizar la mitad de su plusvalía, y que la añade al viejo capital conforme a su composición. El siguiente período de producción podría expresarse con la siguiente fórmula:  

44c + 11v + 11m = 66.  

Supongamos que el capitalista también en adelante estará en condiciones de capitalizar la mitad de su plusvalía, y que puede hacer esto cada año. Para que él pueda llevar esto a cabo, no basta con que en general encuentre medios de producción, fuerzas de trabajo y mercado para la venta: debe encontrarlos en una progresión determinada, correspondiente al progreso de su acumulación.»  

22–23. Cita de Ad[am]  
Sm[ith] copiada de  
El des[arrollo] d[el] ca-  
pitalismo NB || págs.  
11–12*  

21 ...Aquí Smith se confunde e inmediatamente después declara:  
«Aunque el valor total de dicha renta anual se distribuya de esa manera entre los distintos habitantes del país, constituyendo su renta, nosotros, en esta última, exactamente igual que en la renta de una finca particular, debemos distinguir la renta bruta de la renta neta».  
«La renta bruta de una finca particular consiste en lo que paga el arrendatario; la renta neta, en lo que le queda al propietario de la tierra después de deducir los gastos de administración, reparación, etc., o en lo que él, sin perjuicio para su finca, puede destinar a su fondo de consumo y gastar en la mesa, en la familia, en el adorno de la vivienda, en el ajuar doméstico, en placeres y diversiones personales. Su riqueza real no depende de su renta bruta, sino de su renta neta».  
«La renta bruta de todos los habitantes de un gran país comprende todo el producto anual de la tierra y del trabajo; la renta neta, la parte que queda  

* Véase Lenin, Obras, t. III, pág. 25. Ed.  

25. Cap[ita]l para  
uno, ingr[eso] para  
otro (comp[árese] lit[e-  
ralmente] pág. 24 de  
El des[arrollo] d[el] ca-  
pitalismo)*  

30: Cita de Ad[am]  
Sm[ith] = pág. 12 de  
El des[arrollo] d[el] ca-  
pitalismo** 25 y 30  
la misma cita  

a su disposición, tras deducir de la renta bruta los gastos de mantenimiento, primero, de su capital fijo, segundo, del capital circulante, o aquella parte que ellos, sin tocar su capital, pueden destinar a su fondo de consumo o gastar en su sustento, comodidades y placeres. Su riqueza real también es proporcional no a la renta bruta, sino a la renta neta.»  

...Estos ejemplos nos llevan a la siguiente 23 conclusión: lo que para uno es capital, es para otro renta, y viceversa. ¿Cómo, entonces, dadas las circunstancias, puede construirse el capital total de la sociedad? De hecho, casi toda la economía científica hasta Marx llegó a la conclusión de que el capital social total no existe en absoluto. Tanto en Smith como en Ricardo encontramos todavía vacilaciones y contradicciones en esta cuestión.  

...El apogeo de claridad alcanzado por él 26–27 en este aspecto se expresa en la siguiente formulación:  
«Aunque todo el producto anual de la tierra y del tra- 12 bajo de cualquier país, en última instancia, está, sin duda, destinado al consumo de sus habitantes y a proporcionarles a éstos una renta, tan pronto como se separa de la tierra que lo produjo o sale de las manos de los trabajadores productivos, se descompone naturalmente en dos partes. Una de estas partes —y a menudo la mayor— está destinada ante todo a reponer el capital o a renovar los medios de subsistencia, las materias primas y los bienes acabados, tomados del capital; la otra parte está destinada a constituir una renta, ya sea para el propietario de este capital, como su ganancia, o para otra persona, como su renta de la tierra.  
La renta bruta de todos los habitantes de un gran país comprende todo el producto anual de la tierra y del trabajo; la renta neta, la parte que queda a su disposición tras deducir de su renta bruta los gastos de mantenimiento, primero, de su capital fijo, segundo, de su capital circulante; o aquella parte que ellos, sin tocar su capital,  

* Véase Lenin, Obras, t. III, pág. 37. Ed.  
** Ibídem, pág. 25. Ed.  

27–28  

31: cita de Ad[am]  
Sm[ith] = pág. 12 de  
El des[arrollo] del ca-  
pitalismo (!!)*  

126  

159: V. Il[i]in «no ad-  
[virtió]» el verd[ade-  
ro] prob[lema] en  
Sism[ondi]  

pueden destinar a su fondo de consumo o gastar en su sustento, comodidades y placeres. Su riqueza real también es proporcional no a su renta bruta, sino a la renta neta.  

...Señala la diferencia fundamental entre el capital fijo y el circulante desde el punto de vista social: «Todos los gastos de mantenimiento del capital fijo, evidentemente, deben ser excluidos de la renta neta de la sociedad. En esta renta no pueden entrar como partes integrantes ni las materias primas necesarias para mantener en buen estado sus máquinas útiles, herramientas industriales, edificios, etc., ni el producto del trabajo que se requiere para convertir esas materias primas en la forma adecuada. El precio de este trabajo, por supuesto, constituirá una parte de la renta neta total, ya que los obreros ocupados en esta esfera pueden destinar su salario a un fondo para su consumo directo. Pero en otras esferas del trabajo, tanto el precio como el producto entran en ese fondo de consumo; el precio entra en el fondo de consumo del obrero, y el producto, en el fondo correspondiente de otras personas, cuyos medios de vida, comodidad y placeres aumentan gracias al trabajo de esos obreros.»  

...Con sus razonamientos, Sismondi demostró que es incapaz de comprender el proceso de reproducción como un todo. Sin hablar ya de su fallido intento de diferenciar, desde el punto de vista social, el capital y la renta, su teoría de la reproducción adolece del error fundamental que heredó de Ad. Smith, a saber, la idea de que todo el producto anual se destina íntegramente al consumo personal, sin dejar parte alguna de su valor para la renovación del capital constante de la sociedad, o, en otras palabras, que la acumulación consiste únicamente en la transformación de la plusvalía capitalizada en capital variable adicional. Si, no obstante, críticos posteriores de Sismondi, como, por ejemplo, el marxista ruso Ilín, al señalar este error fundamental en el análisis del valor de todo el producto, creían que se podía despachar toda la teoría de la acumulación  

* Véase Lenin, Obras, t. III, pág. 26. Ed.  

de Sismondi con una sonrisa de superioridad, como infundada y «absurda», con ello sólo demostraron que ellos mismos no advirtieron en absoluto ese problema del que, en realidad, trata Sismondi. Que el problema de la acumulación está lejos de resolverse con el hecho de tomar en cuenta la parte del valor de todo el producto que corresponde al capital constante, lo demostró mejor que nadie posteriormente el análisis del propio Marx, quien fue el primero en descubrir el craso error señalado de Smith. Pero aún más claramente lo demostró un hecho en la suerte de la propia teoría de Sismondi. Con su concepción, Sismondi llegó al más agudo choque con los representantes y vulgarizadores de la escuela clásica: con Ricardo, Say y MacCulloch. Ambas partes representaban aquí dos puntos de vista opuestos: Sismondi, la imposibilidad de la acumulación; Ricardo, Say y MacCulloch, por el contrario, sus posibilidades ilimitadas. Pero, en relación con el error de Smith, ambas partes mantenían la misma posición: tanto Smith como sus adversarios, al estudiar la reproducción, no prestaban atención al capital constante, y nadie de manera tan pretenciosa como Say convirtió la confusión smithiana en la cuestión de la descomposición de todo el producto en v + m en un dogma tan inquebrantable.  

...  

128 ... En realidad, toda la posición de MacCulloch se sostiene y cae con la afirmación de que el intercambio es, en realidad, intercambio de mercancías por mercancías, es decir, que toda mercancía crea no sólo oferta, sino que, por su parte, presenta demanda. En relación con esto, la disputa toma la siguiente forma: MacCulloch declara: «la oferta y la demanda son expresiones que son meramente correlativas y pueden sustituirse mutuamente. La oferta de un tipo de bienes determina la demanda de otro tipo de bienes. Así, la demanda de una masa dada de productos agrícolas surge cuando a cambio de ella se ofrece una masa de productos industriales, cuya producción costó tanto como la producción de los productos agrícolas; por otra parte, la demanda real de una masa dada de productos industriales surge cuando a cambio de ella se ofrece una masa de productos agrícolas  

163. «Die Finte»* del  
ricardiano  
(olvidó D: M — D — M)  
no es ésta la cuestión  

que ocasionaron los mismos gastos». La treta [Die Finte] de nuestro ricardiano es completamente obvia: quiere dejar de lado la circulación monetaria y presentar las cosas como si las mercancías se compraran y pagaran directamente con mercancías.  
De las condiciones de la producción capitalista altamente desarrollada nos traslada de pronto a los tiempos del trueque primitivo, que aún hoy prospera en el África central. El remoto grano de verdad de esta mistificación consiste en que el dinero, en la circulación simple de mercancías, sólo desempeña el papel de intermediario. Pero, precisamente la intervención de este intermediario, que en el proceso de circulación D — M — D (dinero — mercancía — dinero) [W — G — W (Ware — Geld — Ware)] ha dividido en el tiempo y en el espacio ambos actos del intercambio —la venta y la compra— y los ha hecho independientes uno del otro, precisamente esto condiciona el hecho de que a cualquier venta no le sigue de inmediato una compra, y, en segundo lugar, que la compra y la venta no están en absoluto vinculadas a las mismas personas, y sólo en casos excepcionalmente raros tienen lugar entre los mismos «personae dramatis». Pero es precisamente contra esto contra lo que peca MacCulloch: hace una suposición contraria al sentido común cuando contrapone la industria y la agricultura como compradores y vendedores al mismo tiempo. La comunidad de categorías, que además se presentan como entrando en intercambio en su conjunto, enmascara aquí la dispersión real de esa división social del trabajo que conlleva una multitud innumerable de actos privados de intercambio, en los que la coincidencia de compras y ventas de mercancías que se enfrentan entre sí es una rara excepción. La concepción simplificada de MacCulloch del intercambio de mercancías hace, en general, completamente incomprensible la significación económica del dinero y su aparición en la escena histórica, pues convierte directamente la mercancía en dinero y le atribuye la propiedad de intercambiarse directamente por otras mercancías.»  

132–3 ... La cuestión se planteó así: ¿cuál es la suerte de la plusvalía capitalizada, es decir,  

* «treta». Ed.  

168. S[ismon]di debió  
resp[onder] a  
M[a]c[Culloch]  
¡Ja! || respetable, —  
un pícaro...  

de aquella plusvalía que no se gasta en el consumo personal de los capitalistas, sino en la ampliación de la producción? Y MacCulloch, en su respuesta, una vez deja completamente de lado la producción de plusvalía, y otra vez gasta toda la plusvalía en la producción de artículos de lujo. Pero ¿quién es el comprador de los artículos de lujo nuevamente producidos? Según el ejemplo de MacCulloch, evidentemente, los capitalistas (sus agricultores y fabricantes), ya que aparte de ellos en su ejemplo sólo hay obreros. Pero de aquí se deduce que tenemos que habérnoslas con el consumo de toda la plusvalía para fines personales de los capitalistas, o, en otras palabras, con la reproducción simple. Así, MacCulloch responde a la pregunta sobre la capitalización de la plusvalía, ya sea ignorando toda plusvalía, ya sea suponiendo la reproducción simple en lugar de la acumulación en el mismo momento en que surge la plusvalía. La apariencia de que él hablaba supuestamente de reproducción ampliada la mantiene, como antes, al examinar el llamado «excedente», de nuevo gracias a una artimaña: constata primero el caso imposible de la producción capitalista sin plusvalía, para luego insinuar al lector que la aparición del plusproducto es precisamente la ampliación de la producción.  
Sismondi no tuvo fuerzas para habérselas con estas argucias del hombre-lobo escocés. Él, que hasta ahora a cada paso acorralaba a su Mac y le demostraba la «evidente absurdidad» de sus afirmaciones, se enreda él mismo en el punto importante de la disputa. Él, por supuesto, debió haber respondido a la susodicha tirada de su adversario con toda calma: «¡Honorable señor! Honor y respeto a la agilidad de su mente, pero usted, como una anguila, intenta escabullirse de la esencia misma de la cuestión. Yo pregunto todo el tiempo: ¿quién será el comprador del producto excedente si los capitalistas, en lugar de derrochar toda su plusvalía, la emplean para fines de acumulación, es decir, para la ampliación de la producción? Y usted me responde a esto: ellos llevarán a cabo esta ampliación de la producción aumentando la fabricación de artículos de lujo,  

188  

lujo, que ellos, por supuesto, consumirán ellos mismos. ¡Pero esto es un truco! Pues, en la medida en que los capitalistas gastan la plusvalía en artículos de lujo, la consumen, no la acumulan. ¡Pero se trata precisamente de si la acumulación es posible, y no de los artículos de lujo que consumen los capitalistas! Así pues, ¡dé una respuesta directa a la pregunta, si es que está en condiciones de hacerlo, o váyase allí donde crece su tabaco y se extrae su vino, y por mí, incluso, ¡al mismísimo diablo!»  

p. 243: m[arxis]tas  
rus[os]: ¡Isáev!  
¡Kablukov, Manuílov!  
|¡ja-ja!|  

... De los dos principales representantes de 188 la corriente populista, uno, Vorontsov, conocido en Rusia principalmente por su seudónimo literario V. V. (sus iniciales), era un original que se perdía por completo en la economía política y al que, como teórico, en general no se puede tomar en serio; por el contrario, el otro, Nicolás—on (Danielson) era un hombre de amplia cultura, profundo conocedor del marxismo, y además autor de la traducción rusa del tomo I de «El Capital» y amigo personal de Marx y Engels, con quienes mantenía una animada correspondencia (publicada en 1908 en ruso). Sin embargo, fue precisamente Vorontsov quien ejerció en los años 80 una enorme influencia sobre la opinión pública de la intelectualidad rusa, y fue precisamente contra él contra quien el marxismo ruso tuvo que luchar en primer lugar. En la cuestión que nos interesa, sobre las posibilidades generales del desarrollo del capitalismo, contra los dos representantes del escepticismo arriba mencionados se alzó en los años 90 toda una serie de oponentes —una nueva generación de marxistas, armados con la experiencia histórica y el conocimiento de Europa Occidental—: junto a Gueorgui Plejánov se alzaron el prof. Kablukov, el prof. Manuílov, el prof. Isáev, el prof. Skvortsov, Vladímir Ilín, Piotr Struve, Bulgákov, el prof. Tugán-Baranovski y otros. En lo sucesivo nos limitaremos, principalmente, a los tres últimos autores, ya que cada uno de ellos dio una crítica más o menos completa de la teoría populista en la esfera que aquí nos interesa. Este torneo, en cierta medida brillante, que mantuvo en tensión a la intelectualidad socialista rusa en los años 90 y terminó con el indiscutible  

244: De los m[arxis]-  
tas leg[ales] kein  
so[cialista] (m[it] einer  
Ausn[ahme]) resultó  
en la rev[olución] del  
lado del pro[leta-  
ria]do*.  

256. Anm[erkung]  
V. Il[i]in señ[ala] el  
par[entesco] de  
N.—on y Sism[ondi]  

triunfo de la escuela marxista, abrió al marxismo, como teoría histórico-económica, el acceso oficial a la ciencia rusa. El marxismo «legal» se afianzó abiertamente por entonces en la cátedra, en las revistas y en la literatura económica rusa —con todos los aspectos sombríos de esta posición—. Diez años más tarde, cuando las posibilidades de desarrollo del capitalismo ruso mostraron abiertamente a todos su reverso optimista en forma de auge revolucionario del proletariado, de la pléyade mencionada de optimistas marxistas, ni uno solo —con una única excepción— se encontraba ya en el campo del proletariado.  

...La sorprendente similitud en la posición de 196 los populistas rusos con la concepción de Sismondi la mostró detalladamente Vladímir Ilín en su artículo «Para una caracterización del romanticismo económico».  
...Bulgákov expone correctamente el conocido 206 esquema marxiano de la reproducción simple con comentarios que honran su inteligencia. Luego presenta también el conocido esquema marxiano de la reproducción ampliada, y con esto queda dada la prueba buscada. «Sobre la base de lo dicho no presenta dificultad determinar en qué consistirá la acumulación. I (el departamento de medios de producción) debe fabricar medios de producción adicionales para la ampliación de la producción en sí mismo y en II, y II suministrará la cantidad adicional de artículos de consumo necesaria para el aumento del capital variable de I y II. Si se prescinde de la mediación del dinero, la ampliación de la producción se reducirá al intercambio de la cantidad adicional de productos de I, necesaria para II, por la cantidad adicional de productos de II, necesaria para I». Así pues, Bulgákov sigue exactamente la exposición de Marx y no advierte en absoluto que su tesis sigue estando hasta ahora sólo sobre el papel. Cree que con ayuda de estas fórmulas matemáticas ha resuelto la cuestión de la acumulación. Que se puedan imaginar las proporciones que él copia de Marx, no hay ninguna duda. Es igualmente indudable que, si la ampliación de la producción tuvo lugar,  

* De los marxistas legales, ni un solo socialista (con una única excepción) resultó estar en la revolución del lado del proletariado. Ed.  

213–4  

269 i. f. Bulg[ako]w  
¡sigue esclavizado*!  
a los esquemas de  
M[arx].  

ésta puede ser expresada en estas fórmulas. Pero Bulgákov pierde de vista la cuestión principal: ¿para quién se produce la ampliación de la producción, cuyo mecanismo investiga? Una vez que la acumulación puede ser representada en el papel en proporciones matemáticas, entonces, por consiguiente, ya se ha realizado. Sin embargo, tras declarar resuelta la cuestión, tropieza de inmediato, al intentar introducir en el análisis la circulación monetaria, con la pregunta: ¿de dónde obtienen I y II el dinero para la compra de los productos adicionales? Hemos visto cómo, en el análisis de Marx, ocupa un gran lugar la verdadera cuestión sobre los consumidores para la producción ampliada, que constantemente resurge en la forma de una pregunta incorrectamente planteada sobre las fuentes monetarias adicionales. Bulgákov sigue aquí servilmente el método de investigación de Marx y adopta ese mismo planteamiento incorrecto de la cuestión, sin advertir el tránsito a otro problema que en ella se encierra.  

... El argumento principal de Bulgákov contra 214 los escépticos —comenzando por Sismondi y terminando con Nicolás—on, que pensaban que para la realización de la plusvalía capitalista es necesario recurrir a los mercados exteriores—, consiste en que estos teóricos, como es sabido, consideraban todo comercio exterior como un «abismo sin fondo», en el que desaparece sin dejar rastro el excedente de la producción capitalista que no encuentra salida en el interior del país. En contraposición a esto, Bulgákov subraya triunfalmente que el mercado exterior no es de ningún modo un «abismo», y menos aún «sin fondo», que representa una espada de doble filo y que la exportación siempre va aparejada a la importación, que se equilibra más o menos con la exportación. Por consiguiente, lo que se importa por una frontera, se exporta por la otra sólo en una forma de uso modificada. «Para las mercancías importadas, que deben constituir el equivalente de los artículos de consumo exportados, es necesario encontrar de nuevo un lugar dentro de los límites del mercado dado; este lugar no existe, por consiguiente, la apelación al mercado exterior sólo conlleva nuevas dificul-  

* Bulgákov sigue servilmente. Ed.  

280. Anm[erkung]  
«Im übrigen»*  
V. Il[i]in da una expli-  
cación «viel richtigere»**  
del merc[ado] ext[e-  
rior], que Str[uve] y  
Bulg[ákov.] ([confu-  
so]) ¡Orakelspruch!***  

288. Cita de Ilín sobre  
c/v **** NB  

tades». En otro lugar dice que la salida encontrada por los populistas rusos para la realización de la plusvalía en forma de mercados exteriores es «mucho menos acertada que la salida encontrada por Malthus, Kirchmann y el mismo señor V. V. (Vorontsov) como autor del artículo sobre el militarismo y el capitalismo.»  
... L. c., pág. 236. De manera aún más decidida 214 formula el mismo punto de vista V. Ilín: «El romántico —así llama al escéptico— dice: los capitalistas no pueden consumir la plusvalía y por eso deben colocarla en el extranjero. Cabe preguntarse: ¿acaso los capitalistas regalan sus productos a los extranjeros o los arrojan al mar? Si venden, significa que obtienen un equivalente; importan unos productos, significa que exportan otros». «Estudios y ensayos económicos», pág. 26. Por lo demás, Ilín da una explicación mucho más correcta [Im übrigen gibt Iljin eine viel richtigere] del papel del comercio exterior en la sociedad capitalista que Struve y Bulgákov.  

... Hemos visto ya antes el papel decisivo 219–20 que desempeñó la mencionada «ley fundamental» del capitalismo en la disputa entre los marxistas rusos y los escépticos. Conocemos la opinión de Bulgákov. En el mismo espíritu se expresa en su polémica con los populistas otro marxista, el ya mencionado V. Ilín:  
«Es sabido que la ley del desarrollo del capital consiste en que el capital constante crece más rápido que el variable, es decir, una parte cada vez mayor de los capitales que se forman de nuevo se dirige a aquel sector de la economía social que fabrica medios de producción. Por consiguiente, este sector crece necesariamente más rápido que aquel sector que fabrica artículos de consumo, es decir, ocurre precisamente lo que Sismondi declaraba “imposible”, “peligroso”, etc. Por consiguiente, los productos del consumo personal ocupan un lugar cada vez menor en la masa total de la producción capita-  

* «Por lo demás». Ed.  
** «mucho más correcta». Ed.  
*** expresión enigmática. Ed.  
**** Cita de «Para una caracterización del romanticismo económico», véase Lenin, Obras, t. II, pág. 27. Ed.  

222–4  

291. Gr[osser] Irrtum*  
de Bulg[ákov],  
T[ugán]-B[aranov-  
ski] e Ilín (NB)  
291 i. f. «Nur der  
kap[italistische] Aus-  
druck»**  
291–2. ¡¡Vaya un dis-  
parate!!  
292: allg[emeines]  
Gesetz*** en todas  

lista. Y esto corresponde plenamente a la “misión” histórica del capitalismo y a su estructura social específica: la primera consiste precisamente en el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad (producción por la producción); la segunda excluye su utilización por la masa de la población.»  

... la opinión de que la producción de medios de consumo no depende del consumo es, por supuesto, un espejismo económico-vulgar de Tugán-Baranovski. Pero así están las cosas con ese hecho mediante el cual él fundamenta esta falsa conclusión, es decir, con el hecho de que el crecimiento del departamento de medios de producción es más rápido que el crecimiento del departamento de medios de consumo. Este hecho es absolutamente indiscutible y, además, no sólo en relación con los viejos países industriales, sino también en relación con todos los países donde el progreso técnico se adueña de la producción. Sobre este hecho se basa la ley fundamental de Marx sobre la tendencia de la tasa de ganancia a disminuir. Pero, a pesar de esto o precisamente por eso, Bulgákov, Ilín y Tugán-Baranovski cometen un gran error [gerade deshalb ist es ein grosser Irrtum], cuando imaginan haber descubierto en esta ley el carácter específico de la economía capitalista, para la cual la producción es un fin en sí misma, y el consumo humano sólo una circunstancia secundaria.  
El crecimiento del capital constante a expensas del variable es sólo la expresión capitalista [nur der kapitalistische Ausdruck] de las influencias generales de la creciente productividad del trabajo. La fórmula c > v, traducida del lenguaje capitalista al lenguaje del proceso social de trabajo, no significa más que lo siguiente: cuanto más alta es la productividad del trabajo humano, tanto más corto es el tiempo en que una cantidad dada de medios de producción se transforma en producto acabado. Esta es una ley general [ein allgemeines Gesetz] del trabajo humano; tiene vigor  

* Gran error. Ed.  
** «Sólo la expresión capitalista». Ed.  
*** ley general. Ed.  

las form[aciones]  
soc[iales].  

292 may[or] emp[leo]  
de ti[empo] de tr[aba-  
jo] en Pr[oduktions]-  
m[ittel]* que en  
Kons[umtions]m[it-  
tel]** (lío).  

tanto en todas las formas de producción precapitalistas como lo tendrá en el futuro, bajo el régimen social socialista. Expresada en la forma material de uso del producto social total, esta ley debe manifestarse en una aplicación cada vez mayor del tiempo de trabajo social a la producción de medios de producción [Produktionsmittel] en comparación con la producción de medios de consumo [Konsumtionsmittel]. En una economía social socialísticamente organizada y planificadamente dirigida, este proceso debería avanzar aún más rápido que en la sociedad capitalista actual. En primer lugar, la aplicación de una técnica científica racional sobre una base amplia en la agricultura será posible sólo cuando se hayan eliminado los marcos de la propiedad privada sobre la tierra. La consecuencia de esto será un poderoso vuelco en una enorme rama de la producción. En resultado final, conducirá a un colosal desplazamiento del trabajo vivo por el trabajo mecánico y pondrá a la orden del día tareas técnicas del mayor calibre, tareas para las cuales actualmente no existen condiciones adecuadas. En segundo lugar, la aplicación de máquinas en el proceso de producción en general se colocará sobre una nueva base económica. En la actualidad, la máquina no compite con el trabajo vivo, sino sólo con la parte pagada del trabajo vivo. El límite inferior de la aplicación de la máquina en la producción capitalista está dado por los costes de la fuerza de trabajo desplazada por ella. Esto significa que el capitalista piensa en la máquina sólo cuando los costes de su producción —a igual capacidad productiva— son menores que el salario de los obreros desplazados por ella. Desde el punto de vista del proceso social de trabajo —y sólo con éste puede contar la sociedad socialista—, la máquina debe competir no con el trabajo necesario para el mantenimiento de los obreros, sino con el trabajo gastado efectivamente por ellos. Esto significa que, para una sociedad en la que el papel dirigente no lo desempeña el punto de vista del lucro, sino el ahorro de trabajo humano, la aplicación de la máquina se consideraría económicamente ventajosa ya entonces,  

* medios de producción. Ed.  
** medios de consumo. Ed.  

cuando su producción cueste menos trabajo que la cantidad de trabajo vivo que ahorra. Ni hablamos ya de que la máquina puede ser aplicada en muchos casos allí donde lo exigen la salud y consideraciones similares en interés de los obreros, aunque con su aplicación no se alcance ese límite mínimo de economía del que se habló más arriba. En todo caso, la distancia entre la aplicabilidad económica de la máquina en la sociedad capitalista y en la socialista es, como mínimo, igual a la diferencia entre el trabajo vivo y su parte pagada, es decir, puede medirse por toda la plusvalía capitalista. De aquí se sigue que, con la eliminación de los intereses del lucro y con la introducción de la organización social del trabajo, el límite para la aplicación de máquinas se desplaza de inmediato en toda la magnitud de la plusvalía capitalista, y a su marcha victoriosa se le abre un enorme e incalculable campo. En este caso se haría evidente hasta la saciedad que el modo de producción capitalista, que supuestamente provoca el desarrollo extremo de la técnica, en realidad crea, en forma de los intereses de ganancia que están en su base, altas barreras sociales para el desarrollo de la técnica, y que la supresión de estas barreras impulsará el progreso técnico con tal fuerza, que las maravillas técnicas del capitalismo parecerán un juego de niños en comparación con él.  
Si se traduce esto a la composición del producto social, hay que decir que este vuelco técnico sólo puede significar que la producción de medios de producción [Produktionsmittel] en la sociedad socialista —tomando como unidad de medida el tiempo de trabajo— crecerá [anwachsen muss] en comparación con la producción de medios de consumo [Konsumtionsmittel] de manera incomparablemente más rápida que en la actualidad. Así, la relación entre ambos departamentos de la producción social, relación respecto a la cual los marxistas rusos imaginaban haber descubierto en ella la expresión específica del pecado del capitalismo, el menosprecio de las necesidades del consumo humano,  

294: Bajo el soc[ialis-  
mo] Pr[o]d[uktions]-  
m[ittel]: K[o]ns[um-  
tionsmittel]* crecen  
aún más rápido  
(muss)**.  

* medios de producción en relación a los medios de consumo. Ed.  
** (deben). Ed.  

III Abschn[itt] ***  
299. Comienzo ¡Grund-  
falsch ****!  

resulta ser, por el contrario, la expresión exacta de la progresiva conquista de la naturaleza por el trabajo humano, expresión que se pondrá de manifiesto con la mayor nitidez cuando las necesidades humanas sean el único punto de vista rector en la producción. Con esto, la única prueba de la «ley fundamental» de Tugán-Baranovski se derrumba como un qui pro quo «fundamental»; toda su construcción, de la que deduce la «nueva teoría de las crisis» junto con la teoría de la «desproporcionalidad», se reduce a su base de papel: al esquema de la reproducción ampliada, servilmente copiado de Marx.  

... En la primera sección hemos establecido que 227 el esquema marxiano de acumulación no da respuesta alguna a la pregunta de para quién, en realidad, se produce la reproducción ampliada. Si se toma el esquema literalmente, tal como está desarrollado al final del segundo tomo, parece que la producción capitalista sólo realiza por sí misma toda su plusvalía y consume la plusvalía capitalizada para sus propias necesidades. Marx confirma esto con su análisis del esquema, en el que repetidamente hace el intento de realizar la circulación de este esquema sólo con medios monetarios, es decir, con la demanda de capitalistas y obreros, intento que le lleva al final a introducir en la reproducción al productor de oro como deus ex machina.  

... Aquí se establecen las siguientes condicio- 227–8 nes para la acumulación:  
1) La plusvalía sujeta a capitalización nace inmediatamente en forma natural de capital (como medios de producción adicionales y medios de subsistencia adicionales para los obreros).  
2) La ampliación de la producción capitalista se realiza exclusivamente con ayuda de medios de producción y medios de subsistencia propios (producidos capitalísticamente).  

*** Sección III [La tercera sección de «La acumulación de capital» se titula «Las condiciones históricas de la acumulación»; véase la pág. 227 de la cuarta edición rusa de 1931]. Ed.  
**** radicalmente erróneo. Ed.  

228–30  

300. § 4 NB contra  
R. L[uxemburg]  

301–2. Selecc[ión] de  
citas de M[arx] con-  
tra R. L[uxemburg]  

3) La magnitud de la ampliación de la producción (acumulación) está dada en cada caso de antemano por la magnitud de la plusvalía sujeta a capitalización. No puede ser mayor, porque está vinculada a la cantidad de medios de producción y de medios de consumo que representan el plusproducto, pero tampoco puede ser menor, ya que de otro modo una parte del plusproducto en su forma natural no encontraría aplicación. Supongamos que tales desviaciones hacia arriba y hacia abajo provocan oscilaciones periódicas y crisis, de las que debemos prescindir aquí, pero en el promedio, el plusproducto sujeto a capitalización y la acumulación real deben cubrirse mutuamente.  
4) Dado que la propia producción capitalista absorbe todo su plusproducto, no se pueden encontrar límites a la acumulación de capital.  
...Marx, tras sus propias y reiteradas afirmaciones claras, se propone en general representar el proceso de acumulación de todo el capital en una sociedad que consiste sólo de capitalistas y obreros. Los pasajes que se basan en esto se encuentran en todos los tomos de «El Capital».  
En el tomo I, precisamente en el capítulo sobre «la transformación de la plusvalía en capital», se dice:  
«Para considerar el objeto de nuestra investigación en su forma completamente pura, independientemente de circunstancias accesorias que lo enturbian, debemos considerar todo el mundo comercial como una sola nación y suponer que la producción capitalista se ha afianzado en todas partes y se ha adueñado de todas las ramas de la producción» (pág. 543, nota 21a).  
En el tomo II, esta suposición aparece reiteradamente. Así, en el capítulo XVII, dedicado a la circulación de la plusvalía, leemos:  
«Pero, en general, sólo existen dos puntos de partida: el capitalista y el obrero. Las terceras personas de todas las categorías, o bien deben recibir dinero de estas dos clases por cualesquiera servicios, o bien, en la medida en que reciben dinero sin servicios de su parte, son copartícipes de la plusvalía en forma de renta, interés, etc.... Así, la clase capitalista sigue siendo el único punto de partida de la circulación monetaria» (págs. 303–304).  

Más adelante, en el mismo capítulo, se dice especialmente sobre la circulación monetaria bajo la condición de acumulación:  
...«La dificultad surge cuando suponemos la acumulación de capital dinerario no como un caso particular, sino como un fenómeno general para la clase capitalista. Según nuestra suposición —bajo el dominio general y exclusivo de la producción capitalista—, aparte de esta clase no existe absolutamente ninguna otra clase, excepto la clase obrera» (pág. 318–331).  
Lo mismo se encuentra otra vez en el capítulo XX:  
«Pues aquí sólo hay dos clases: la clase obrera, que no tiene más que su fuerza de trabajo, y la clase capitalista, a la que pertenece la propiedad monopólica de los medios de producción, entre los cuales se cuentan también el dinero» (pág. 392).  
En el 3er tomo, al caracterizar el proceso de producción capitalista en su conjunto, Marx dice con toda claridad:  
«Imaginemos que toda la sociedad se compone sólo de capitalistas y obreros asalariados. Dejemos de lado, además, las oscilaciones de precios, que impiden que partes significativas de todo el capital se repongan según sus relaciones medias y que inevitablemente deben provocar de tiempo en tiempo un estancamiento general, dada la dependencia universal entre las distintas partes del proceso de producción, tal como se desarrolla especialmente gracias al crédito. Dejemos de lado también las empresas ficticias y las operaciones especulativas, fomentadas por el sistema de crédito. Entonces, la crisis sólo podría explicarse por la desproporcionalidad de la producción en las distintas ramas y por la incongruencia entre el consumo de los propios capitalistas y su acumulación. Pero, en el estado actual de las cosas, la reposición de los capitales invertidos en la producción depende principalmente de la capacidad de consumo de las clases improductivas, mientras que la capacidad de consumo de los obreros está limitada en parte por las leyes del salario, en parte por el hecho de que los obreros sólo encuentran ocupación mientras pueden ser empleados con provecho para la clase capitalista» (parte 2ª, pág. 21). Esta última cita se refiere a la cuestión de las crisis, que no es objeto de nuestro examen; pero muestra inequívocamente que Marx, «de acuerdo  

con la situación real de las cosas», hace depender el movimiento de todo el capital sólo de tres categorías de consumidores: de los capitalistas, de los obreros y de las «clases improductivas», es decir, capas adyacentes a la clase capitalista («rey, cura, profesor, prostituta, soldado»), capas con las que en el tomo 2 de «El Capital» ajusta cuentas con pleno derecho, como representantes de una capacidad de compra derivada y, por consiguiente, partícipes en el consumo de la plusvalía o del salario.  

Finalmente, en «Theorien über den Mehrwert», t. II, parte 2, pág. 263, en el capítulo «Acumulación de capital y crisis», Marx formula las suposiciones bajo las cuales examina la acumulación del siguiente modo:  

«Aquí sólo debemos considerar las formas que recorre el capital en su diversificado desarrollo ulterior. No se desarrollan, por consiguiente, las relaciones reales dentro de las cuales transcurre el proceso real de producción. Se ha supuesto todo el tiempo que la mercancía se vende por su valor. No se ha considerado la competencia de los capitales, ni tampoco el sistema de crédito y la estructura real de la sociedad, que de ningún modo consiste sólo en la clase obrera y los capitalistas industriales, y donde los consumidores, por consiguiente, no coinciden con los productores; la primera categoría (la categoría de los consumidores, cuyos ingresos en parte no son primarios, sino secundarios, derivados de la ganancia y del salario) es aquí considerablemente más amplia que la segunda categoría de productores, y por eso el modo de gastar su ingreso y la magnitud de éste provocan en la economía, y especialmente en el proceso de circulación y reproducción del capital, muy grandes modificaciones». Por consiguiente, también aquí, donde Marx habla ya de la «estructura real de la sociedad», dirige la atención únicamente a los copartícipes en el consumo de la plusvalía y del salario, por consiguiente, sólo a las capas adyacentes a las categorías capitalistas fundamentales de la producción.  

Así pues, no está sujeto a duda alguna que Marx quiso representar el proceso de acumulación en una sociedad compuesta exclusivamente de capitalistas y obreros, bajo el dominio general y  

exclusivo del modo de producción capitalista. Pero bajo estas condiciones, su esquema no admite otra interpretación que la producción por la producción».  

304. «unerfindlich»*  
en M[arx] «für wen»**  
[unerfindlich].  

...La parte capitalizada de la plusvalía, de 231 acuerdo con la suposición de Marx en el 1er tomo de «El Capital», aparece inmediatamente en forma de medios de producción adicionales y de medios de subsistencia para los obreros. Ambos sirven para la ampliación cada vez mayor de la producción en los departamentos I y II. Para quién [Für wen] se produce esta progresiva ampliación de la producción, es imposible de determinar [unerfindlich] sobre la base de las premisas del esquema marxiano.  

...Así pues, ¿quién realiza la plusvalía en constante aumento? El esquema responde: los propios capitalistas, y sólo ellos. ¿Y qué hacen ellos con su creciente plusvalía? El esquema responde: la emplean para la ampliación cada vez mayor de su producción. Estos capitalistas son, por tanto, fanáticos [Fanatiker] de la ampliación de la producción por la ampliación de la producción. Construyen nuevas máquinas para, a su vez, construir con ellas nuevas máquinas. Aquello a lo que así llegamos no es la acumulación de capital, sino la producción ampliada de medios de producción sin objetivo alguno, y sólo la audacia y el amor a las paradojas de Tugán-Baranovski son capaces de tomar este carrusel que gira incesantemente en el espacio vacío por un fiel reflejo teórico de la actividad capitalista y por una verdadera conclusión de la doctrina de Marx.  

305: «¡el esquema  
cont[radice] la teoría  
de M[arx]»!! Fanati-  
ker etc. (com[ienzo])  
— fraseología.  

Aparte del esbozo de análisis de la reproducción ampliada, interrumpido al comienzo mismo, que encontramos en el segundo tomo de «El Capital», Marx dio una exposición muy detallada y clara de su concepción general del curso característico de la acumulación capitalista a lo largo de toda su obra, especialmente en el tercer tomo. Y basta con meditar sobre esta concepción para convencerse sin dificultad de la insuficiencia del esquema dado al final del segundo tomo.  

* «no puede ser determinado». Ed.  
** «para quién». Ed.  

Si se examina el esquema de la reproducción ampliada precisamente desde el punto de vista de la teoría de Marx, se llega inevitablemente a la conclusión de que en muchos aspectos se encuentra en contradicción con esta teoría.  

233 ...Pero si, de acuerdo con el curso real de las cosas, admitimos que de año en año sólo tiene lugar un crecimiento más rápido del capital constante y un crecimiento más lento del capital variable, y que tenemos una tasa creciente de plusvalía, se pondrá de manifiesto una incongruencia entre la composición material del producto social y la composición de valor del capital. El método en el esquema marxiano para el incremento del capital no es la relación invariable del capital constante al variable 5 : 1, sino una composición progresivamente creciente, por ejemplo: para el segundo año 6 : 1, para el tercer año 7 : 1, para el cuarto 8 : 1. Admitamos además que, de acuerdo con la mayor productividad del trabajo, tenemos una tasa de plusvalía en continuo aumento —supongamos que, en lugar de la tasa constante de plusvalía del 100%, a pesar del capital variable relativamente decreciente, tomamos cada vez la plusvalía que se aceptaba para los años correspondientes en el esquema marxiano—. Finalmente, partamos de que cada vez se capitaliza la mitad de la plusvalía apropiada (exceptuando el departamento II, el cual, según la suposición de Marx, en el primer año capitaliza más de la mitad, a saber, 184 de 285 m). Entonces obtendremos el siguiente resultado:  

Primer año.  
I. 5000 c + 1000 v + 1000 m = 7000 (medios de producción)  
II. 1430 c + 285 v + 285 m = 2000 (medios de consumo)  

Segundo año.  
I. 5428⁴/₇ c + 1071³/₇ v + 1083 m = 7583  
II. 1587⁵/₇ c + 311²/₇ v + 316 m = 2215.  

Tercer año.  
I. 5903 c + 1139 v + 1173 m = 8215.  
II. 1726 c + 331 v + 342 m = 2399.  

307 i. f. ejemplito «no  
cuadra».  

Cuarto año.  

I. 6424 c + 1205 v + 1271 m = 8900.  
II. 1879 c + 350 v + 371 m = 2600.  

Si la acumulación tuviera lugar de este modo, se pondría de manifiesto un déficit en medios de producción: en el segundo año de 16, en el tercero de 45, en el cuarto de 88. Simultáneamente con esto habría un excedente de medios de consumo: en el segundo año de 16, en el tercero de 45, en el cuarto de 88.»  

...«Está claro que la composición orgánica 236 progresivamente creciente del capital, es decir, el crecimiento más rápido del capital constante en comparación con el variable, debe encontrar su expresión material en el crecimiento más rápido de la producción de medios de producción (departamento I) en comparación con la producción de medios de consumo (departamento II). Pero semejantes desviaciones en el ritmo de acumulación de ambos departamentos quedan directa y absolutamente excluidas [direkt ausgeschlossen] por el esquema marxiano, basado en la más estricta uniformidad de la acumulación. En sí mismo, nada impide suponer que la sociedad, con el progreso de la acumulación y de su base técnica, aplica una parte continuamente creciente de la plusvalía capitalizada al departamento de medios de producción, en lugar de aplicarla al departamento de medios de consumo. Dado que ambos departamentos de la producción representan sólo ramas de una misma producción social total o, si se quiere, partes de una empresa única del capitalista colectivo, nada se puede objetar contra la suposición de este tipo de transferencia progresiva de una parte de la plusvalía acumulada —de acuerdo con las exigencias técnicas— de un departamento al otro; corresponde también a la práctica real del capital. Pero esta suposición es posible sólo en la medida en que consideremos la plusvalía destinada a la capitalización como una cierta masa de valor. Esa parte de la plusvalía queda vinculada, no obstante, en el esquema de Marx y sus relaciones, a una forma material determinada, destinada  

310. in f. en M[arx]  
«dir[ekt] ausge-  
schl[ossen]»* > creci-  
[miento] de I sobre II.  

311. «schlecht[erdings]  
nicht zu erreichen»  
crecimiento del departamento I más rápido que el crecimiento del departamento II.** ???  

* «directamente excluidas». Ed.  
** no puede ser alcanzado de ningún modo. Ed.  

directamente a la capitalización. Así, la plusvalía del departamento II se presenta en forma de medios de consumo. Y dado que esta plusvalía sólo puede ser realizada por el departamento I, la planeada transferencia de una parte de la plusvalía capitalizada del departamento II al departamento I se estrella, en primer lugar, contra la forma material de esta plusvalía, con la que el departamento I, evidentemente, no puede hacer nada, y, en segundo lugar, contra las relaciones de intercambio entre ambos departamentos, que condicionan la circunstancia de que a la transferencia de una parte de la plusvalía en productos de II al departamento I debe corresponder una transferencia por igual valor de productos de I al departamento II. Así, dentro de los nexos del esquema marxiano no puede ser alcanzado [schlechterdings nicht zu erreichen] el crecimiento del departamento I más rápido que el crecimiento del departamento II.  
Por consiguiente, por más que consideremos el cambio técnico del modo de producción en el proceso de acumulación, no puede ser llevado a cabo sin violar las relaciones fundamentales del esquema marxiano.  
237 ... En un pasaje de sus «Teorías», Marx declara explícitamente que él «aquí no considera en absoluto el caso en que se ha acumulado más capital que la masa que se puede emplear en la producción, y cuando ésta, por ejemplo, yace ociosamente en forma de dinero en manos de los banqueros. De ahí los préstamos de dinero al extranjero, etc.». Marx señala que estos fenómenos pertenecen al capítulo sobre la competencia. Pero es importante establecer que su esquema excluye directamente la formación de este tipo de capital excedente.  
La competencia, por muy ampliamente que entendamos este concepto, no puede, evidentemente, crear ni valores ni, por consiguiente, capital, que no se hayan obtenido del proceso de reproducción. El esquema excluye así la ampliación a saltos [die sprunghafte Erweiterung] de la producción. Sólo admite la ampliación  

312. [©] El esquema  
excl[uye] sprunghafte  
Erweiterung* ???  
[313]. ¡¡¡contra[dice]  
el tomo III!!!  

* ampliación a saltos. Ed.  

continua de la misma, que va al mismo paso que  
la formación de plusvalía y descansa en la identidad  
de la realización y la capitalización de la plusvalía.»  

... Finalmente, el esquema contradice la con- 238–9  
cepción del proceso capitalista en su conjunto y  
su curso, tal como fue caracterizado por Marx en  
el tomo III de «El Capital». La idea fundamental de  
esta comprensión consiste en la contradicción inma-  
nente entre la capacidad ilimitada de expansión de la  
fuerza productiva y la limitada capacidad de expansión  
del consumo social bajo las relaciones capitalistas  
de distribución. En el capítulo 15, dedicado al «desa-  
rrollo de las contradicciones internas de la ley» (de  
la caída de la tasa de ganancia), Marx da el  
siguiente cuadro detallado:  

«Suponiendo la existencia de los medios de pro-  
ducción necesarios, es decir, suficiente acumulación  
de capital, la creación de plusvalía, con una tasa de  
plusvalía dada, por consiguiente, con un grado dado  
de explotación del trabajo, encuentra su límite sólo  
en la población obrera, y con una población obrera  
dada encuentra su límite sólo en el grado de explo-  
tación del trabajo. Y el proceso capitalista de pro-  
ducción consiste esencialmente en la producción de  
plusvalía, representada por el plusproducto o por la  
parte correspondiente de las mercancías producidas,  
en la que se ha materializado trabajo impagado.  
Nunca debe olvidarse que la producción de esta plus-  
valía —y la reconversión de una parte de ella en  
capital o acumulación forma parte integral de esa  
producción de plusvalía— es el fin directo y el mo-  
tivo determinante de la producción capitalista. Por  
eso, nunca se la puede representar como lo que no  
es, a saber, como una producción que tiene como  
fin directo el consumo o la fabricación de artículos  
de consumo para los capitalistas (y, por supuesto,  
menos aún para los obreros. R. L.). Con ello se olvi-  
daría por completo su carácter específico, que en-  
cuentra expresión en todas las relaciones internas  
de esta producción. La extracción de esa plusvalía  

314–5. Cita de III, 1,  
224 = El des[arrollo]  
d[el] cap[italismo]  
págs. 18–19*.  

constituye el proceso directo de producción, para  
el cual, como hemos dicho, no existen otros límites  
que los señalados más arriba. Tan pronto como la  
cantidad de plustrabajo que se puede exprimir se ha  
materializado en mercancías, la plusvalía está produ-  
cida, pero con esta producción de plusvalía sólo está  
terminado el primer acto del proceso de producción  
capitalista: el proceso directo de producción. El capi-  
tal ha absorbido tal o cual cantidad de trabajo impa-  
gado. Con el desarrollo del proceso, que se expresa  
en la baja de la tasa de ganancia, la masa de plus-  
valía así producida alcanza dimensiones monstruo-  
sas. Ahora comienza el segundo acto del proceso.  
Toda la masa de mercancías, todo el producto, tanto  
la parte que contiene el capital constante y variable,  
como la parte que representa la plusvalía, debe ser  
vendida. Si esto no ocurre, o si ocurre sólo en parte,  
o si la mercancía se vende sólo a precios inferiores  
a los precios de producción, entonces, aunque el  
obrero haya sido explotado, esta explotación no se  
realiza como tal para el capitalista, pudiendo no pro-  
ducirse en absoluto la realización de la plusvalía ex-  
primida, o producirse sólo una realización parcial  
de la misma, unida a la pérdida de parte o incluso  
de todo el capital. Las condiciones de la explotación  
directa y las condiciones de su realización no son  
idénticas. No coinciden no sólo en el lugar y el  
tiempo, sino también en concepto. Las primeras  
están limitadas sólo por la fuerza productiva de la  
sociedad, las segundas por la proporcionalidad de las  
distintas ramas de la producción y por la capacidad  
de consumo de la sociedad. Pero esta última no está  
determinada ni por la fuerza productiva absoluta ni  
por la capacidad de consumo absoluta, sino por la  
capacidad de consumo sobre la base de relaciones an-  
tagónicas de distribución, que reducen el consumo de  
la enorme masa de la sociedad a un mínimo, variable  
sólo dentro de límites más o menos estrechos. Ella  
está limitada además por la tendencia a la acumula-  
ción, al aumento del capital y a la producción de plus-  
valía en escala ampliada. Esta es la ley de la pro-  
ducción capitalista, dictada por las constantes revolu-  
ciones en los propios métodos de producción, la des-  
valorización del capital existente que constantemente  
acompaña a tales conmociones, la lucha general de  
competencia, la necesidad de perfeccionar la pro-  
ducción y ampliar su escala en aras de la simple  
conservación y bajo la amenaza de la ruina. Por eso,  
el mercado debe ampliarse constantemente, de modo  
que la interdependencia de las relaciones mercan-  
tiles y las condiciones que las determinan adquieren  
cada vez más el carácter de una ley natural indepen-  
diente de los productores y se sustraen cada vez más  
al control. La contradicción interna tiende a encon-  
trar su solución en la ampliación del campo externo  
de la producción. Pero cuanto más se desarrolla la  
fuerza productiva, tanto más entra en contradicción  
con la estrecha base sobre la que descansa el con-  
sumo. Sobre esta base, llena de contradicciones, no  
es en absoluto una contradicción el fenómeno de que  
el excedente de capital esté ligado a un excedente  
creciente de población, porque aunque uniendo el exce-  
dente de capital con el excedente de población aumen-  
taría la masa de plusvalía producida, precisamente por  
eso aumentaría también la contradicción entre las  
condiciones bajo las cuales se produce esta plusvalía  
y las condiciones bajo las cuales se realiza.»  

...Citaremos otro pasaje de Marx, que 240–1  
muestra claramente que Marx era completamente  
ajeno a la idea de Tugán-Baranovski sobre la pro-  
ducción por la producción: «Además, como hemos  
visto (libro II, sección III), se realiza una circulación  
continua entre el capital constante y el capital va-  
riable (incluso dejando de lado la aceleración de la  
acumulación), circulación que, en primer lugar, es  
independiente del consumo personal en el sentido  
de que nunca entra en él, pero que en última instan-  
cia está limitada por el consumo personal, porque la  
producción de capital constante no se realiza por  
él mismo, sino sólo porque él se consume más en  
aquellas ramas de producción cuyos productos en-  
tran en el consumo personal.»  

...Que Marx identificaba en realidad las 243  
condiciones de acumulación de todo el capital con las  
condiciones de acumulación del capital individual, lo  
confirma él mismo claramente en el siguiente pasaje:  

* Véase Lenin, Obras, t. III, pág. 30. Ed.  

317. Cita III, 1, 289  
= El des[arrollo]  
d[el] cap[italismo] 17  
de arr[iba]*  

320: cont[ra] M[arx].  
NB. espec[ialmente]  
i. f.  

«La cuestión debe ahora formularse así: suponiendo una acumulación general, es decir, suponiendo que en todas las ramas de la producción el capital se acumula más o menos —y esto es en realidad la condición de la producción capitalista, el motivo impulsor de los capitalistas como tales, así como la convicción del atesorador que lo impulsa a la acumulación de dinero (esto es necesario también para que la producción capitalista continúe)—, ¿en qué consisten las condiciones de esta acumulación general y en qué se expresa esta última?»  
Y él responde: «Por consiguiente, las condiciones para la acumulación de capital son exactamente las mismas que para su producción y reproducción originaria en general. Pero estas condiciones consisten en que con una parte del dinero se compre trabajo, y con otra parte mercancías (materias primas, máquinas, etc.)». «Por consiguiente, la acumulación de nuevo capital sólo puede ocurrir bajo las mismas condiciones bajo las cuales ocurre la reproducción del capital ya existente».  
En realidad, las condiciones reales para la acumulación de todo el capital social son completamente distintas que para el capital individual y para la reproducción simple. El problema descansa en la pregunta: ¿cómo se configura la reproducción social bajo la condición de que una parte creciente de la plusvalía no será consumida por los capitalistas, sino invertida en la ampliación de la producción? El gasto del producto social —dejamos de lado la reposición del capital constante— sólo en el consumo de los obreros y capitalistas queda aquí excluido de antemano, y esta circunstancia es el momento esencialísimo del problema. Pero con esto queda excluida también la posibilidad de realización de todo el producto por los propios obreros y capitalistas. Ellos mismos están en condiciones de realizar sólo el capital variable, la parte utilizada del capital constante y la parte consumida de la plusvalía; pueden asegurar así sólo las condiciones para la renovación de la producción en la escala anterior. Por el contrario, la parte de la plusvalía destinada a la capitalización no puede ser realizada de ningún modo por los propios obreros y capitalistas. Por consiguiente, la realización  

320–321 NB «unlösbare  
Aufgabe»*.  

322: «Ergänzen»**!!  

de la plusvalía con fines de acumulación en una  
sociedad que consiste sólo de obreros y capitalistas  
es una tarea insoluble [eine unlösbare Aufgabe]».  

Sólo el profundísimo análisis y la exacta 214  
representación esquemática de todo el proceso de  
producción social, dados por Marx, precisamente su  
genial elaboración del problema de la reproducción  
simple, sólo ellos hicieron posible descubrir el pro-  
blema candente de la cuestión de la acumulación  
y el punto débil de las tentativas anteriores de su  
solución. El análisis de la acumulación de todo el  
capital, que se interrumpe en Marx al comienzo  
mismo y que, además, como se ha mencionado, está  
dominado por una polémica contra el análisis smi-  
thiano, desfavorable para el problema, no dio direc-  
tamente ninguna solución acabada del problema; por  
el contrario, está dificultado por la suposición de la  
existencia del dominio indiviso del modo capitalista  
de producción. Pero precisamente todo el análisis de  
la reproducción simple en Marx y la caracterización  
de todo el proceso capitalista con sus contradicciones  
internas y su desarrollo (en el tomo III de «El Ca-  
pital») contienen implícitamente la solución del pro-  
blema de la acumulación también, una solución que  
concuerda con las restantes partes de la doctrina de  
Marx, con la experiencia histórica y la práctica co-  
tidiana del capitalismo, y con ello hacen posible  
complementar [zu ergänzen] la investigación con lo  
que falta en el esquema. Examinado más de cerca,  
el esquema mismo de la reproducción ampliada pone  
de manifiesto su insuficiencia en todos los aspectos  
y señala circunstancias que están fuera de la acu-  
mulación y producción capitalistas.  

...La realización de la plusvalía es, en reali- 244–5  
dad, la cuestión vital de la acumulación capitalista.  
Si, para simplificar, dejamos completamente de lado  
el fondo de consumo de los capitalistas, la realización  
de la plusvalía, como primera condición, exigirá un  
círculo de compradores fuera de la sociedad capita-  
lista. Decimos compradores, no consumidores, pues,  
al hablar de la realización de la plusvalía,  

* «tarea insoluble». Ed.  
** complementar. Ed.  

[322] no cons[ume]  
ni el cap[italista] ni el  
obr[ero], prod[uctores]  
no cap[italistas]  

[343]  

325 M[ehr]w[ert]* en  
prod[uctores] no  
cap[italistas] =  
|¡V. V.!|..  

327: ¡¡¡no sól[o] ca-  
pitalistas!!!  

no decimos nada de antemano sobre la forma mate-  
rial de ella. Lo decisivo es que la plusvalía no puede  
ser realizada ni por los obreros ni por los capitalistas,  
sino sólo por capas sociales o sociedades que ellas  
mismas no producen capitalísticamente. Son concebi-  
bles aquí dos casos distintos. La producción capita-  
lista suministra medios de consumo en cantidad supe-  
rior a sus propias necesidades (las necesidades de los  
obreros y capitalistas), y los compradores de estos  
medios de consumo son capas y países no capitalis-  
tas. Tal es, por ejemplo, la industria algodonera in-  
glesa, que durante los dos primeros tercios del siglo  
XIX (y en parte aún ahora) suministraba tejidos de  
algodón al campesinado y a la pequeña burguesía  
urbana del continente europeo, así como al campesi-  
nado de la India, América, África, etc. Aquí tenemos  
que habérnoslas con el consumo de capas y países  
no capitalistas, que creó la base para el colosal de-  
sarrollo de la industria algodonera en Inglaterra».  

247  

...«Esta concepción, que descansa sobre el ca-  
rácter autosuficiente y el aislamiento de la producción  
capitalista, como hemos visto, naufraga en la realiza-  
ción de la plusvalía [der Mehrwert]. Si admitimos  
que la plusvalía se realiza fuera de la producción  
capitalista, con esto queda dado ya que su forma ma-  
terial no tiene ninguna relación con las necesidades  
de la propia producción capitalista. Su forma mate-  
rial corresponde a las necesidades de aquellos círcu-  
los no capitalistas que hacen posible su realización.  
Por eso, la plusvalía capitalista puede aparecer ya  
sea en forma de medios de consumo, como, por ejem-  
plo, tejidos de algodón, ya sea en forma de medios  
de producción, como, por ejemplo, materiales para fe-  
rrocarriles.»  

249  

...No se puede entender en absoluto por qué  
todos los medios de producción y medios de consumo  
necesarios deben ser producidos sólo capitalística-  
mente. Es cierto que precisamente esta suposición  
está en la base del esquema marxiano de acumula-  
ción, pero  

* Plusvalía. Ed.  

328. «El m[odo] de  
p[roducción] cap[ita-  
lista]» se limita  
princ[ipalmente] a  
la «ind[ustria]» ¡Ja-ja!  

330. ¡¡Impos[ibilidad]  
de la realiz[ación] ca-  
pitalista del M[ehr]-  
w[ert]!!  

ella no corresponde ni a la práctica cotidiana y a  
la historia del capital, ni al carácter específico de  
este modo de producción».  

...En general, el modo de producción capita- 250  
lista hasta el presente se ha limitado principalmente  
a la industria de los países de clima templado, mien-  
tras que, por ejemplo, en el este y en el sur ha hecho  
sólo progresos relativamente insignificantes.  

...Los ejemplos anteriores debían sólo aclarar 251  
el hecho de que, por lo menos, la plusvalía sujeta  
a capitalización [der zu kapitalisierende Mehrwert]  
y la parte correspondiente de la masa capitalista de  
productos no pueden ser realizadas de ningún modo  
dentro de los círculos capitalistas y que deben bus-  
car necesariamente compradores fuera de estos círcu-  
los: en capas y formas sociales productoras no ca-  
pitalistas.  

...Al analizar la acumulación del capital indi- 252–4  
vidual, Marx responde a esta pregunta del siguiente  
modo: «Pero, para hacer que estos elementos funcio-  
nen realmente como capital, la clase capitalista nece-  
sita una cantidad adicional de trabajo. Si la explo-  
tación de los obreros ya ocupados no puede ser au-  
mentada extensiva o intensivamente, entonces, evi-  
dentemente, deben emplearse fuerzas de trabajo adi-  
cionales. Pero de esto también se ha ocupado el me-  
canismo mismo de la producción capitalista: repro-  
duce a la clase obrera como clase dependiente del  
salario, cuyo nivel habitual es suficiente no sólo para  
su autoconservación, sino también para su multipli-  
cación. Estas fuerzas de trabajo adicionales de dife-  
rentes edades son suministradas anualmente al ca-  
pital por la propia clase obrera, de modo que sólo  
queda unirlas con los medios de producción adicio-  
nales contenidos ya en el producto de la producción  
anual, y la transformación de la plusvalía en capital  
está lista». El aumento del capital variable se reduce  
aquí exclusiva y directamente al incremento natural  
de la clase obrera que se encuentra ya bajo el do-  
minio del capital, gracias a la multiplicación. Esto  
corresponde también exactamente al esquema de la  
reproducción ampliada, que, según la suposición  
de Marx, reconoce a los capitalistas y obreros como  
las únicas clases sociales, y a la producción capita-  
lista como el único y absoluto modo de producción.  
Bajo estas suposiciones, la multiplicación natural de  
la clase obrera es la única fuente del aumento de  
las fuerzas de trabajo existentes que se encuentran  
bajo el poder del capital. Esta concepción contradice,  
sin embargo, las leyes del movimiento de la acumu-  
lación. La multiplicación natural de los obreros no  
está, ni en el tiempo ni en cantidad, en relación  
alguna con las necesidades del capital que se acu-  
mula. En especial, no está en condiciones de ajus-  
tarse, como lo mostró brillantemente el propio Marx,  
a las necesidades del capital que surgen a causa de  
su repentina expansión. La multiplicación natural de  
la clase obrera como única base del movimiento del  
capital excluiría el proceso de acumulación en el  
cambio periódico de coyuntura alta y baja y en la  
expansión a saltos del campo de producción y, a cau-  
sa de esto, haría imposible la propia acumulación.  
Esta última no debe estar limitada ni por el creci-  
miento del capital variable, ni por el elemento del  
capital constante; por consiguiente, debe poseer una  
capacidad ilimitada de disponer del aflujo de fuerza  
de trabajo. Según el análisis de Marx, esta exigencia  
encuentra su expresión exacta en la formación del  
«ejército industrial de reserva de obreros». Es cierto  
que el esquema marxiano de la reproducción ampliada  
no conoce este ejército de reserva y no deja lugar  
para él. El ejército industrial de reserva no puede  
formarse a consecuencia de la multiplicación natural  
del proletariado asalariado capitalista. Necesita otros  
depósitos sociales de donde le afluyera la fuerza de  
trabajo; éstos son obreros que no estaban antes bajo  
el poder del capital y sólo en la medida de la nece-  
sidad son incorporados a las filas del proletariado.  
Estas fuerzas de trabajo adicionales, la producción  
capitalista puede obtenerlas constantemente sólo de  
capas y países no capitalistas. En su análisis del  
ejército industrial de reserva («El Capital», t. I, ca-  
pítulo 23, pág. 4), Marx toma en consideración sólo:  
1) el desplazamiento de obreros viejos por las má-  
quinas, 2) la atracción a la ciudad de obreros rurales  
como consecuencia del dominio  

332. Crec[imiento] de v  
mediante aum[ento]  
de la pobl[ación]  
«contra[dice] las  
l[eyes] de acum[ula-  
ción]»  

332–3: ¡Esto sí que es  
un lío!  

337: Raíz del error...  
«undenkbar»* NB||  

de la producción capitalista en la agricultura, 3) obre-  
ros con ocupaciones irregulares rechazados por la  
industria y, finalmente, 4) como capa inferior de la  
superpoblación relativa, el pauperismo. Todas estas  
categorías representan, en diferentes formas, elemen-  
tos arrojados por la borda de la producción capita-  
lista: obreros asalariados que de una u otra forma  
han sido utilizados y puestos en la calle. Los obreros  
agrícolas que constantemente emigran a la ciudad,  
según Marx, también son proletarios asalariados, que  
antes estaban ya bajo el dominio del capital agrícola  
y ahora sólo han pasado a la dependencia del capital  
industrial. Marx tenía aquí en cuenta, evidentemente,  
las relaciones inglesas en una alta fase del desarrollo  
capitalista. En esta conexión no examina la cuestión  
de dónde afluye constantemente este proletariado  
urbano y rural, y no tiene en cuenta la fuente más  
importante de este aflujo en las condiciones del con-  
tinente europeo: la constante proletarización de las  
capas medias de la ciudad y el campo, la decadencia  
de la economía campesina y de la pequeña industria  
artesanal; no tiene en cuenta, por tanto, precisa-  
mente el tránsito constante de fuerzas de trabajo  
de condiciones no capitalistas a condiciones capita-  
listas, como producto no del modo de producción  
capitalista, sino de los modos de producción preca-  
pitalistas en el proceso progresivo de su ruina y  
descomposición. Pero aquí pertenece no sólo la des-  
composición de la economía campesina europea y  
de la artesanía, sino también la descomposición de  
las diversas formas primitivas de producción y so-  
ciales en los países extraeuropeos.  

... El proceso de acumulación del capital, con 260  
todas sus relaciones de valor y sus relaciones ma-  
teriales —con su capital constante, su capital variable  
y su plusvalía—, está vinculado a las formas de pro-  
ducción no capitalistas. Estas últimas constituyen el  
medio histórico dado para el proceso de acumulación  
del capital. La acumulación de capital es impensable  
[undenkbar] si se supone el dominio exclusivo y ab-  
soluto del modo de producción capitalista; más aún,  
sin el medio no capitalista  

* «impensable». Ed.  

[337] instinto correc-  
to en Sismondi.  

no es en absoluto pensable.  
Es cierto que Sismondi y sus seguidores mostraron  
un instinto correcto [einen richtigen Instinkt] res-  
pecto a las condiciones de existencia de la acumula-  
ción, cuando reducían sus dificultades únicamente  
a la realización de la plusvalía. Entre las condiciones  
de realización de la plusvalía y las condiciones de  
ampliación del capital constante y variable en su  
forma material, hay una diferencia esencial. El ca-  
pital no puede prescindir de los medios de produc-  
ción y de las fuerzas de trabajo de todo el globo  
terrestre: para el desarrollo sin trabas del proceso  
de su acumulación necesita de las riquezas naturales  
y de las fuerzas de trabajo de todas las zonas de la  
tierra. Pero como estas últimas en la aplastante ma-  
yoría de los casos se encuentran de hecho bajo el  
poder de modos de producción precapitalistas —y  
estos últimos son el medio histórico de la acumula-  
ción del capital—, de aquí se deriva el incontenible  
afán del capital de conquistar los correspondientes  
países y sociedades. En esencia, para la producción  
capitalista servirían también, por ejemplo, las plan-  
taciones de caucho cultivadas capitalísticamente, que  
ya se han establecido en la India; pero el dominio  
de hecho de las relaciones sociales no capitalistas  
en los países de esas ramas de producción crea en  
el capital el afán de someter a sí esos países y socie-  
dades; con ello, las relaciones primitivas de estos  
últimos hacen posibles procedimientos de acumula-  
ción exclusivamente rápidos y violentos, que serían  
completamente impensables bajo relaciones sociales  
puramente capitalistas.  

Otra cosa ocurre con la realización de la plus-  
valía. Ella está ligada de antemano a producto-  
res y consumidores no capitalistas como tales. Por  
consiguiente, la existencia de compradores no capi-  
talistas de la plusvalía es la condición directa de  
existencia del capital y de su acumulación, y, por  
tanto, la cuestión decisiva del problema de la acumu-  
lación de capital.  

La acumulación capitalista, como proceso so-  
cial, de hecho está vinculada en todos los aspectos  
con capas y formas sociales no capitalistas.  

338: sol[ución] del  
prob[lema] entre am-  
bos ext[remos]  

[338] merc[ado] exte-  
[rior] = ¡¡medio social  
no capitalista!!  

Así pues, la solución del problema por el que  
se ha discutido en economía política durante casi  
un siglo entero, se sitúa entre dos extremos: entre  
el escepticismo pequeñoburgués de Sismondi, Kirch-  
mann, Vorontsov y Nicolás—on, que consideraban  
imposible la acumulación, y el grosero optimismo  
de Ricardo, Say, Tugán-Baranovski, para quienes el  
capital mismo puede fecundarse ilimitadamente y,  
por consiguiente —es sólo una conclusión lógica—,  
existir eternamente. La solución del problema en el  
espíritu de la doctrina de Marx consiste en la con-  
tradicción dialéctica: la acumulación capitalista ne-  
cesita para su movimiento de formaciones sociales no  
capitalistas como de un medio que la rodea; pro-  
gresa en un intercambio constante de sustancias con  
estas formaciones y puede existir sólo hasta que en-  
cuentra este medio.  

Partiendo de esto, se pueden revisar los con-  
ceptos de comercio interior y exterior, que desem-  
peñan un papel tan enorme en la discusión teórica  
sobre el problema de la acumulación. Los mercados  
interior y exterior desempeñan, indudablemente, un  
papel enorme y profundamente distinto en el curso  
del desarrollo capitalista, pero no como conceptos de  
geografía política, sino como conceptos de economía  
social. Desde el punto de vista de la producción capi-  
talista, el mercado interior es el mercado capitalista,  
esta misma producción, tanto como comprador de  
sus propios productos, como fuente de sus propios  
elementos de producción. El mercado exterior para  
el capital es el medio social no capitalista que lo  
rodea, que absorbe sus productos y le suministra  
elementos de producción y fuerza de trabajo. Desde  
este punto de vista, del punto de vista económico,  
Alemania e Inglaterra en su intercambio mutuo de  
mercancías son mutuamente, por excelencia, merca-  
dos interiores, capitalistas, mientras que el intercam-  
bio entre la industria alemana y los campesinos ale-  
manes, como consumidores y productores, representa  
para el capital alemán relaciones de mercado exte-  
rior.  

...Para su existencia y posterior desarrollo, el 258  
capitalismo necesita de formas de producción no ca-  
pitalistas como medio que lo rodea.  

340: Absatz für  
M[ehr]w[ert]* en el  
medio no cap[ita-  
lista] disparate  
id[em] 343 («Mehr-  
prod[ukt]»)**  

¡Divertido! «Capítulo  
28: Introducción de la  
ec[onomía] merc[an-  
til]». Al principio:  
«realización» del  
M[eh]rw[ert] (S. 359,  
2ª línea del capítulo),  
— — ¡y un relato sobre  
la intr[oducción] for-  
z[osa] del opio en  
China!!! El relato es  
m[uy] y m[uy] intere-  
sante, detallado: cuán-  
tos juncos fueron hun-  
didos el 7. IX. 1839,  
etc.!! ¡Oh, erudición!  

[Cap. 29] Opio en  
China — cita de N.—  
on*** sobre «bonanza  
farms»**** y similares  
— los bóers, tort[ura]  
de negros en Sud[áfri-  
ca], etc. Ruidoso, abi-  
garrado, vacuo.  

Pe-  
ro no todas estas formas le sirven. Necesita capas  
sociales no capitalistas como mercado para su plus-  
valía [als Absatzmarkt für seinen Mehrwert], como  
fuente de sus medios de producción y como depósito  
de fuerzas de trabajo para el sistema de trabajo asa-  
lariado.  

...La violencia es aquí la consecuencia direc- 296–7  
ta del choque del capitalismo con las formaciones  
económico-naturales que ponen límites a su acumu-  
lación. Sin sus medios de producción y fuerzas de  
trabajo, puede prescindir tan poco como sin su de-  
manda de su plusproducto [nach seinem Mehrprodukt].  

El resultado general de la lucha entre el capi-  
talismo y la economía mercantil simple consiste en  
lo siguiente: después de haber colocado a la econo-  
mía mercantil en lugar de la natural, el capital mis-  
mo se coloca en lugar de la economía mercantil simple.  
Por consiguiente, si el capitalismo vive de las for-  
maciones no capitalistas, él, dicho con más precisión,  
vive de la ruina de estas formaciones, y si para la  
acumulación necesita incondicionalmente un medio  
no capitalista, lo necesita como suelo nutritivo a cu-  

* Mercado para la plusvalía. Ed.  
** plusproducto. Ed.  
*** En la ed. rusa, pág. 290, nota. Ed.  
**** «bonanza farms» — gran empresa agrícola capitalista. Véase «La acumulación de capital», pág. 285. Compárese N.—on. «Ensayos sobre nuestra economía social posreforma» (1892), cap. XVI, especialmente págs. 226–228. Ed.  

ya costa se realiza la acumulación, succionando sus ju-  
gos. Desde el punto de vista histórico, la acumulación  
de capital es un proceso de intercambio de sustan-  
cias entre los modos de producción capitalistas y  
precapitalistas. Sin los modos de producción preca-  
pitalistas, la acumulación no puede tener lugar; la  
propia acumulación consiste, desde este punto de  
vista, en la erosión y asimilación de estos modos  
de producción. Por eso, la acumulación de capital  
sin formaciones no capitalistas es tan imposible co-  
mo lo es la supervivencia de estas últimas junto a  
la acumulación capitalista. Sólo en la constante y  
progresiva destrucción de las formaciones no capi-  
talistas están dadas las condiciones para la acumula-  
ción de capital.  

Así, pues, lo que Marx aceptó como premisa  
de su esquema de acumulación corresponde sólo a  
la tendencia histórica objetiva del proceso de acu-  
mulación y a su resultado final teórico. El proceso  
de acumulación tiene la tendencia a colocar en todas  
partes, en lugar de la economía natural, la econo-  
mía mercantil simple, y en lugar de esta última,  
la economía capitalista: tiende a realizar en todos los  
países y ramas el dominio absoluto de la producción  
capitalista como modo de producción único y exclu-  
sivo.  

Pero aquí comienza el callejón sin salida. Una  
vez alcanzado el resultado final —lo que es, no obs-  
tante, una construcción teórica—, la acumulación se  
vuelve imposible: la realización y capitalización de  
la plusvalía se convierten en una tarea insoluble. Eл  
esquema marxiano de la reproducción ampliada, en  
el momento de su correspondencia con la realidad,  
significa el desenlace, la frontera histórica del pro-  
ceso de acumulación y, por consiguiente, el fin de  
la producción capitalista. La imposibilidad de la acu-  
mulación significa, desde el punto de vista capita-  
lista, la imposibilidad del desarrollo ulterior de las  
fuerzas productivas y, por consiguiente, la necesidad  
histórica objetiva de la ruina del capitalismo. De aquí  
se desprende el movimiento lleno de contradicciones  
de la última fase, la fase imperialista del capital,  
como período final de su camino histórico.  

Así, pues, el esquema marxiano de la reproduc-  
ción ampliada no corresponde a las condiciones de la  
acumulación mientras ésta progresa: no puede ocurrir  
con la existencia de las determinadas interrelaciones  
y dependencias que existen entre ambos grandes de-  
partamentos de la producción social (entre el depar-  
tamento de medios de producción y el departamento  
de medios de subsistencia), tal como están formula-  
dos en el esquema. La acumulación no es sólo una  
relación interna entre las ramas de la economía ca-  
pitalista: es, ante todo, una relación entre el capital  
y el medio no capitalista; en este medio, cada una de  
las dos grandes ramas de la producción puede en  
parte llevar el proceso de acumulación independien-  
temente, con independencia de la otra, cruzándose  
y absorbiéndose mutuamente los movimientos de am-  
bas ramas a cada paso. Las complejas relaciones que  
de aquí resultan, la diferencia en el ritmo y la di-  
rección del curso de la acumulación en ambos de-  
partamentos, sus relaciones materiales y relaciones  
de valor con las formas de producción no capitalistas  
no se prestan a una expresión esquemática exacta.  
El esquema marxiano de acumulación es sólo la ex-  
presión teórica para aquel momento en que el do-  
minio del capital alcanza su último límite. En este  
sentido es una ficción científica similar a su esquema  
de la reproducción simple, que da la formulación  
teórica del punto de partida de la producción capi-  
talista. Pero entre estas dos ficciones se halla el co-  
nocimiento exacto de la acumulación de capital y de  
sus leyes.  

299  

Estas contradicciones del sistema internacional  
de empréstitos son el mejor indicador de hasta qué  
punto las condiciones de realización y las condiciones  
de capitalización de la plusvalía [des Mehrwerts]  
no coinciden en el tiempo y en el espacio. La reali-  
zación de la plusvalía requiere sólo la expansión ge-  
neral de la producción mercantil; por el contrario, su  
capitalización requiere el desplazamiento progresivo  
de la producción mercantil simple por la capitalista.  
A consecuencia de esto, la realización y la capitali-  
zación de la plusvalía se ven constreñidas en marcos  
cada vez más estrechos.  

303–5  

...La plusvalía realizada que en Inglaterra y  
en Alemania no puede ser capitalizada y yace allí  
sin empleo,  

NB  

NB  

392–3. Desc[onoci-  
miento] de M[arx]  
E[ngels]. Falsch  
—394. (La esencia)  
Disparate  

396: «cond[iciones] de  
cap[italización] y rea-  
l[ización] del M[ehr]-  
w[ert] (?). ¡No sólo  
M[eh]rw[ert], sino tam-  
bién c + v!  

se invierte en Argentina, Australia, El Cabo o Meso-  
potamia en ferrocarriles, en obras hidráulicas, en  
minas, etc. Las máquinas, materiales, etc., se suminis-  
tran del mismo país de donde procede el capital, a  
cuya cuenta se compran. Pero lo mismo se hace tam-  
bién dentro del país bajo las condiciones de la pro-  
ducción capitalista: antes de recibir un destino pro-  
ductivo, el capital mismo debe comprar los elementos  
de su producción y encarnarse en ellos. Es cierto  
que el producto se consume aquí dentro del país,  
mientras que en el primer caso el consumo se deja  
a países extraños. Pero el fin de la producción capi-  
talista no es el consumo de los productos, sino la  
plusvalía y la acumulación. El capital libre dentro  
del país no tenía posibilidad de acumularse, porque  
no había necesidad del producto adicional. Pero en el  
extranjero, donde no se ha desarrollado aún ninguna  
producción capitalista, surgió o fue creada violenta-  
mente una nueva demanda en el medio de capas no  
capitalistas. Precisamente la circunstancia de que el  
«consumo» [der «Genuss»] del producto se traslada  
a otros, tiene una importancia decisiva para el capi-  
tal, ya que el consumo del país clasista-capitalista  
—de capitalistas y obreros— no cuenta a efectos de  
la acumulación. En todo caso, el «consumo» [der  

403: «Genuss»* en  
capas no capitalistas  
[Ferrocarriles en Asia,  
etc.].  

«Genuss»] de los productos debe ser realizado por  
nuevos consumidores y pagado por ellos. Para ello  
deben tener medios monetarios. Estos últimos se los  
proporciona en parte el intercambio de mercancías  
que surge al mismo tiempo. Directamente ligado a  
la construcción de ferrocarriles y a la minería (en  
la industria del oro, etc.) se halla un animado co-  
mercio. Este realiza gradualmente el capital adelan-  
tado para la construcción de ferrocarriles o minas,  
junto con la plusvalía. El capital que afluye de este  
modo al extranjero puede buscar campo de actividad  
por su propia cuenta y riesgo, como capital accio-  
nario; puede encontrar aplicación en la industria o  
en el transporte, llegando a un país extraño por me-  
diación del Estado que contrae un empréstito exte-  
rior; en el primer caso, las empresas accionarias,  
como empresas infladas, pueden quebrar pronto; en  
el segundo caso,  

* «consumo». Ed.  

el estado acreedor puede al final declararse en ban-  
carrota, y el capital, de uno u otro modo, puede a  
veces perderse parcialmente para sus propietarios,  
pero todo esto no cambia la cosa en su conjunto.  
De este modo, los capitales aislados se pierden a  
menudo durante las crisis también en su propio país.  
La esencia de la cuestión consiste en que el capital  
acumulado del país viejo encuentra en el país nuevo  
una nueva posibilidad de producir y realizar plusva-  
lía, es decir, de continuar la acumulación. Los nuevos  
países abarcan nuevas y grandes regiones con rela-  
ciones económico-naturales que se transforman en  
mercantiles, o con relaciones mercantiles que son  
desplazadas por el capital. La construcción de fe-  
rrocarriles y la minería (en especial la industria del  
oro), características de la aplicación del capital de  
viejos países capitalistas en países jóvenes, poseen  
la propiedad de provocar, en el medio de las rela-  
ciones económico-naturales que dominaban antes, un  
animado intercambio de mercancías; ambas ramas  
son características en la historia de la economía co-  
mo comienzo de la rápida descomposición de las vie-  
jas formaciones económicas, de crisis sociales y del  
surgimiento de las relaciones modernas, es decir, an-  
te todo de la economía mercantil, y luego de la pro-  
ducción capitalista.  

El papel de los empréstitos exteriores y la in-  
versión de capitales en acciones extranjeras de fe-  
rrocarriles y minas sirven por eso de la mejor crí-  

404: «Ilustr[ación]  
crít[ica] al esquema  
de M[arx]»...  
Disparate: en otro país  
el mismo cap[ital] y  
los mismos obr[eros]  
cons[umen]  
c y v y m no cambian  
por ello. El desarrollo  
del cap[ital]ismo avan-  
za ya en extensión  
(otros países) ya en  
profundidad  

tica ilustración al esquema marxiano de acumula-  
ción. En estos casos, la reproducción ampliada del  
capital representa la capitalización de una plusvalía  
ya antes realizada (en la medida en que los emprés-  
titos exteriores y las acciones en el extranjero no se  
cubren con ahorros pequeñoburgueses y semiproleta-  
rios).  

El momento, las circunstancias y la forma de realización del  
capital que afluye de los viejos países a los nuevos,  
no tienen nada en común con el campo actual de la  
acumulación. Ese mismo capital inglés que se lanzó  
a la Argentina para la construcción de ferrocarriles,  
pudo haber sido antes opio indio realizado en China.  
Además, el capital inglés que construye ferrocarriles  
en la Argentina, es capital de origen inglés no sólo  
por su pura forma de valor como capital dinerario:  
su forma material —hierro, carbón, máquinas, etc.—  
también procede de Inglaterra, es decir, la forma de  
uso de la plusvalía se crea ya de antemano en Ingla-  
terra en una forma correspondiente a los fines de la  
acumulación. La fuerza de trabajo —forma de uso del  
capital variable— es aquí en su mayor parte ajena:  
el capital de los viejos países somete a sí en los  
nuevos países a las fuerzas de trabajo nativas como  
nuevo objeto de explotación. Sin embargo, para sim-  
plificar la investigación, podemos aceptar que las  
fuerzas de trabajo son del mismo origen que el ca-  
pital. En realidad, los yacimientos auríferos recién  
descubiertos, por ejemplo, provocan —especialmente  
al principio— una inmigración masiva de los viejos  
países capitalistas, y en ellos trabajan principal-  
mente fuerzas de trabajo de estos países. Podemos,  
por consiguiente, tomar el caso en que el capital  
dinerario, los medios de producción y las fuerzas  
de trabajo del nuevo país proceden del viejo país  
capitalista, digamos, de Inglaterra. En Inglaterra, en  
tal caso, se daban todas las premisas materiales de  
la acumulación: plusvalía realizada en forma de ca-  
pital dinerario, plusproducto en forma productiva y,  
finalmente, reservas de obreros. Y, sin embargo, la  
acumulación en Inglaterra no podía ocurrir: Inglate-  
rra y sus anteriores compradores no necesitaban nin-  
gún ferrocarril ni ninguna ampliación de la industria.  
Y sólo el ascenso de nuevas regiones con grandes  
áreas de cultura no capitalista creó para el capital  
un círculo ampliado de consumidores e hizo posible  
para él la reproducción ampliada, es decir, la acu-  
mulación.  

. . . «Entre el capital de préstamo y el industrial 312  
europeos se realiza, como hemos visto, un negocio  
tal: los pedidos egipcios al capital industrial de Eu-  
ropa se pagan con su capital de préstamo, y los in-  
tereses de un empréstito se cubren a cuenta del ca-  
pital de otro empréstito. Este negocio, a un examen  
superficial, parece absurdo, pero, desde el punto de  
vista de la acumulación de capital, en su base yace  
una relación muy racional y “sana”. Si prescindimos  
de los eslabones intermedios enmascaradores, resulta  
que el capital europeo devoraba la economía campe-  
sina egipcia: enormes extensiones de tierra, innume-  
rables fuerzas de trabajo y una masa de productos  
del trabajo, que en forma de impuestos se pagaban  
al Estado, todo esto se transformaba en última ins-  
tancia en capital europeo y se sometía a la acumula-  
ción. Está claro que esta operación, que redujo el  
curso normal de un desarrollo histórico de muchos  
años a 2–3 decenios, se hizo posible sólo gracias al  
látigo de piel de hipopótamo [nur durch die Nilpferd-  
peitsche] y que precisamente el primitivismo de las  
relaciones sociales de Egipto creó una base opera-  
cional incomparable para la acumulación de capital.»  

— 415 — La ruina de  
Egipto m[uy] b[ien],  
según Rothstein* y etc.  
Conclusión: «nur  
durch die Nilpferd-  
peitsche»** (415).  
¡Exacto!  
¡Se azota a sí misma  
R. L[uxemburg]! No  
por la «real[ización]  
del M[ehr]w[ert]», si-  
no por las comodida-  
des de la expl[otación]  
(«Peitschen», trab[ajo]  
grat[uito] etc.) se tras-  
[ladó] el cap[ita]l a  
países salvajes. ¡El  
porcentaje es mayor!  
Eso es todo.  
Saqueo de la tierra  
(gratis), préstamos al  
12–13% (410) etc. etc.  
— ahí está la raíz.  
(Garantías estatales:  
417) etc. etc.***  

335–6 ...Cuanta más violencia manifiesta el capi-  
tal cuando, por medio del militarismo, aniquila en  
todo el mundo y en su propio país natal la existen-  
cia de capas no capitalistas y empeora las condi-  
ciones de existencia de todas las masas trabajado-  
ras, tanto más pronto la historia de la acumulación  
capitalista moderna en la arena mundial se trans-  
forma en una cadena continua de catástrofes políti-  
cas y sociales y de convulsiones que, junto con las  
catástrofes económicas periódicas en forma de crisis,  
hacen imposible la continuación de la acumulación;  
la insurrección de la clase obrera internacional con-  
tra el dominio capitalista se convierte en una nece-  
sidad antes aún de que ésta choque con sus barre-  
ras naturales, creadas por ella misma [ihre natürliche  
selbstgeschaffene Schranke].  

El capitalismo es la primera forma económi-  
ca que posee fuerza propagandística; es una forma  
que tiene la tendencia a extenderse por todo el glo-  
bo terrestre y a desplazar todas las demás formas  
económicas, y que no tolera junto a sí ninguna otra  
forma económica.  

Pero el capitalismo es la primera forma econó-  
mica que sin otras formas económicas como su medio  
y su suelo nutritivo no puede existir; la tendencia  
del capitalismo a convertirse en la forma mundial  
de producción se estrella contra su incapacidad inma-  
nente de abarcar toda la producción mundial.  

445. i. f. terminaron  
natürl[iche] selbst-  
geschaf[fene] Schran-  
ke**** «¡aún antes»!!  

445. i. f. el cap[ita-  
lismo] — «¡¡la prime-  
ra f[orma] ec[onómica]  
con fuerza propagan-  
dística»!!  
«la primera que no  
p[uede] ex[istir] sola  
sin otr[as] formas  
ec[onómicas]».  

NB  

* véase Egypt's Ruin by Theodore Rothstein (1910). Ed.  
** látigo de piel de hipopótamo. Ed.  
*** véase La acumulación de capital (ed. IV, 1931), cap. 30, en particular págs. 309–314. Ed.  
**** barreras naturales, creadas por ella misma. Ed.