En el núm. 102 de «Pravda»[19] llamé la atención de los camaradas lectores sobre el folletín de «Luch» de los números 93 y 94.

Comparaba yo ese folletín con los artículos «Cuestiones controvertidas»[20] que se publicaban al mismo tiempo en «Pravda». Decía yo: «Pravda», en esos artículos, ofrece al lector hechos y documentos para dilucidar las cuestiones controvertidas de organización y táctica, mientras que «Luch», en el mencionado folletín, ofrece chismes y ataques personales, que no ayudarán a los obreros a esclarecer la polémica, sino que les embrollarán la cabeza.

Decía yo que ese folletín habla sobre los militantes de 1905 en el mismo lenguaje con que escriben de ellos los órganos de los terratenientes amedrentados y de los liberales encolerizados contra los obreros.

«Luch» envió contra mí al obrero Germán. El obrero Germán es hombre muy decidido y no se muerde la lengua. Por eso me insultó con mucha dureza. Yo —dice— «pretendo inducir a error a los camaradas lectores», digo «una falsedad consciente» y nada de lo que yo digo ha sucedido en realidad. Tras acusarme de toda una serie de crímenes, el obrero Germán enumera los títulos de varios artículos de «Luch» y con ello remata su artículo.

¡Magnífico! ¿Y qué pasa con aquel folletín de «Luch» del que yo realmente hablé y que cité? De él, el obrero Germán no ha dicho ni una palabra en todo su artículo, ni siquiera ha intentado rebatir la exactitud de las frases que yo cité de él, no ha opuesto nada a mi caracterización de ese folletín como algo inadmisible en la prensa obrera. ¿Cómo es eso? Usted me ha insultado sin piedad, buen hombre, y no sólo no ha podido refutar ni una sola palabrita de lo que yo dije sobre el folletín de «Luch», sino que ni siquiera lo ha intentado.

¿Hubo en los núms. 93 y 94 un folletín sobre el cual escribí yo? — Lo hubo. Entonces, ¿con qué derecho escribe usted que «nada semejante ha sucedido en realidad»?

¿Está ese folletín lleno de chismes y rencillas en lugar de un examen sereno de las divergencias? ¡Contra esta palabrita no se ha atrevido usted a decir nada! ¿Con qué derecho sospecha usted entonces que yo pretenda «inducir a error a los camaradas»?

¿Ha pensado usted lo que escribía? ¿Ha pensado usted que, al acusar a un colaborador de un periódico obrero de «falsedad consciente» y de pretender «inducir a error a los lectores», debe usted estar dispuesto a responder — no ante mí, sino ante todos los que sostienen «Pravda», es decir, ante sus lectores obreros?

Usted se ha encargado de defender a «Luch» de mi acusación de que el folletín en sus núms. 93 y 94 no esclarece las cuestiones controvertidas, sino que embrolla la cabeza de los lectores con chismes y «personalidades». Y para ello ha insertado usted en las páginas de ese mismo «Luch» una serie de acusaciones infundadas y calumnias manifiestas («El Lector» (o sea, yo) quiere inducir a error a los camaradas lectores), es decir, ha hecho precisamente aquello de lo que yo acusaba a «Luch» por el folletín del núm. 94. Con su artículo, usted ha confirmado mi acusación contra «Luch», y no la ha refutado.

Ahora, quizás diga usted: todo esto ha ocurrido por mi falta de experiencia. ¡Magnífico! Pero su pequeño artículo fue revisado por la redacción. ¿Por qué no le previno a usted? ¿Por qué no le indicó que, al acusarme, lo primero que debía hacer era refutar mis afirmaciones sobre aquellos hechos de los que yo hablaba, y no eludir esos hechos con un nuevo silencio? ¿Por qué? — Evidentemente, porque la redacción sabía que todo lo que yo dije sobre el folletín de los núms. 93 y 94 es verdad, sabía que no se me podía refutar. Y por eso le lanzaron a usted a un simple insulto, es decir, repitieron una vez más el procedimiento por el cual precisamente yo les acusaba en el primer artículo.

¿Oyó usted un buen papel, usted que firma como «obrero», en manos de la redacción de «Luch»?

«Pravda» núm. 114, 19 de mayo de 1913.  
Firma: Lector