Este problema, tanto en su planteamiento de principios desde el punto de vista del socialismo, como en el aspecto práctico-organizativo (la construcción de nuestro propio partido), exige imperiosamente su discusión y solución por todas las organizaciones socialdemócratas.

La Conferencia de agosto de 1912 de los liquidadores, incluso según el reconocimiento del menchevique neutral Plejánov, violó el programa del POSDR en el espíritu de «adaptación del socialismo al nacionalismo».

En efecto, dicha conferencia, a propuesta de los bundistas, declaró admisible la consigna de la «autonomía nacional-cultural», contradiciendo la decisión del II Congreso del partido.

Esta consigna (defendida en Rusia por todos los partidos burgueses del nacionalismo judío) contradice el internacionalismo de la socialdemocracia. Como demócratas, somos incondicionalmente hostiles a toda, por mínima que sea, opresión de cualquier nacionalidad, a todo privilegio de una u otra nacionalidad. Exigimos, como demócratas, la libertad de autodeterminación de las naciones en el sentido político de esta palabra (ver el programa del POSDR), es decir, la libertad de separación. Exigimos la igualdad incondicional de derechos de todas las naciones en el Estado y la protección incondicional de los derechos de toda minoría nacional. Exigimos un amplio autogobierno y autonomía de las regiones, que deben ser delimitadas, entre otros criterios, también según el principio nacional.

Todas estas exigencias son obligatorias para todo demócrata consecuente, y más aún para un socialista.

Pero los socialistas no se limitan a las exigencias democráticas generales. Los socialistas luchan contra todas y cada una de las manifestaciones, groseras o sutiles, del nacionalismo burgués. Una manifestación de este tipo es precisamente la consigna de la «autonomía nacional-cultural», que une al proletariado y a la burguesía de una misma nación, y divide al proletariado de las distintas naciones.

Los socialdemócratas siempre se han mantenido y se mantienen en el punto de vista del internacionalismo. Defendiendo la igualdad de derechos de todas las nacionalidades frente a los señores feudales y el Estado policial, no estamos por la «cultura nacional», sino por la cultura internacional, en la que de cada cultura nacional entra solo una parte, a saber: únicamente el contenido consecuentemente democrático y socialista de cada cultura nacional.

La consigna de la «autonomía nacional-cultural» engaña a los obreros con el espejismo de la unidad cultural de las naciones, cuando en realidad en cada nación predomina hoy la cultura terrateniente, burguesa o pequeñoburguesa.

Estamos contra la cultura nacional como una de las consignas del nacionalismo burgués. Estamos por la cultura internacional del proletariado democrático hasta el fin y socialista.

La unidad de los obreros de todas las nacionalidades, con la plena igualdad de derechos de las nacionalidades y el democratismo más consecuente del Estado: he ahí nuestra consigna, así como la consigna de toda la socialdemocracia revolucionaria internacional. Esta consigna, verdaderamente proletaria, no crea el falso espejismo y la ilusión de la unidad «nacional» del proletariado y la burguesía, mientras que la consigna de la «autonomía nacional-cultural» crea incondicionalmente ese espejismo y siembra entre los trabajadores dicha ilusión.

A nosotros, los socialdemócratas letones, que vivimos en una región con una población nacional especialmente mezclada, a nosotros, rodeados de representantes del nacionalismo burgués letón, ruso, estonio, alemán, etc., nos es particularmente clara la falsedad burguesa de la consigna de la «autonomía nacional-cultural». Nos es particularmente cara la consigna, ya probada en la práctica en nuestra organización socialdemócrata, de la unidad de todas y cada una de las organizaciones de los obreros de todas las nacionalidades.

No pocas veces se justifica la consigna de la «autonomía nacional-cultural» con la referencia a Austria. Respecto a esta referencia hay que tener en cuenta, en primer lugar, que el punto de vista del principal teórico austriaco en la cuestión nacional, Otto Bauer (en su libro: «La cuestión nacional y la socialdemocracia»), incluso por un escritor tan prudente como K. Kautsky, fue reconocido como una exageración del momento nacional y una terrible subestimación del momento internacional (ver K. Kautsky: «Nationalität u. Internationalität»[21]. Hay traducción rusa); en segundo lugar, que entre nosotros solo los bundistas, junto con todos los partidos burgueses judíos, han defendido hasta ahora la «autonomía nacional-cultural», mientras que tanto Bauer como Kautsky no reconocen la autonomía nacional para los judíos, y Kautsky (en la misma obra) declara directamente que los judíos de Europa oriental (Galitzia y Rusia) son una casta y no una nación; en tercer lugar, que incluso el programa nacional de Brünn (1899) de los socialdemócratas austriacos no reconoce plenamente la autonomía nacional extraterritorial (personal), llegando solo hasta la exigencia de la unión de todas las regiones nacionales de una misma nacionalidad en todo el Estado (§ 3 del programa de Brünn); en cuarto lugar, que incluso este programa, manifiestamente de compromiso (e insatisfactorio desde el punto de vista del internacionalismo), sufrió un completo fiasco en la propia Austria, pues el compromiso no dio paz, sino que condujo a la escisión de los separatistas checos; en quinto lugar, que estos separatistas checos, condenados unánimemente en el Congreso de Copenhague por toda la Internacional, declaran su afinidad con el separatismo bundista (ver «Der čechoslavische Sozialdemokrat» Nº 3, órgano de los separatistas, que se puede obtener gratis en Praga, Prag, Hybernska 7); en sexto lugar, que el mismo Bauer exige la unidad de las organizaciones políticas socialdemócratas de las distintas nacionalidades sobre el terreno. El propio Bauer considera contradictoria e inestable esa «estructura nacional» del partido austriaco que ahora lo ha llevado a una escisión completa.

En una palabra, la referencia a Austria habla en contra de los bundistas y no a su favor.

La unidad desde abajo, la unidad completa y la fusión sobre el terreno de los obreros socialdemócratas de todas las nacionalidades en todas las organizaciones obreras: he ahí nuestra consigna. ¡Abajo la consigna burguesa engañosa y de compromiso de la «autonomía nacional-cultural»!

Y en la estructura de nuestro partido estamos contra la federación, estamos por la unidad de las organizaciones locales (y no solo centrales) de los socialdemócratas de todas las naciones.

El congreso debe rechazar tanto la consigna de la autonomía nacional-cultural como el principio de federación en la construcción del partido. Los socialdemócratas letones, al igual que los socialdemócratas polacos, al igual que los socialdemócratas del Cáucaso durante todo el período de 1898-1912 (14 años enteros de historia del partido), deben permanecer fieles al internacionalismo socialdemócrata.

Escrito en mayo, antes del 25 (7 de junio) de 1913.

Publicado en agosto de 1913 en letón en el periódico «Cīņas Biedris» Nº 4.

Publicado en ruso por primera vez en 1929 en las ediciones 2ª y 3ª de las Obras de V. I. Lenin, tomo XVII.

Se imprime según el manuscrito.