Si alguien dudara de esto, debería ante todo prestar atención a cómo tratan los políticos burgueses y la prensa burguesa al liquidacionismo, a sus ideas y a su lucha contra la organización obrera marxista. Cualquiera que se familiarice con esta última se convencerá muy rápidamente de que cada intervención de los liquidacionistas contra los marxistas es acogida con toda una nube de elogios y entusiasmo por parte de la burguesía. Con alegría recibió ella las intervenciones de los liquidacionistas contra la vieja organización, con alegría recogió su campaña contra los obreros en huelga, contra la «fiebre huelguística».

Pero la prensa burguesa, alabando y ensalzando a los liquidacionistas, no pudo ocultarse a sí misma una triste circunstancia. Se vio obligada a reconocer que el liquidacionismo, que tanto gusta a los liberales burgueses (¡Dios los cría y ellos se juntan!), es solo una corriente intelectual, sin éxito alguno entre las masas obreras. Esto entristece mucho a los liberales, ¡pero debe alegrar a todo obrero consciente!

Vean cómo valoró los acontecimientos en la fracción socialdemócrata de la Duma el periódico «Rech», principal órgano de los liberales burgueses.

Declaró directamente que los siete son «los elementos parlamentarios de la socialdemocracia», que pertenecen al «partido del trabajo parlamentario», que «la posición de los diputados-intelectuales es más reflexiva». En pocas palabras: a los señores liberales les gusta mucho más la posición de los liquidacionistas y del «Nóvaya Rabóchaya Gazeta» que la posición de los seis diputados obreros.

«Todos ellos son elegidos directamente por los obreros», dicen los liberales sobre los diputados obreros, representan al grupo de los «intransigentes» y sus consignas son mucho más «accesibles» a la masa obrera.

Pues bien, esta «intransigencia» de los diputados obreros y su vínculo directo con la masa es lo que no les gusta a los señores liberales. Y se lamentan de que «hay razones para esperar que la mayoría parlamentaria de la intelectualidad socialdemócrata se verá obligada a ceder ante la mayoría obrera extraparlamentaria».

¡Con toda el alma desearían los señores liberales que en la actual disputa vencieran los «moderados», los partidarios de la táctica «parlamentaria», los liquidacionistas, y atasen de pies y manos a los intransigentes diputados obreros con sus consignas «directas»!

Pero también los liberales sienten que la clase obrera y su fidelidad a las consignas sin recortes impedirán que se cumpla el sueño liquidacionista y liberal del triunfo de los oportunistas dentro de la socialdemocracia.