El congreso minero{57} se ha pronunciado a favor de la libertad de asociación. Uno de los mayores periódicos de la burguesía liberal, «Kíevskaia Mysl»{58}, escribe a este respecto:

«En esta proclamación del derecho de los obreros a la organización, en este apoyo a la reivindicación de la libertad de coalición para los obreros, radica el mérito principal del congreso.

Desde que, tras la pausa de 1908–1909, se reanudó en Rusia el movimiento obrero y sobre su cabeza se abatieron redobladas y frecuentes represiones, la reivindicación de la libertad de coalición se ha convertido cada vez más en exigencia de las masas de la clase obrera. Pero, hasta ahora, solo en el seno obrero la reivindicación de la libertad de coalición había sido reconocida como consigna del día. La sociedad liberal la miraba con total indiferencia. Ahora el congreso, que ha incluido a no pocos industriales, se ha visto obligado a prestar apoyo moral a las reivindicaciones de la clase obrera».

Vemos aquí claramente cómo los liberales utilizan su prensa de gran difusión, montada como un negocio, para recortar las reivindicaciones y las consignas de la clase obrera. Los liberales saben perfectamente que los obreros tienen «consignas del día» diferentes, no recortadas. Los liberales imponen a los obreros su propia estrechez liberal, haciéndola pasar por la opinión de las «masas» obreras: ¡viejo y trillado recurso de echar sobre las masas, supuestamente atrasadas, la responsabilidad por la renuencia de la burguesía liberal a tener en cuenta las fuentes fundamentales de los privilegios políticos y de la falta de derechos políticos! Es el proceder de los terratenientes «liberales» que hace medio siglo decían que la supresión total de los privilegios de los terratenientes no era la «consigna del día» para las «masas».

Es significativo que los propios liberales se delaten. La reivindicación del congreso es incompleta, dicen. ¿Por qué? Pues escuchen:

«Al pronunciarse por el derecho de coalición, el congreso no podía ocultarse que la realización de este derecho presupone inevitablemente la existencia de toda una serie de condiciones jurídicas. La concesión de la libertad a las organizaciones profesionales es imposible allí donde no existe la libertad general de asociaciones y sociedades. La libertad de prensa obrera solo puede crearse allí donde es libre la prensa liberal y democrática. La libertad de coalición no puede realizarse allí donde impera la discrecionalidad administrativa y donde las masas de la población están excluidas de la participación en las elecciones a las instituciones legislativas. El congreso debería haber señalado la necesidad de que se cumplan estas condiciones si quería ser consecuente».

Así pues, el congreso es inconsecuente. ¿En qué consiste su inconsecuencia? En que no ha enumerado varias reformas — responde el liberal.

Bueno, y ustedes, señores, ¿lo han enumerado todo?

¡Por supuesto que no! Ustedes se han acercado mucho a las «condiciones» que se «presuponen» para la «realización» de determinadas libertades, pero no han señalado esas condiciones. Se han detenido ante ellas. Ahora tienen miedo de la consigna de las «masas de la clase obrera»: no reformas, sino «reforma». En el fondo, se sitúan en el punto de vista de Struve. Struve aceptaba esta consigna en la primavera anterior al 17 de octubre, pero ya no la acepta, pues toda la burguesía, incluso la más liberal, ha girado a la derecha.

Una situación análoga se dio durante la abolición de la servidumbre. Los demócratas consecuentes Dobroliúbov y Chernyshevski se burlaban con razón de los liberales por su reformismo, cuyo trasfondo era siempre el afán de recortar la actividad de las masas y defender una migaja de los privilegios de los terratenientes, como el rescate y demás.

¡En vano se esfuerzan los liberales en echar la miseria de su reformismo sobre las «masas de la clase obrera»!

«Pravda» núm. 101, 4 de mayo de 1913.

Se publica según el texto del periódico «Pravda».