En el núm. 3 del periódico «Vólnaia Mysl»{62} se publica un artículo con el ampuloso título: «¿Unidad simple, unidad doble o unidad triple?».

«Declaramos abiertamente», dice ese artículo, «que las pretensiones de una fracción bolchevique de absorber todo el movimiento obrero son tan insensatas y absurdas como el empeño de las dos fracciones socialdemócratas de encarnar en sí todo el movimiento socialista en Rusia. Sólo la unificación de todas las corrientes socialistas en un partido único tiene futuro.

Y nosotros, que hemos enarbolado esta consigna desde comienzos de 1900, le somos fieles hasta el fin.»

¡He aquí un ejemplo de frases ridícula y enojosamente sobre «la unidad»! Ni una palabra sobre el contenido de principios de la lucha histórica de los marxistas y los narodnikis, lucha que se prolonga varias décadas. Ni una palabra tampoco sobre la historia del movimiento de 1905-1907, cuando la intervención abierta de las masas populares de todas las clases demostró en los hechos la diferencia radical entre el proletariado socialdemócrata y el campesinado «trabajador» (es decir, pequeñoburgués).

Si en Rusia existe un periódico radical y serio que plantea así la cuestión, ello es un signo evidente de cuán necesaria es aún una larga y tenaz lucha por el abecé de una definición de principios.

Que la mayoría de los obreros conscientes están del lado de los bolcheviques, es algo que se ven obligados a reconocer con rabia y resentimiento sus enemigos, los señores liquidadores.

Esto no puede refutarse con sentimentalismos. Los obreros no se dejarán intimidar con el grito de «insensato y absurdo»; se limitarán a sonreír.

Desde el punto de vista de las ideas, toda la historia del marxismo en Rusia es la lucha contra las teorías pequeñoburguesas, empezando por el «marxismo legal» y el «economismo». No fue casual esta lucha. Tampoco es casual su continuación directa en el presente. El partido obrero, como verdadero partido de clase proletario, se forma y madura en Rusia en el difícil período del Tres de Junio, precisamente en esa lucha contra el liquidacionismo pequeñoburgués y el populismo de izquierda.

«Nosotros, los populistas de izquierda, nunca hemos sacado provecho de la desgracia ajena», escribe «Vólnaia Mysl». Y a renglón seguido, ¡afirmaciones de que la escisión provoca «la total impotencia interna de nuestra socialdemocracia»!

Escribir tales cosas significa precisamente, señores, «sacar provecho», sólo que no diremos: de la «desgracia» ajena, sino «de la lucha ideológica ajena». Pues la base de la lucha entre los marxistas es precisamente el choque de las ideas de la política liberal y de la política proletaria. Los obreros, sin dejarse confundir por las palabras airadas ni por los sentimentalismos, han aprendido ya a encontrar las bases de principio de esa lucha.

«Dentro de los partidos únicos del movimiento obrero europeo hay menos divergencias que entre nosotros», escribe «Vólnaia Mysl». Es éste un razonamiento muy corriente, pero profundamente erróneo. En ninguna parte de Europa se plantea siquiera el problema de sustituir la organización proletaria, marxista… por las charlas sobre un partido «amplio» con la bendición de Purishkévich…, etc.

De semejante disputa los obreros extraerán la capacidad de construir de hecho, y no de palabra, el partido obrero.

«Za Pravdu» núm. 34, 13 de noviembre de 1913.

Se publica según el texto del periódico «Za Pravdu».