El periódico «Luch», en una serie de artículos, se ha pronunciado contra las huelgas de masas.

Como es natural, no podemos replicar aquí a «Luch» como se merece.

Nos limitaremos a unas pocas observaciones puramente teóricas sobre el carácter de la prédica de «Luch». Citando con afán ejemplos de los países occidentales y repitiendo de mil maneras las palabrejas: «anarcosindicalismo», etc., los escritores de «Luch» han puesto de manifiesto con ello su total incomprensión de la peculiaridad histórica de las huelgas en Rusia en 1912.

En ningún lugar de Europa las huelgas en el siglo XX han tenido, ni tienen ni pueden tener la importancia que tienen en Rusia en la época que estamos viviendo. ¿Por qué?

Pues porque en toda Europa el período de profundas transformaciones democráticas terminó por completo hace ya mucho tiempo, mientras que en Rusia, en el orden del día, figuran precisamente esas transformaciones, en el sentido histórico de la palabra.

De ahí el carácter popular general de las huelgas económicas, y más aún de las no económicas, en Rusia. De semejante carácter popular general (desde el punto de vista de las transformaciones democráticas del país) carecen las huelgas europeas, que son precursoras de transformaciones completamente distintas. Además, la relación de las huelgas en Rusia con la situación de los pequeños productores agrícolas (el campesinado) no se parece en absoluto, una vez más, a dicha relación en los países occidentales.

Tomando todo esto en conjunto, comprenderemos que la prédica de «Luch» deja en la sombra precisamente la significación popular general, democrática, de las huelgas económicas y no económicas en Rusia en 1912. La acción del proletariado como hegemón (guía), en contra de los sentimientos antidemocráticos de los liberales, es lo más importante e históricamente peculiar de nuestras huelgas. Y precisamente esto es lo que no comprenden, ni pueden comprender desde su punto de vista liquidacionista, los escritores de «Luch».

No se trata, por supuesto, en absoluto, de enjuiciar la conveniencia de tal o cual huelga aislada. No se trata en modo alguno de que sea necesaria la más planificada preparación, y a veces incluso la sustitución de la huelga por una acción homogénea. Se trata de que los liquidadores no comprenden en general la importancia de las huelgas, importancia que hace inadecuada, impropia para la situación dada, la consigna de «libertad de coaliciones» o de «partido abierto».

No a casos aislados, sino a todo el carácter del movimiento, los liquidadores ponen un menos allí donde los marxistas y los obreros conscientes ponen un más. He aquí por qué los obreros, justamente, se indignaban y se indignan con la prédica de «Luch».

«Pravda» n.º 27, 2 de febrero de 1913. Firma: I.

Se publica según el texto del periódico «Pravda»