Todos los obreros conscientes de Rusia, sin duda, acogieron con interés y atención la resolución del Buró Internacional sobre los asuntos rusos. El meollo de esta resolución, como se sabe, es la decisión de organizar o concertar un «intercambio general de opiniones» de «todas las fracciones del movimiento obrero» de Rusia, tanto de las que reconocen el programa socialdemócrata como de aquellas cuyo programa «está en concordancia» (o «en conformidad» – im Einklänge) con él.

Esta última definición es sumamente amplia, e incluye no solo a los partidarios de Yagello, sino también a cualquier grupo que quiera declarar que su programa «está en conformidad» o «en concordancia» con el programa socialdemócrata. Sin embargo, esta definición amplia no perjudica en nada, pues para un «intercambio de opiniones» es deseable, naturalmente, definir de manera amplia la composición de los participantes, sin excluir a aquellos con los que incluso algunos grupos socialdemócratas quisieran unirse. No hay que olvidar que en la sesión del Buró Socialista Internacional se propusieron dos planes: 1) el plan de Kautsky – «organizar un intercambio general de opiniones» y nada más. Un intercambio de opiniones ante un colegio imparcial, precisamente ante el Comité Ejecutivo del BSI, aclarará cuál es la situación y cuál es la profundidad de las divergencias. 2) El otro plan fue propuesto por Rosa Luxemburgo, pero retirado por ella tras las objeciones de Kautsky; según este plan se preveía una «conferencia de unificación» (Einigungskonferenz) «para restablecer el partido único».

Es natural que este último plan fuera peor, pues primero es necesario reunir datos precisos, sin mencionar que Rosa Luxemburgo intentaba aquí hacer pasar de contrabando únicamente el «restablecimiento» del tristemente célebre «círculo de Tyshka».

Fue adoptado el plan de Kautsky, más prudente, que aborda de manera más sistemática la cuestión de la unidad mediante un «intercambio de opiniones» previo y el estudio de datos precisos. Es, por tanto, completamente natural que la resolución de Kautsky fuera aprobada por unanimidad.

Pero hay que distinguir entre la resolución de Kautsky, que se convirtió en resolución del Buró, y el discurso de Kautsky, quien en un punto llegó a decir cosas monstruosas. Ya nos hemos referido brevemente a esta circunstancia, y ahora el informe sobre el discurso de Kautsky en el «Vorwärts» (principal órgano alemán) nos obliga a detenernos más detalladamente en esta cuestión importante.

Al replicar a Rosa Luxemburgo, Kautsky dijo «que el viejo partido había desaparecido, aunque se conservaban los viejos nombres, los cuales, sin embargo, con el transcurso del tiempo (im Laufe der Jahre – en los últimos años) han adquirido un nuevo contenido. No se puede, sin más, excluir a los viejos camaradas solo porque su partido (ihre Partei) no lleve el viejo nombre».

Cuando Rosa Luxemburgo replicó a esto que «la expresión de Kautsky de que el partido ruso está muerto (sei tot) es una palabra irreflexiva», Kautsky se limitó a «protestar contra la afirmación de que él hubiera dicho que la socialdemocracia rusa había muerto. Solo dijo que las viejas formas estaban rotas y que era necesario crear una nueva forma».

He aquí la traducción de los pasajes del informe oficial que se refieren a nuestra cuestión.

Es evidente que Kautsky no dijo ni podía decir que la socialdemocracia hubiera muerto. Pero que el partido había desaparecido, eso sí lo dijo, ¡y no lo retiró, a pesar de la objeción que se le hizo!

Esto es increíble, pero es un hecho.

La confusión mostrada por Kautsky es increíblemente grande. ¿De la exclusión de qué «viejos camaradas» hablaba? ¿De los señores Potresov y Cía.? ¿Llamó «su partido» a la informalidad liquidacionista?

¿O se refería Kautsky al «ala izquierda del PSP», que quedaba excluida por la fórmula de Rosa Luxemburgo? Pero entonces resulta incomprensible la expresión «viejos camaradas», porque nunca, desde la existencia misma del partido socialdemócrata, es decir, desde 1898, ¡los miembros del PSP fueron camaradas de los socialdemócratas en el partido!

Para nosotros ambas interpretaciones son iguales, porque del «intercambio de opiniones» sobre la unidad es ridículo, en efecto, excluir a los liquidacionistas (en ellos está precisamente el meollo del asunto), como ridículo sería excluir al ala izquierda del PSP (es posible, hablando en abstracto, que los liquidacionistas —¡de ellos cabe esperarlo todo!— sean capaces de defender de manera ultimativa su bloque escisionista con el partido no socialdemócrata del PSP). En todo caso, hay que saber con exactitud qué es lo que quieren del partido no solo los señores liquidacionistas, sino también sus aliados.

Queda como hecho indiscutible que Kautsky llegó a decir en el Buró que el partido ruso había desaparecido.

¿Cómo pudo llegar a decir esta cosa monstruosa? Para comprenderlo, los obreros rusos deben saber quién informa a la prensa socialdemócrata alemana sobre los asuntos rusos. Cuando escriben los alemanes, suelen eludir la cuestión de las divergencias. Cuando escriben los rusos en las publicaciones socialdemócratas alemanas, vemos o bien la alianza de todos los grupúsculos del extranjero con los liquidacionistas para lanzar las injurias más indecentes contra los «leninistas» (así ocurrió en «Vorwärts» en la primavera de 1912), o bien los escritos de algún partidario de Tyshka, de un trotskista o de otra persona de los círculos del extranjero, que enturbia el problema deliberadamente. ¡Durante años, ni un solo documento, ni una recopilación de resoluciones, ni un análisis de las ideas, ni un solo intento de reunir datos concretos!

Compadezcamos a los dirigentes alemanes, que (sabiendo recoger y estudiar datos cuando se ocupan de la teoría) no se avergüenzan de escuchar y repetir los cuentos de los informantes liquidacionistas.

En la práctica se aplicará la resolución del Buró, y el discurso de Kautsky quedará como un triste episodio curioso.