Cuando se habla de la servidumbre en la vida rusa en general, y en la aldea rusa en particular, esto provoca la protesta de nuestros liberales, sobre todo de aquellos a los que les gusta presentarse casi como marxistas. ¡Pues cómo –dicen– va a haber servidumbre en la Rusia del siglo XX! Sencillamente, es pura «agitación»…  

Entretanto, cuadros asombrosamente vivos de la servidumbre en la aldea rusa contemporánea se encuentran a cada paso, y sólo la maldita inercia del habitante ruso, «acostumbrado a todo», le hace pasar con indiferencia junto a esos cuadros.

He aquí uno de ellos, tomado de los datos de la recopilación oficial de acuerdos de la asamblea provincial de zemstvo de Chernígov correspondiente a 10 años, 1900–1909.

«Una mancha oscura sobre nuestro zemstvo –escribe a este propósito el señor Jizhniakov (*Rússkoie Bogatstvo*)– la constituye el mantenimiento hasta el presente del arcaico sistema de conservación de los caminos vecinales mediante la prestación personal en especie… Sin hablar ya de la profunda injusticia de que esta prestación recaiga exclusivamente sobre el campesinado, es indignante también el modo mismo en que se cumple esta prestación. Después del deshielo y de las lluvias torrenciales, los stárostas rurales, habitualmente por orden amenazante del uriádnik, “arrean al pueblo”, como se dice entre nosotros, para reparar el camino. El trabajo se realiza sin ningún sentido, sin nivelación, sin indicaciones técnicas de ninguna clase. Tuve ocasión de ver uno de estos trabajos, que se realizaba con particular energía, entre gritos amenazantes de los uriádniks, azuzando a los negligentes con golpes de nagáika. Esto sucedía a fines del verano, ante la esperada visita del gobernador… A lo largo de unas tres verstas fueron arreados hasta 500 hombres y mujeres con palas. Ellos, a la voz de mando de los uriádniks, cavaban zanjas que no necesitaba nadie y que luego hubo que volver a rellenar… Y nuestro zemstvo, en el curso de casi 50 años de existencia, no sólo no se ha preocupado de quitar al campesinado esta carga, sino que la ha aumentado aún más…»

Este zemstvo, como todos los zemstvos rusos, es un zemstvo de terratenientes.

Así pues, los terratenientes aumentan aún más la antigua «prestación» de los campesinos. Por orden de los terratenientes, los uriádniks y los stárostas «arrean al pueblo», obligando a centenares de campesinos a abandonar sus faenas y «cavar zanjas que no necesitaba nadie», «sin ningún sentido», «azuzando a los negligentes con golpes de nagáika».

He aquí las raíces del poder de los Purishkévich, los Márkov y Cía. ¡Y cuán repugnantemente hipócritas, comparados con estas raíces, nuestros almibarados, circunspectos y bienintencionadamente reformistas programas liberales!

*«Pravda»* n.º 149, 2 de julio de 1913. Firmado: T—in

Se publica según el texto del periódico *«Pravda»*.