Nuestro periódico ya ha relatado el notable ejemplo de falta de carácter mostrado por Gustave Hervé. Este vivaz periodista y agitador, hombre sin escuela socialista y sin educación socialista, pasó al partido obrero (procedente de los profesores) con todos los hábitos y modales del intelectual burgués. Comenzó como oportunista. Luego se pasó a la «extrema izquierda» y durante largo tiempo predicó cosas semianarquistas, «asustando» a la burguesía con gritos ruidosos de espíritu antimilitarista.

Recientemente comenzó a apartarse de los anarquistas y a regresar al partido, al reconocimiento de la lucha parlamentaria y del trabajo educativo y organizativo. Pero también en esto nuestro vivaz intelectualito no se contuvo y se pasó de nuevo a los oportunistas. Como un impresionista, demasiado susceptible a las impresiones del último minuto y cayendo en vacilaciones de falta de carácter, se «asustó» tanto de la actual ola reaccionaria de chovinismo, nacionalismo e imperialismo en Francia, que se puso a predicar el retorno a la política de «bloque», es decir, de alianza con los radicales burgueses. ¡Para salvar la república en Francia, es necesario, por lo visto, el bloque con los radicales; de lo contrario, los reaccionarios restaurarán de nuevo la monarquía o el imperio en Francia!

No está de más decir que, a excepción de los oportunistas extremos, los socialistas franceses se burlan del desprovisto de carácter Hervé y protestan resueltamente contra el bloque. Recientemente, uno de los órganos del partido obrero que se publica en el sur de Francia publicó una serie de opiniones de destacados socialistas contra el bloque.

Los socialistas han iniciado y llevan a cabo una campaña contra la reacción – dicen con razón estos destacados militantes –, los socialistas han llevado a las masas la protesta contra la ley del retorno al servicio militar de tres años (es decir, el retorno a un ejército reaccionario, cuartelero, decididamente no democrático). Los socialistas realizan un bloque proletario, es decir, la alianza de los socialistas obreros con los sindicalistas obreros. De los radicales y «radicales-socialistas» (partido pequeñoburgués, parecido a nuestros populistas) sólo una ínfima parte apoya esta campaña verdaderamente democrática de los socialistas, y aun con vacilaciones.

¿Para qué entonces el bloque? La alianza con los vacilantes debilitará el empuje de las masas y reforzará las vacilaciones. Y los socialistas nunca han renunciado a apoyar a los radicales en aquellos casos en que éstos se pronuncian contra la reacción.

Ahí tienen ustedes a los señores Charles Dumont, escribe un socialista, y Alfred Massé, «radicales-socialistas» redomados, que defienden la ley del servicio de tres años por el cálculo de un puestecillo ministerial. Ahí tienen al líder de los radicales, «el mismo» Clemenceau, que hace campaña por esta ley. Ahí tienen a otro destacadísimo líder radical, Léon Bourgeois, que también se pronuncia por esta ley. Por último, en la comisión de guerra de la Cámara de Diputados esta ley ha sido aprobada por 17 votos contra 4, pertenecientes exclusivamente a los socialistas.

¿Cómo hablar entonces de bloque con ese desvergonzado partido burgués de los radicales y «radicales-socialistas»? Sólo haciendo agitación contra él entre las masas, los socialistas franceses pueden desgajar a todos los elementos democráticos de este partido y obligar así a una cierta parte de él a ir hacia la izquierda, hacia la democracia. Siendo plenamente dependientes de las masas en las elecciones (pues en Francia existe, por supuesto, el sufragio universal y el régimen parlamentario), muchos radicales reflexionarán mucho y mucho antes de votar definitivamente por una ley reaccionaria, notoriamente impopular entre las masas.

El único apoyo serio de la democracia y de la república en Francia (como en todas partes) son las masas, las masas de obreros y, tras ellos, de pequeños campesinos, y no los arribistas parlamentarios, los farsantes, los arrivistas y los aventureros de los partidos burgueses, que hoy se proclaman «radicales-socialistas», para mañana (por un puestecillo ministerial o por un negocio ventajoso en forma de cualquier concesión o cargo en el sindicato de millonarios, etc.) vender tanto la democracia como la patria (como vendieron a Francia a Bismarck los burgueses franceses en 1871 por miedo a la insurrección de los obreros parisinos contra la esclavitud asalariada).

Sólo cabe saludar calurosamente a los socialistas franceses que luchan contra la idea del bloque y amplían el trabajo y la agitación socialista entre las masas.

Escrito el 30 de mayo (12 de junio) de 1913.

Publicado el 5 de junio de 1913 en el periódico «Pravda» № 127. Firmado: F.

Se publica según el texto del periódico.