La carta de Lomatidze acerca de la lucha de los seis y los siete en la fracción de la Duma ha aparecido por una curiosa casualidad en el periódico liquidacionista junto al cálculo de que por los liquidacionistas se han pronunciado 3.701 personas (núm. 75, pág. 2). Dejamos para otro artículo la comprobación de esa cifra, señalando tan solo que «Por la Verdad» («Za Pravdu») tres días antes (núm. 26) comunicó la cifra, no desmentida por los oponentes, de 5.000.

Los siete resultan representar una y otra vez, de modo evidente, a la minoría de los obreros.

Por eso las «palabras fuertes» de Lomatidze producen una impresión particularmente embarazosa. Injuriar, rememorar distintos episodios de la vieja y más enconada lucha, gritar: «descaradamente, absurdamente, cínicamente», etc., etc., todo esto son síntomas de debilidad extrema y de irritación impotente.

Queda sin refutar y es irrefutable: 1) que tras los seis está la mayoría de los obreros conscientes; 2) que los siete no reconocen la voluntad ni las decisiones de la mayoría, ni reconocen tampoco al organismo dirigente aceptado por la mayoría.

Resulta sencillamente embarazoso, da vergüenza por Lomatidze, exasperado, cuando se lee en su carta:

«¿Han señalado ellos (los seis) siquiera un caso en que las intervenciones políticas en la Duma hayan ido en contra de los intereses de nuestra causa, de nuestras consignas, de nuestra tradición?»

¡El patetismo de Lomatidze produce una impresión falsa, desde el momento en que sabemos que no sólo los seis, sino la instancia dirigente superior reconocida por ellos ha señalado oficial, formalmente y desde hace tiempo, por ejemplo, ¡la violación del programa por parte de los siete!

Lomatidze, con su embarazosa irritación, con sus preguntas inoportunas, no hace más que subrayar con mayor fuerza la esencia realmente profunda de todo el conflicto: la lucha de los sin partido contra el espíritu de partido. He ahí la esencia. Y esto no es una broma ni una minucia, sino la cuestión más seria y más candente.

No todo el que dice: «¡Señor, Señor!» entrará en el reino de los cielos. No todo el que grita, golpeándose el pecho, acerca de la unidad y la unidad, trabaja de hecho en favor de la unidad.

¿Qué es la unidad de la clase obrera?

Es, ante todo y principalmente, la unidad de su organización política, de su conjunto. Sólo esa unidad puede asegurar la unidad efectiva tanto de la fracción de la Duma como de todas las intervenciones en general y de toda la lucha de la clase obrera.

Justamente esa unidad ha sido quebrantada por la corriente liquidacionista, como lo han reconocido reiteradamente, desde 1908, las resoluciones formales del partido. He ahí el quid de la cuestión. Al soslayarlo, Lomatidze no hace más que poner en evidencia su falta de razón.

Los siete son enteramente culpables de la escisión, pues violaron el programa, intervinieron en defensa de los liquidacionistas que destruían el partido, no tuvieron en cuenta las decisiones formales de la mayoría, violan la voluntad de los obreros organizados. No hay otra salida que reconocer su culpa, admitir que los seis son los representantes de la mayoría y con ellos iniciar un acercamiento sistemático mediante un acuerdo.

«Proletárskaia Pravda» núm. 17, 29 de diciembre de 1913. Firmado: I.

Se publica según el texto del periódico «Proletárskaia Pravda»