Hemos mostrado en artículos anteriores (*Pravda* núms. 289, 299 y 314) que todos los marxistas, tanto en 1908 como en 1910, condenaron irrevocablemente el liquidacionismo como una renuncia al pasado. Los marxistas explicaron a la clase obrera que el liquidacionismo es la introducción de la influencia burguesa en el proletariado. Y todas las publicaciones liquidacionistas, de 1909 a 1913, han violado y violan de manera escandalosa las decisiones de los marxistas.

Examinemos la consigna de la «lucha por un partido obrero abierto» o «partido obrero abierto», que hasta ahora defienden los liquidacionistas en *Luch* y en *Nasha Zaryá*.

¿Es esta consigna marxista, proletaria, o liberal, burguesa?

La respuesta a esta cuestión no hay que buscarla en los estados de ánimo ni en los planes de los liquidacionistas u otros grupos, sino en el análisis de la correlación de fuerzas sociales en la Rusia de la época que vivimos. El significado de las consignas no está determinado por las intenciones de sus autores, sino precisamente por la correlación de fuerzas de todas las clases del país.

Los terratenientes feudales y su «burocracia» son hostiles a todo cambio que implique libertad política. Es comprensible. La burguesía, por su situación económica en un país atrasado y semifeudal, no puede dejar de aspirar a la libertad. Pero la burguesía teme la actividad popular más que a la reacción. Esta verdad fue demostrada con particular claridad por el año 1905; la comprendió perfectamente la clase obrera; sólo los intelectuales oportunistas y semiliberales no la comprendieron.

La burguesía es liberal y contrarrevolucionaria. De ahí su reformismo ridículamente impotente y lastimoso. Sueños de reformas… y miedo a enfrentarse seriamente con los terratenientes feudales, que no sólo no conceden reformas, sino que incluso retiran las ya concedidas. Predicación de reformas… y miedo al movimiento popular. Aspiración a desplazar a los feudales… y miedo a perder su ayuda, miedo a perder sus privilegios. Sobre esta correlación de clases se construyó el sistema del 3 de Junio, que otorga todo el poder a los feudales y privilegios a la burguesía.

La situación de clase del proletariado excluye por completo la posibilidad de «participar» de los privilegios o de temer su pérdida por quien sea. Por eso el reformismo mezquinamente estrecho, miserable y torpe es completamente ajeno al proletariado. Y la masa campesina —por un lado, inmensamente oprimida y que en vez de privilegios ve hambrunas, y por otro, indudablemente pequeñoburguesa— vacila inevitablemente entre los liberales y los obreros.

Tal es la situación objetiva.

De esta situación se desprende con evidencia que la consigna del partido obrero abierto, por su origen de clase, es una consigna de los liberales contrarrevolucionarios. No contiene nada más que reformismo; no hay siquiera un atisbo de que el proletariado, la única clase plenamente democrática, tenga conciencia de su tarea de luchar contra los liberales por influir sobre toda la democracia; no hay ni idea de eliminar la base misma de cualesquiera privilegios de los feudales, de la «burocracia», etc.; no hay idea de los fundamentos generales de la libertad política y de una constitución democrática; en cambio, contiene una renuncia tácita al pasado, y, por consiguiente, renegadismo y disolución (liquidación) del partido obrero.

Dicho más brevemente: esta consigna introduce en el medio obrero, en la época de la contrarrevolución, la prédica de lo que precisamente hace en su propio medio la burguesía liberal. Por eso, si no hubiera liquidacionistas, ¡los burgueses progresistas inteligentes tendrían que buscar o contratar intelectuales para llevar al seno de la clase obrera semejante prédica!

Sólo personas sin cabeza pueden comparar las palabras de los liquidacionistas con sus motivos. Hay que comparar sus palabras con los hechos de la burguesía liberal y con su situación objetiva.

Veamos esos hechos. En 1902, la burguesía está a favor de la clandestinidad. Struve fue enviado por ella a publicar el periódico clandestino *Osvobozhdenie*{46}. Cuando el movimiento obrero conduce al 17 de Octubre{47}, los liberales y kadetes abandonan la clandestinidad, y luego reniegan de ella, la declaran inútil, locura, pecado e impiedad (*Vekhi*{48})[9]. En lugar de la clandestinidad, aparece en la burguesía liberal la lucha por un partido abierto. Éste es un hecho histórico, confirmado por los incesantes intentos de legalización de los kadetes (1905-1907) y de los progresistas (1913).

En los k.-d. vemos el «trabajo abierto y su organización secreta»; el bondadoso, es decir, inconsciente, liquidacionista A. Vlasov sólo ha contado «con sus propias palabras» los asuntos de los kadetes.

¿Por qué renegaron entonces los liberales de la clandestinidad y adoptaron la consigna de la «lucha por un partido abierto»? ¿Acaso porque Struve es un traidor? No. Al contrario. Struve se pasó al otro lado porque toda la burguesía giró. Y giró, 1) porque obtuvo privilegios con la ley del 11 de diciembre de 1905{49}, e incluso el 3 de junio de 1907 obtuvo la situación de oposición tolerada; 2) porque ella misma se asustó mortalmente del movimiento popular. La consigna de la «lucha por un partido abierto», traducida de la «alta política» al lenguaje sencillo y claro, significa lo siguiente:

—¡Señores terratenientes! no piensen que queremos eliminarlos del mundo. No. Córranse un poquitito, para que nosotros, los burgueses, también podamos sentarnos (partido abierto) —entonces los defenderemos cinco veces más, de manera «más inteligente», más astuta, «más científica» que Timoshkin y los curas de Sabler{50}.

Imitando a los kadetes, la pequeña burguesía, los narodniks, adoptaron la consigna de la «lucha por un partido abierto». En agosto de 1906, el señor Peshejónov y los de la revista *Rússkoe Bogatstvo* reniegan de la clandestinidad, proclaman la «lucha por un partido abierto», van recortando de su programa, una tras otra, las consignas democráticas, «clandestinas».

Como resultado de la cháchara reformista de estos pequeño-burgueses sobre un «partido amplio y abierto», se quedaron para todos los ojos sin partido alguno, sin ningún vínculo con las masas, y los kadetes dejaron incluso de soñar con ese vínculo.

Así y sólo así, mediante el análisis de la situación de las clases, mediante la historia general de la contrarrevolución, se puede llegar a la comprensión del liquidacionismo. Los liquidacionistas son intelectuales pequeñoburgueses enviados por la burguesía para introducir la corrupción liberal en el medio obrero. Los liquidacionistas son traidores al marxismo y traidores a la democracia. Su consigna de la «lucha por un partido abierto» (al igual que en los liberales, al igual que en los narodniks) es un encubrimiento de la renuncia al pasado y de la ruptura con la clase obrera. Es un hecho demostrado tanto por las elecciones a la IV Duma por la curia obrera como por la historia del surgimiento del periódico obrero *Pravda*. Resultó evidente para todos que la vinculación con las masas la tuvieron únicamente quienes no renunciaron al pasado y supieron, exclusivamente en su espíritu, para su reforzamiento, consolidación y desarrollo, utilizar el «trabajo abierto» y toda clase de «posibilidades».

En la época del sistema del 3 de Junio no podía ser de otra manera.

Del «recorte» del programa y la táctica por los liquidacionistas (es decir, por los liberales) hablaremos en el próximo artículo.