En el artículo anterior («Pravda» núm. 95 (299)) citamos las palabras exactas de la resolución unánime del partido sobre el liquidacionismo como manifestación de la influencia burguesa sobre el proletariado.

Dicha resolución, como señalamos, fue adoptada en enero de 1910. Veamos ahora la conducta de aquellos liquidacionistas que tienen la osadía de afirmar ahora que no hubo ni hay liquidacionismo alguno.

En febrero de 1910, en el núm. 2 de la revista «Nasha Zariá», que acababa de empezar a publicarse, el señor Potrésov escribió directamente que «no existe un partido como jerarquía integral y organizada» (es decir, escalera o sistema de «instituciones»), y que no se puede liquidar lo que «en realidad ya no existe como un todo organizado» (véase pág. 61 de «Nasha Zariá», núm. 2, 1910).

¡¡Esto se decía un mes, o incluso menos, después de la resolución unánime del partido!!

Y en marzo de 1910, otra revista liquidacionista con los mismos colaboradores —Potrésov, Dan, Martýnov, Ezhov, Mártov, Levitski y Cía.—, la revista «Vozrozhdénie»{44}, subrayaba y explicaba de manera popular las palabras del señor Potrésov:

«No hay nada que liquidar, y —agregamos nosotros (es decir, la redacción de «Vozrozhdénie») por nuestra cuenta— el sueño de restaurar esa jerarquía en su vieja forma clandestina no es más que una utopía nociva y reaccionaria, que denota la pérdida del sentido político en los representantes del que fuera en otro tiempo el partido más realista» («Vozrozhdénie», 1910, núm. 5, pág. 51).

El partido no existe, y restaurarlo es una utopía nociva: he aquí palabras claras y precisas. He aquí una renuncia clara y directa al partido. Renunciaron (e invitaban a los obreros a renunciar) personas que habían abandonado la clandestinidad y «soñaban» con un partido abierto.

Esta deserción de la clandestinidad fue apoyada de manera abierta y totalmente definida más tarde por P. B. Axelrod, tanto en «Nevski Gólos»{45} (1912, núm. 6) como en «Nasha Zariá» (núm. 6, 1912).

«Hablar en semejante situación de ausencia de fracciones —escribía P. B. Axelrod— significa emular al avestruz, significa engañarse a sí mismo y a los demás». «La formación y cohesión fraccional es un deber directo y una tarea inaplazable de los partidarios de la reforma del partido o, mejor dicho, de la revolución dentro del partido».

Así, P. B. Axelrod se pronuncia directamente por una revolución en el partido, es decir, por la destrucción del viejo partido y la fundación de uno nuevo.

En 1913, en el núm. 101 de «Luch», en un editorial sin firma, se decía abiertamente que «en algunos sectores obreros incluso resurgen y se fortalecen las simpatías hacia la clandestinidad» y que esto es «un hecho lamentable». El autor de este artículo, L. Sedov, reconoció personalmente que el artículo «provocó descontento» incluso entre los partidarios de la táctica de «Luch» («Nasha Zariá», 1913, núm. 3, pág. 49). Las explicaciones del propio L. Sedov fueron tales que suscitaron una nueva oleada de descontento, esta vez en un partidario de «Luch», precisamente An, quien escribe contra Sedov en el núm. 181 de «Luch». An protesta contra la admisión de Sedov de que «la clandestinidad constituye un obstáculo para la formación política de nuestro movimiento, para la construcción del partido obrero socialdemócrata». An se burla de L. Sedov, en quien reina una «indeterminación» acerca de si la clandestinidad es deseable.

La redacción de «Luch» acompañó el artículo de An con un extenso epílogo en el que se pronuncia a favor de Sedov, considerando a An «equivocado en su crítica a L. Sedov».

Analizaremos en su debido momento tanto los razonamientos de la redacción de «Luch» como los errores liquidacionistas del propio An. Ahora no se trata de eso. Ahora debemos valorar atentamente la conclusión fundamental y principal de los documentos que hemos aducido[7].

Todo el partido, tanto en 1908 como en 1910, condena y rechaza el liquidacionismo, explicando detallada y claramente cuál es su origen de clase y cuál es el peligro de esta corriente. Todos los periódicos y revistas liquidacionistas: «Vozrozhdénie» (1909-1910), «Nasha Zariá» (1910-1913), «Nevski Gólos» (1912) y «Luch» (1912-1913)[8], repiten, tras las más categóricas e incluso unánimes resoluciones del partido, pensamientos y razonamientos que encierran un evidente liquidacionismo.

Incluso los partidarios de «Luch» se ven obligados a manifestar su desacuerdo con estos razonamientos, con esta prédica. Es un hecho. Por consiguiente, gritar sobre la «persecución» de los liquidacionistas, como hacen Trotski, Semkovski y muchos otros protectores del liquidacionismo, es sencillamente deshonesto, pues constituye una flagrante tergiversación de la verdad.

La verdad, demostrada por los documentos que he aducido durante más de cinco años (1908-1913), consiste en que los liquidacionistas, burlándose de todas las resoluciones del partido, siguen denigrando y persiguiendo al partido, es decir, a la «clandestinidad».

Esta verdad, todo obrero que quiera comprender por sí mismo con toda seriedad las cuestiones controvertidas y dolorosas del partido, que quiera resolver estas cuestiones por sí mismo, debe asimilarla ante todo, adoptando para ello medidas autónomas para estudiar y verificar las resoluciones del partido y los razonamientos de los liquidacionistas aquí aducidos. Sólo merece el nombre de miembro del partido y de constructor del partido obrero quien estudia con atención, medita y resuelve por cuenta propia los problemas y los destinos de su partido. No se puede permanecer indiferente ante la cuestión de si el partido es «culpable» de la «persecución» (es decir, de ataques demasiado duros y desacertados) de los liquidacionistas o si los liquidacionistas son culpables de violar directamente las resoluciones del partido, de predicar obstinadamente la liquidación, es decir, la destrucción del partido.

Está claro que el partido no puede existir sin luchar con todas sus fuerzas contra sus destructores.

Una vez presentados los documentos sobre esta cuestión fundamental, pasaremos en el artículo siguiente a valorar el contenido ideológico de la prédica del «partido abierto».