Por fin se ha publicado la edición de la correspondencia entre los
célebres fundadores del socialismo científico, prometida durante tanto
tiempo. Engels había legado la tarea de publicarla a Bebel y
Bernstein, y Bebel termina, poco antes de morir, su parte del trabajo
de redacción.

La correspondencia entre Marx y Engels, publicada hace algunas
semanas por la editorial Dietz (Stuttgart), en cuatro grandes tomos,
contiene en total 1.386 cartas intercambiadas en el extenso período
entre 1844 y 1883.

El trabajo de redacción, es decir, escribir los prefacios a la
correspondencia de distintos períodos, fue realizado por Eduard
Bernstein. Como era de esperar, este trabajo es insatisfactorio, tanto
desde el punto de vista técnico como idealógico. Después de su
tristemente famosa "evolución" hacia las concepciones oportunistas
extremas, Bernstein no habría debido encargarse de la redacción de
cartas tan profundamente impregnadas de espíritu revolucionario. Los
prefacios de Bernstein carecen en parte de sentido, y en parte

son sencillamente falsos. Por ejemplo, en lugar de una caracterización
precisa, clara y franca de los errores oportunistas de Lassalle y
Schweitzer, que Marx y Engels desenmascararon, se encuentra uno con
frases eclécticas y ataques en los que se dice que "Marx y Engels no
siempre tuvieron razón al oponerse a Lassalle" (t. III, pág. XVIII), o
que en su táctica estaban "más cerca" de Schweitzer que de Liebknecht
(t. IV, pág. X). Estos ataques no tienen otro propósito que el de
encubrir y embellecer el oportunismo. Por desgracia, la actitud
ecléctica ante la lucha ideológica de Marx contra muchos de sus
adversarios se extiende cada vez más entre los socialdemócratas
alemanes de nuestros días.

Desde el punto de vista técnico, el índice es insatisfactorio: es
uno solo para los cuatro tomos (se han omitido, por ejemplo, los
nombres de Kautsky y Stirling); las notas correspondientes a algunas
cartas son demasiado pobres y se pierden en los prefacios del
redactor, en lugar de haber sido insertadas cerca de las cartas a que
se refieren, como lo hizo Sorge, etc.

La edicion es demasiado cara, unos 20 rublos los cuatro tomos. Sin
duda se podía y se debía haber publicado toda la correspondencia en
una edición menos lujosa y a un precio más accesible; además habría
que editar para su amplia difusión entre los obreros, una selección de
los pasajes más importantes desde el punto de vista de los principios.

Todos estos defectos de la edición dificultarán, naturalmente, el
estudio de la correspondencia. Es una lástima, porque su valor
científico y político es enorme. Ante el lector no sólo aparecen con
claro relieve Marx y Engels, en toda su grandeza, sino que se revela
con extraordinaria nitidez el riquísimo contenido teórico del
marxismo, ya que Marx y Engels analizan reiteradamente en sus cartas
los más

diversos aspectos de su doctrina, y subrayan y explican -- a veces
discutiendo y tratando de convencerse mutuamente -- lo más nuevo (en
relación con las concepciones anteriores), lo más importante y
difícil.

Ante el lector se despliega el cuadro asombrosamente vívido de la
historia del movimiento obrero del mundo entero, en los momentos más
importantes y en los puntos más esenciales. Más valiosa aún es la
historia de la política de la clase obrera. En las más variadas
ocasiones, en diversos países del viejo y del nuevo mundo, y en
diferentes momentos históricos, Marx y Engels analizan los principios
más importantes del planteamiento de las tareas políticas de la clase
obrera. Y el período que abarca la correspondencia fue un período en
el cual la clase obrera se separó de la democracia burguesa, un
período en el cual surgió un movimiento obrero independiente, un
período en el cual se definieron los principios fundamentales de la
política y la táctica del proletariado. Cuanto mayor es la frecuencia
con que podemos observar en nuestros días cómo el movimiento obrero de
diferentes países sufre de oportunismo a consecuencia del
estancamiento y la decadencia de la burguesía, a consecuencia de que
la atención de los dirigentes obreros está absorbida por las
trivialidades del día, etc., tanto más valioso resulta el riquísimo
material contenido en la correspondencia, que despliega una
profundísima comprensión de los objetivos revolucionarios básicos del
proletariado, proporciona una definición extraordinariamente flexible
de las tareas de la táctica del momento, desde el punto de vista de
dichos objetivos revolucionarios, sin hacer la menor concesión al
oportunismo o a la fraseología revolucionaria.

Si intentáramos definir con una sola palabra el foco, por así
decirlo, de toda la correspondencia, el punto central en

que converge todo el cuerpo de ideas expresadas y discutidas, esa
palabra sería dialéctica. La aplicación de la dialéctica materialista
a la revisión de toda la economía política desde sus fundamentos, su
aplicación a la historia, a las ciencias naturales, a la filosofía y a
la política y táctica de la clase obrera: eso era lo que interesaba
más que nada a Marx y Engels, en eso aportaron lo más esencial y
nuevo, y eso constituyó el avance magistral que produjeron en la
historia del pensamiento revolucionario.

En la exposición que sigue nos proponemos, después de un examen
general de la correspondencia, esbozar las observaciones y
razonamientos más interesantes de Marx y Engels, sin pretender
efectuar una relación exhaustiva del contenido de las cartas.

1. EXAMEN GENERAL

La correspondencia comienza con las cartas escritas en 1844 a Marx
por Engels, éste de 24 años. La situación en la Alemania de aquella
época aparece con notable relieve. La primera carta está fechada a
fines de setiembre de 1844 y fue femitida desde Barmen, donde vivía la
familia de Engels y donde éste nació. No había cumplido aún los 24
años. Estaba aburrido de la vida familiar y estaba ansioso por salir
de allí. Su padre era un individuo despótico, un piadoso fabricante,
que estaba indignado por el hecho de que su hijo asistiese
continuamente a reuniones políticas y por sus convicciones comunistas.
Engels escribió que si no fuese por su madre, a quien quería
profundamente, no habría perma-

necido en su casa ni siquiera los pocos días que le faltaban para
partir. Nunca creerías -- se queja a Marx -- las razones mezquinas y
los temores supersticiosos que mi familia expone contra mi
partida.[2]

Mientras Engels seguía en Barmen, donde lo retuvo durante cierto
tiempo un asunto amoroso, cedió a la insistencia de su padre y trabajó
unas dos semanas en la oficina de la empresa (su padre era un
fabricante). "El comercio es infame -- escribe a Marx --; Barmen es
una ciudad infame y también lo es la forma en que pierden el tiempo,
pero lo más infame es ser, además de burgués, fabricante, es decir, un
burgués que se opone activamente al proletariado." Me consuelo,
continúa diciendo Engels, trabajando en un libro sobre la situación de
la clase obrera (como se sabe, este libro apareció en 1845 y es una de
las mejores obras de la literatura socialista mundial). "Puede uno
quizá ser comunista y seguir siendo exteriormente un burgués y una
bestia de carga del comercio, si no realiza ninguna actividad
literaria; pero llevar a cabo una amplia propaganda comunista y
dedicarse, al mismo tiempo, al comercio y a la industria, es
imposible. Me iré de aquí. Agrega a esto la vida de amodorramiento de
una familia enteramente cristiano-prusiana: no lo puedó soportar más
tiempo; al fin y al cabo, podría llegar a convertirme en un filisteo
alemán e introducir el filisteísmo en el comunismo."[3] Así escribía
el joven Engels. Después de la revolución de 1848 las exigencias de la
vida lo obligaron a regresar a la oficina de su padre y a convertirse
durante largos años en "bestia de carga del comercio". Pero supo
mantenerse firme y crearse un ambiente muy distinto al
cristiano-prusiano, un ambiente de camaradería, y llegar a ser para
toda la vida un enemigo implacable de la "introducción del filisteismo
en el comunismo".

En 1844 la vida social en las provincias alemanas tenía mucha
semejanza con la vida social rusa a comienzos del siglo XX, antes de
la revolución de 1905. Todo el mundo anhelaba participar en la vida
política, todos hervían de indignación contra el gobierno; el clero
fulminaba contra la juventud por su ateísmo; los hijos de familias
burguesas peleaban con sus padres por "el, trato aristocrático dado a
los sirvientes o a los obreros".

El espíritu general de oposición se expresaba en que todo el mundo
declaraba ser comunista. "En Barmen -- escribe Engels a Marx -- el
comisario de policía es comunista." Estuve en Colonia, en Dusseldorf,
en Elberfeld, ¡y en todas partes se tropieza a cada paso con
comunistas! "Un ardiente comunista, un caricaturista que se llama
Seel, irá dentro de dos meses a París. Le daré tu dirección secreta;
les gustará a todos porque es entusiasta y ama la música, y podría ser
muy útil como caricaturista."[4]

"Aquí en Elberfeld ocurren milagros. Ayer (la carta está fechada
el 22 de febrero de 1845), en la sala más grande del mejor restaurante
de la ciudad, celebramos nuestra tercera asamblea comunista A la
primera asamblea asistieron 40, a la segunda 130 y a la tercera por lo
menos 200 personas. Todo Elberfeld y Barmen, desde la aristocracia del
dinero hasta los pequeños tenderos, estuvieron representados, todos
excepto el proletariado."

Así, literalmente, escribe Engels. En Alemania, todos eran
entonces comunistas, excepto el proletariado. El comunismo era una
forma de expresión de los sentimientos de oposición de todos, y en
primer lugar de la burguesía. "El público más obtuso, más indolente,
más filisteo, que nunca se interesó por nada en el mundo, empieza casi
a entusiasmarse por el comunismo"[5] Los principales predicadores del

comunismo eran entonces gente del tipo de nuestros populistas[6],
"socialistas revolucionarios"[7], "socialistas populares"[8], etc.,
es decir, burgueses bien intencionados, más menos enfurecidos contra
el gobierno.

Y en tales condiciones, en medio de un sinnúmero de tendencias y
fracciones seudosocialistas, Engels supo abrirse camino hacia el
socialismo proletario, sin temor a la ruptura con muchas personas
buenas, ardientes revolucionarios pero malos comunistas.

En 1846 Engels estaba en París. París hervía entonces con la
política y el debate sobre diversas teorias socialistas. Engeli
estudió con avidez el socialismo, se relacionó personalmente con
Cabet, Louis Blanc y otros socialistas destacados, frecuentó las salas
de redacción y los círculos.

Su atención principal se concentró en la doctrina socialista más
importante y difundida de la época: el proudhonismo[9]. Y hasta antes
de publicarse Filosofía de la miseria de Proudhón (octubre de 1846; la
célebre respuesta de Marx, Miseria de la filosofía, apareció en 1847),
Engels criticó con mordacidad implacable y notable profundidad las
ideas basicas de Proudhon, que eran defendidas en especial por el
socialista alemán Grün. Su excelénte conocimiento del inglés (que Marx
dominó mucho más tarde) y de la literatura inglesa permitieron a
Engels señalar inmediatamente (carta del 16 de setiembre de 1846) el
ejemplo de la bancarrota en Inglaterra de las famosas "bolsas de
trabajo" de Proudhon[10]. Proudhon denigra al socialismo, se indigna
Engels. Según Proudhon los obreros deben comprar capital.

A los 26 años Engels aniquila literalmente al "socialismo
verdadero", expresión que encontramos en su carta del 23 de octubre de
1846, mucho antes de que apareciera el Manifiesto Comunista, y
menciona a Grün como el principal exponente

de tal socialismo. Una doctrina "antiproletaria, pequeñoburguesa y
filistea", "pura fraseologia", todo género de aspiraciones
"humanitarias", el "temor supersticioso a un comunismo 'grosero'"
(literalmente: Löffel-Kommunismus, es decir, "comunismo de cuchara" o
"comunismo pancista"), "planes pacíficos para hacer feliz" a la
humanidad: éstas son algunas de las caracterizaciones de Engels, que
se aplican a todas las variedades del socialismo premarxista.

"Durante tres veladas -- escribe Engels -- discutimos sobre
proudhonismo. Casi todos, con Grün a la cabeza, estaban contra mí. El
punto principal fue demostrar la necesidad de una revolución violenta"
(23 de octubre de 1846). Al fin me enfurecí, y acosé a mis adversarios
con tanta energía, que ellos se vieron obligados a atacar abiertamente
al comunismo. Exigí que se pusiera a votación si eran o no comunistas.
Esto causó gran indignación entre los partidarios de Grün, quienes
empezaron a sostener que se habían reunido para tratar del "bien de la
humanidad" y que debian saber qué era realmente el comunismo. Les di
entonces una definición sumamente sencilla, para no permitirles
escapar por la tangente. "Definí, escribe Engels, los objetivos de los
comunistas de esta manera: 1) defender los intereses del proletariado
en oposición a los de la burguesía; 2) realizar esto mediante la
abolición de la propiedad privada y su remplazo por la comunidad de
bienes; 3) no reconocer otro medio de llevar a cabo estos objetivos
que la revolución democrática violenta (escrito año y medio antes de
la revolución de 1848)[11].

La discusión terminó con la aceptación por parte de la reunión,
por 13 votos contra dos de los partidarios de Grün, de la definición
dada por Engels. Asistieron a estas reuniones unos 20 artesanos
ebanistas. De este modo, hace 67 años,

se sentaron en París las bases del Partido Obrero Socialdemócrata de
Alemania.

Un año más tarde, en su carta del 23 de noviembre de 1847, Engels
informa a Marx que ha preparado un borrador del Manifiesto Comunista y
de paso se pronuncia contra la forma de catecismo propuesta
inicialmente. "Comienzo -- escribe Engels -- por el problema de qué es
el comunismo, y paso luego directamente al proletariado: historia de
su origen, diferencia con los trabajadores de antes, desarrollo de la
contradicción entre el proletariado y la burguesía, crisis,
conclusiones". "Al final, la política de partido de los
comunistas."[12]

Esta histórica carta de Engels sobre el primer borrador de una
obra que ha recorrido el mundo entero, y que hasta hoy es acertada en
todo lo esencial, viva y actual como si hubiera sido escrita ayer,
demuestra con toda claridad que los nombres de Marx y Engels se
mencionan con razón uno junto al otro, como fundadores del socialismo
contemporáneo.

NOTAS

[1] El artículo "La correspondencia entre Marx y Engels" representa
el comienzo de un extenso trabajo que pensaba escribir Lenin a
propósito de la aparición en alemán, en septiembre de 1913, de la
correspondendia entre Marx y Engels en cuatto tomos. Lenin estudió
minuciosamente esta correspondencia.

Se proyectó publicar el artículo de Lenin "La correspondencia
entre Marx y Engels" en la revista Prosvechenie en 1914, y así llegó a
anunciarse en el núm. 7 del periódico Proletárskaia Pravda (14 de
diciembre de 1913). Mas el artículo quedó sin terminar, y tan sólo fue
publicado en Pravda el 28 de noviembre de 1920, día del centenario del
nacmiento de Engels. Con motivo de esta fecha, al preparar el artículo
para la prensa, Lenin añadió el subtítulo Engels, uno de los
fundadores de comunismo y escribió una nota: "Comienzo de un artículo sin terminar,
escrito en 1913 o a principios de 1914". 

[2] Véase la carta de C. Marx a F. Engels de comienzos de octubre
de 1844 y la carta de F. Engels a C. Marx del 17 de marzo de 1845.

[3] Véase la carta de F. Engels a C. Marx del 20 de enero de 1845.

[4] Véase la carta de F. Engels a C. Marx de comienzos de octubre
de 1844. 

[5] Véase las cartas de F. Engels a C. Marx de los días 22-26 de
febrero y del 7 de marzo de 1845. 
[6] Los populistas conformaban una tendencia pequeñoburguesa en el
movimiento revolucionario de Rusia; el populismo surgió en las décadas
de los años 60 y 70 del siglo XIX. En las décadas de los 80 y 90 de
dicho siglo el populismo se puso en el camino de la conciliación con
el zarismo, expresando los intereses de los kulaks, y condujo una
lucha encarnizada contra el marxismo. 

[7] Socialistas Revolucionarios (eseristas): partido pequeñoburgués
en Rusia, surgió a comienzos de 1902 como resultado de la unificación
de diferentes grupos y circulos populistas. Representaron los
intereses de la clase de kulaks. Las concepciones de los eseristas
constituían una amalgama ecléctica de las ideas del populismo y el
revisionismo; los eseristas "intentaban, según expresión de Lenin,
arteglar los desgarrones del populismo" con "remiendos de la 'crítica'
oportunista en boga del marxismo". (V. I. Lenin, Obras Completas, t.
IX.)

Durante la Primera Guerra Mundial, los eseristas abrazaron las
posiciones del socialcnovinismo.

Después de la victoria de la Revolución Democrático-burguesa de
Febrero de 1917, los eseristas, junto con 105 mencheviques y kadetes
constituyeron el puntal principal del gobierno provisional
contrarrevolucionario. Los eseristas rechazaron la petición campesina
de liquidar la propiedad terrateniente de la tierra y conservó la
propiedad privada de los terratenientes.

El ala izquierda de los eseristas en diciembre de 1917 fundó el
partido Independiente de los eseristas de izquierda. Los eseristas de
izquierda reconocieron formalmente el Poder Soviético y concertaron un
acuerdo con los bolcheviques, pero al poco tiempo abrazaron el camino
de lucha contra el Poder Sovietico.

En el periodo de la intervención militar extranjera y de la guerra
civil los eseristas realizaron, en muchas ocasiones, labores
subversivas contrarrevolucionarias, incitaton a los kulaks a la rebelión y organizaron
acciones terroristas contra los dirigentes del Partido Comunista y del
Gobierno Soviético. Después de la guerra civil, los eseristas
continuaron sus actividades hostiles contra el Estado Soviético. En
consecuencia, fueron destruidos por el Poder Soviético. 

[8] Socialistas populares (enesistas): organiziacion
pequeñoburguesa fundada en 1906, al separarse del ala derecha de los
socialistas revolucionarios. Los enesistas presentaron una moderada
demanda democrática sin sobrepasar el límite de la monarquía
constitucional. Rechazaron el principio programático propugnado por
los eseristas de la socialización de toda la tierra y apoyaron el
enajenamiento de tierra de los terratenientes en base a rescate. Lenin
los calificó de "oportunistas pequeñoburgueses", "socialkadetes",
"mencheviques eseristas". Dirigian el partido A. Peshejónov, V.
Miákotin, N. Annenski y otros.

Después de la Revolución de Febrero de 1917, el partido respaldó
activamente al gobierno provisional, echándose, de este modo, al campo
contrarrevolucionario. 

[9] Proudhonismo: corriente en el socialismo pequenoburgues, que
toma ese nombre de su fundador, el anarquista francés Pierre Proudhon.
Este criticaba la gran propiedad capitalista desde una posición
pequeñoburguesa, soñaba con perpetuar la pequeña propiedad privada y
proponia que se organizara un banco "popular" y de "cambio" para que
los obreros pudieran proveerse de medios de producción propios y
lograr un "justo" intercambio de sus productos. No entendia el papel
histórico y la importancia del proletariado, adoptaba una actitud
negativa hacia la lucha de clases, la revolución socialista y la
dictadura del proletariado; como anarquista, también negaba la
necesidad del Estado. Proudhon y sus partidarios tomaron la pequeña
producción y el cambio comerciales como base social, perpetua e
invariable. "No se trata de destruir el capitalismo y su base -- la
producción mercantil -- sino de depurar esa base de abusos,
excrecencias, etc.; no se trata de abolir el intercambio y el valor de
cambio, sino, por el contrario, de hacerlo 'constitucional',
universal, absoluto, 'justo', y libre de oscilaciones, crisis y
abusos. Tal era la idea de Proudhon." (V. I. Lenin, "Notas criticas
sobre el problema nacional", 4. La "autonomía cultural nacional",
Obras Completas, t. XX.) 

[10] Véase F. Engels, "Al comité de correspondencia del comunismo en
Brussel (16 de septiembre de 1846)". 

[11] Ibíd., del 23 de octubre de 1846. 

[12] Véase la carta de F. Engels a C. Marx de 23-24 de noviembre de
1847.