Querida María Aleksándrovna, hace una eternidad que no le escribo. Últimamente andaba con las cartas en una especie de huelga a la italiana. En parte la culpa es de Volodia. Me arrastró al partido de los «paseístas». Aquí bromeamos diciendo que tenemos los partidos de los «cinemistas» (aficionados a ir al cinema*), de los «anticinemistas», o antisemitas, y el partido de los «paseístas», que siempre se las apañan para escapar de paseo. Volodia es un anticinemista decidido y un paseísta empedernido. Y así me va metiendo en su partido, y luego no me alcanza el tiempo para nada. Los días, como a propósito, están espléndidos. Ha caído un poco de nieve, está sencillamente magnífico. ¡Y el otoño también fue muy bueno! ¡En Cracovia, qué otra cosa hacer sino pasear! Distracciones culturales, ninguna. Una vez fuimos a un concierto, un cuarteto de Beethoven, incluso tomamos un abono colectivo, pero por alguna razón el concierto nos produjo un aburrimiento terrible, aunque una conocida nuestra, * excelente música, quedó encantada. Al teatro polaco no dan ganas de ir, los cinemas aquí son terriblemente ridículos, todo melodramas en cinco actos...

Hemos decidido con Volodia, después de las fiestas, emprender la exploración de la biblioteca universitaria de aquí, porque es una vergüenza no haber ido ni una sola vez. Aquello de lo que aquí carecemos por completo es de literatura de ficción. Volodia casi ha aprendido de memoria a Nadson y a Nekrásov; un tomo suelto de *Ana Karénina* se relee por centésima vez. Nuestra literatura (una ínfima parte de lo que teníamos en Petersburgo) la dejamos en París, y aquí no hay dónde conseguir un libro ruso. A veces leemos con envidia los anuncios de los libreros de viejo sobre 28 tomos de Uspenski, 10 tomos de Pushkin, etc., etc.

Volodia, como a propósito, se ha vuelto un gran «literato». Y un nacionalista empedernido. No hay manera de atraerlo hacia los pintores polacos; en cambio, por ejemplo, recogió en casa de unos conocidos un catálogo de la galería Tretiakov que ellos habían desechado y se sumergió en él reiteradamente.

Todos estamos bien de salud. Volodia toma cada día una ducha fría, sale a pasear y ya no tiene insomnio. Sigue alabando este pantano. Mamá está algo fastidiada, unas veces con fluxión, otras con tos. Ella le manda muchos saludos. Recibí la carta de Manyasha, pero emborronó tanto como de costumbre que no entendí nada. Que escriba más a menudo. La abrazo fuerte, fuerte, a ella y a Usted, les deseo salud y todo lo mejor. Bueno, otra vez besos.

Vuestra Nadia.

Te beso fuerte, querida mía, y te deseo ánimo y salud. Un saludo enorme para Manyasha (le escribí hace unos días) y para Anyuta, que seguramente está con vosotras.

Tu V. U.