Ayudando al confundido señor Mogilianski, la redacción de la liberal «Rech» publicó recientemente (núm. 340) una declaración sin firma, es decir, oficial de la redacción, sobre una cuestión importante: el derecho de las naciones a la autodeterminación.

El señor Mogilianski, eludiendo una respuesta directa, aseguraba que su punto de vista «no tiene nada en común con la negación del derecho de las naciones a la autodeterminación». Ahora «Rech» declara oficialmente que en el programa del partido k.-d., en el parágrafo 11, se da una «respuesta directa, precisa y clara sobre el derecho a la libre autodeterminación cultural».

La palabra que hemos subrayado es especialmente importante, pues precisamente no se trataba de la autodeterminación «cultural» ni en el primer artículo del señor Mogilianski, ni en la respuesta que le dio el señor Dontsov, ni en la polémica del señor Mogilianski contra el señor Dontsov. Se trataba de la autodeterminación política de las naciones, es decir, del derecho de las naciones a la separación, mientras que por «autodeterminación cultural» (un uso del término absurdo y ampuloso, que contradice toda la historia de la democracia) los liberales entienden, en esencia, solo la libertad de los idiomas.

«Rech» declara ahora que «Proletárskaya Pravda» confunde irremediablemente la autodeterminación con el «separatismo», la separación de tal o cual nación.

¿De qué lado está aquí la confusión irremediable (o, tal vez, premeditada…)?

¿Negarán nuestros ilustrados «constitucionalistas-demócratas» que en toda la historia de la democracia internacional, especialmente desde mediados del siglo XIX, por autodeterminación de las naciones se entiende precisamente la autodeterminación política, es decir, el derecho a la separación, a la formación de un Estado nacional independiente?

¿Negarán nuestros ilustrados «constitucionalistas-demócratas» que el Congreso Socialista Internacional de Londres en 1896, reiterando un principio democrático establecido (al cual el congreso, por supuesto, no se limitó), tenía en cuenta también precisamente la autodeterminación política, y en absoluto una supuesta autodeterminación «cultural»?

¿Negarán nuestros ilustrados «constitucionalistas-demócratas» que, por ejemplo, Plejánov, quien ya en 1902 escribía sobre la autodeterminación, entendía por ella precisamente la autodeterminación política?

¡Por favor, dense una explicación más detallada, señores, no oculten a la «plebe» los frutos de su «ilustración»!

Sobre la esencia de la cuestión, «Rech» declara:

«Efectivamente, los k.-d. nunca han pretendido defender el derecho de “separación de las naciones” del Estado ruso».

¡Magnífico! ¡Agradecemos la franqueza y la declaración, plenamente de principios! ¡Llamamos la atención de «Rossiya», «Nóvoe Vremia», «Zémshchina»{98} y similares sobre esta declaración «sumamente leal» del oficioso de los kadetes!

Pero no se enojen, señores kadetes, si precisamente por eso se les debe llamar nacional-liberales. Precisamente aquí reside una de las bases de su chovinismo y de su bloque ideológico-político con los Purishkévich (o de su dependencia ideológico-política de ellos). Los Purishkévich y su clase educan a la masa oscura en la conciencia «firme» del «derecho» de «arrastrar y no soltar». Los señores kadetes estudiaron historia y saben perfectamente a qué… por decirlo suavemente… acciones «de tipo pogromista» condujo con frecuencia la aplicación práctica de este «derecho ancestral». Un demócrata no podría seguir siendo demócrata (ya no hablamos de la democracia proletaria) si no predicara sistemáticamente, precisamente a las masas gran-rusas, precisamente en idioma ruso, la «autodeterminación» de las naciones en el sentido político, y no en el «cultural».

El nacional-liberalismo se caracteriza en todas partes, siempre y en todo lugar, precisamente por el hecho de que se sitúa plenamente sobre el terreno de las relaciones (y de las fronteras) definidas por la clase de los Purishkévich y custodiadas (a menudo en contra de las exigencias del desarrollo económico y de la «cultura») por los métodos de los Purishkévich. Esto significa en la práctica una adaptación a los intereses de los terratenientes feudales y a los peores prejuicios nacionalistas de la nación dominante, en lugar de una lucha sistemática contra esos prejuicios.

«Proletárskaya Pravda» núm. 12, 20 de diciembre de 1913.

Se publica según el texto del periódico «Proletárskaya Pravda»