La característica principal de los publicistas del «Nuevo Periódico Liquidacionista» – la hipocresía, espoleada por una impotente maldad, nunca había alcanzado los límites que ha alcanzado en sus artículos con motivo de la resolución de la Oficina Internacional{97}.

Hasta dónde han llegado, se desprende ya del hecho de que, después de sus primeros artículos sobre este tema, el secretario de la Oficina Socialista Internacional, Huysmans, se vio obligado a autorizar al camarada Popov a transmitir a los obreros rusos su protesta contra los intentos del «Nuevo Periódico Obrero» de «explotar en sus intereses fraccionales el desconocimiento» de los lectores rusos, su protesta contra la «absoluta falta de fidelidad y lealtad» de las informaciones publicadas por los liquidacionistas sobre las decisiones de la Oficina.

Después de que los publicistas del «Nuevo Periódico Obrero» recibieran una tan sonora… caracterización de labios del secretario de la Oficina, podemos pasar con toda tranquilidad por alto sus intentos de acusarnos de tergiversar el verdadero carácter de las decisiones adoptadas en Londres. Las personas públicamente acusadas por el secretario de la Oficina de «explotar en sus intereses fraccionales» sus decisiones y de tener una actitud «desleal» hacia ellas, pueden gritar cuanto quieran sobre su respeto a la Internacional, etc., difícilmente encontrarán quien les crea. Todo obrero conoce ahora el verdadero nombre de aquellas manipulaciones mediante las cuales el Sr. D., con gran esfuerzo, extrae de la resolución de la Oficina tanto los «métodos de construcción» del partido, como la «condena» del grupo de los seis, el «rechazo» de nuestras «pretensiones», y el «reconocimiento» del carácter socialdemócrata de Lévitsa. ¡El prestidigitación literaria en torno a las resoluciones de la Oficina no es aún una muestra de respeto hacia esas resoluciones, Sr. D.!

¡Pero hasta qué punto es grande la confusión de estos prestidigitadores! ¡Miren cómo se ven obligados a contradecirse a cada paso!

1) En el nº 102, el Sr. D. anuncia solemnemente: «La Oficina Socialista Internacional ha condenado la salida de la fracción de los 6 diputados»; en el número siguiente, el nº 104, otro prestidigitador, el Sr. L. S., declara no menos solemnemente: «La Oficina Socialista Internacional no ha emitido ni diplomas de elogio ni censuras». Y – ¡fíjense bien! – ambos respetables varones están muy satisfechos con la resolución de la Oficina: uno por haber «condenado», y el otro por no haber emitido condena alguna. ¿Se puede imaginar un cuadro de mayor desconcierto?

¡Y los Sres. liquidacionistas tenían razones para estar desconcertados! El punto fundamental de la resolución de la Oficina dice inequívocamente lo siguiente: cualquier paso práctico hacia la unidad debe ir precedido de una aclaración previa de las divergencias existentes.

Y esta resolución es completamente correcta.

Si no queremos, so el nombre de «unidad», administrar a la clase obrera una mezcla informe de los más diversos elementos, si queremos una unidad real de trabajo, el primer paso obligatorio hacia ello debe ser la aclaración precisa de los «puntos de divergencia». Que mediante un «intercambio general de opiniones» se aclaren con precisión los «puntos de divergencia», y entonces quedará claro si se puede hablar de algún paso práctico hacia la unificación. Así está planteada la cuestión en la resolución de la Oficina. Aplaudimos completamente este planteamiento. A la propuesta de la Oficina Socialista Internacional respondimos con un llamamiento a los obreros: discutir de nuevo, con calma y reflexión, las divergencias y dar su opinión sobre los puntos de divergencia. Prometimos, por nuestra parte, contribuir en todo lo posible a que los camaradas del extranjero conozcan las divergencias existentes. La resolución publicada en el nº 9 de «La Verdad Proletaria» da resumidos, con toda corrección, aquellos puntos que nos separan de los liquidacionistas[35]. Esta debe ser nuestra respuesta a la propuesta de la Oficina, y, por supuesto, no ha habido ni hay otro camino para quienes toman en serio la decisión de la Oficina de provocar un «intercambio general de opiniones sobre los puntos de divergencia».

¡Pero – y en esto está todo el asunto! – para los Sres. liquidacionistas no hay nada más desagradable, indeseable e inaceptable que la aclaración de las divergencias teóricas, programáticas, tácticas y organizativas imperantes. Todas sus tergiversaciones, distorsiones, insultos en relación con la resolución de la Oficina están dirigidos exclusivamente a silenciar esta exigencia de la resolución sobre la aclaración previa de las divergencias. Tanto el Sr. L. S. como el Sr. D. se afanan con el mayor esmero por adelantarse: ¿no se podría, de algún modo, «unificarse» sin «consultas» sobre el «formulario» ideológico de los que se unifican? ¿No se podría prescindir de «citas de viejas revistas y periódicos?», se preocupa el Sr. L. S.; ¿no se podría no recordar el «pasado?», se afana el Sr. D. – Los comprendemos muy bien: nada hay más placentero para el Sr. L. S. que los recuerdos de los artículos sobre la clandestinidad (nº 15 (101) de «Luch») y para el Sr. D. que los recuerdos sobre la consigna «lucha por la legalidad». Y nos adherimos plenamente a la resolución de la Oficina, en cuanto propone no escarbar en los errores del pasado. No nos negaremos a conceder una amnistía por los «errores del pasado», que tanto solicitan los Sres. liquidacionistas. El pasado no nos interesa por sí mismo, nos interesa el trabajo de hoy y de mañana. Y respecto a este trabajo queremos saber: ¿continuará la persecución de la clandestinidad en los órganos liquidacionistas?; ¿continuarán reconociendo los «tres pilares» como inadecuados en el momento actual?; ¿seguirán defendiendo la tergiversación del programa permitida por los «agustistas»?; etc.

La aclaración de estas cuestiones y del grado de divergencia en ellas es, según la resolución de la Oficina, la condición previa para cualquier paso adelante en la cuestión de la unidad – si no se entiende la «unidad» a la liquidacionista, en el sentido de una mezcla sin ideas en un solo montón de todos aquellos a quienes se les antoje llamarse socialdemócratas.

«¡Los puntos de acusación ya están formulados!», truena el Sr. L. S. No quisiéramos recordar aquí el proverbio sobre cierto hombre a quien se le incendió el gorro, ¡pero para qué toma el Sr. L. S. por «acusaciones» las simples condiciones de paz? Nosotros decimos: la organización que surgiera de la unificación debería basarse en tales y tales principios: en el reconocimiento del viejo programa, de una forma conocida de organización, de consignas sin recortar, de una táctica decidida, etc. Y ustedes inmediatamente declaran que esta formulación del programa, la táctica y las tareas de la organización no es otra cosa que «el catálogo completo de los pecados liquidacionistas». Les compadecemos mucho, pero ni nosotros ni la Oficina conocemos otra manera de construir nuevas organizaciones que mediante la aclaración de su programa, táctica, etc.

Sin embargo, somos culpables de un pecado aún más grave. No solo hemos planteado las condiciones para la creación de la organización, es decir, no solo hemos aclarado las condiciones de paz, sino que además hemos sometido estas condiciones al juicio de los obreros.

Insistimos en que no existe otro camino para cumplir la resolución de la Oficina que el que nosotros hemos elegido.

La Oficina llama a todos los que se llaman socialdemócratas a aclarar las divergencias que los separan, como paso previo para resolver la cuestión de la unidad.

La resolución publicada por nosotros respondió al llamamiento de la Oficina con una «lista» de puntos de vista sobre las cuestiones fundamentales del programa, la táctica y la organización, y sometiendo esta nuestra «lista» a la discusión de los camaradas obreros. Si los Sres. liquidacionistas siguieran nuestro ejemplo, en un futuro más o menos cercano tendríamos opiniones claramente formuladas de todas las partes y una aclaración precisa de qué lado está la mayoría de los obreros organizados. La tarea planteada al proletariado ruso por la Oficina Socialista Internacional habría avanzado hacia su solución. Pero los liquidacionistas, por supuesto, se sustraerán hasta el final a este camino por la sencilla razón de que tanto la formulación clara de sus puntos de vista políticos como su sometimiento al juicio de amplios círculos de obreros es igualmente desfavorable para los intereses de su círculo.

En estas condiciones, inevitablemente tenderán a sustituir la clara «aclaración de divergencias» que exige la Oficina por pequeñas disputas personales, tergiversaciones y distorsiones que solo pueden dificultar su trabajo, y provocarán constantemente aquellas lecciones de «lealtad» que el secretario de la Internacional ya se ha visto obligado a impartir a los Sres. liquidacionistas.

«La Verdad Proletaria» nº 11, 19 de diciembre de 1913.

Publicado según el texto del periódico «La Verdad Proletaria».