Saludamos calurosamente la decisión de la Internacional obrera respecto a la necesidad de esclarecer por completo y hasta el fin las divergencias sustanciales y fundamentales existentes en Rusia entre las corrientes políticas que participan en el movimiento obrero.

Respondiendo a la propuesta de la Internacional, consideramos necesario, por nuestra parte, esbozar aquellas divergencias fundamentales que, en nuestra opinión, dividen a los marxistas y a los liquidadores en dos campos irreconciliables.

Declaramos, ante todo, que para todo obrero consciente no se trata de crear un todo nuevo, sino únicamente de fortalecer y reconstituir por completo la vieja organización, tal como se formó hace más de 15 años, con su viejo programa y sus más importantes resoluciones tácticas. De esta organización marxista se han escindido los liquidadores. Para restablecer la unidad con ellos en el ámbito del trabajo extraparlamentario, las condiciones necesarias son:

1) El reconocimiento total e incondicional (de hecho) de la «clandestinidad», la sumisión incondicional a las decisiones de sus células y el compromiso de no permitir en modo alguno, en las páginas de la prensa, ningún tipo de ataque contra ella.

2) El reconocimiento total e incondicional de que la tarea principal de la época son las tres reivindicaciones fundamentales planteadas por la clase obrera de Rusia, la realización del trabajo en este espíritu y la renuncia a la prédica liberal-reformista que llama a abjurar de las viejas tareas.

3) La retirada de todos los intentos de modificar el programa de los marxistas (autonomía cultural-nacional) y el reconocimiento incondicional del programa elaborado en 1903.

4) La sumisión total, en las cuestiones relacionadas con el movimiento huelguístico, a las decisiones de los obreros organizados marxistamente y la renuncia a la lucha contra la así llamada «fiebre huelguística».

5) El reconocimiento de hecho de la táctica independiente del proletariado y la renuncia a rebajar las tareas de la clase obrera en interés de los bloques con los liberales.

6) El reconocimiento de que, en la cuestión del trabajo en los sindicatos, es preciso guiarse por las resoluciones del Congreso Socialista Internacional de Stuttgart y del Congreso de Londres de los marxistas rusos.

7) La renuncia al principio de construir las organizaciones obreras según el principio nacional. La creación de organizaciones únicas en Polonia y en la Región Noroccidental. El cumplimiento por el Bund de la resolución sobre la fusión a nivel local, repetida en varias ocasiones por los marxistas rusos en su conjunto.

En el ámbito del trabajo en la Duma, las condiciones para la unidad son:

I. El reconocimiento de la fracción como un órgano incondicionalmente subordinado a la voluntad organizada del conjunto marxista.

II. La retirada de todas las violaciones del programa (autonomía cultural-nacional, la aceptación de Jagiello, etc.).

III. La condena de las acciones escisionistas de los siete, condenadas también por G. V. Plejánov en una carta al Buró Socialista Internacional.

En cuanto a las fracciones con las que sería útil que el Buró Internacional entablara relaciones para organizar un intercambio general de opiniones, exigimos, ante todo, que en él participen única y exclusivamente los representantes de las organizaciones obreras existentes en Rusia, y en ningún caso los círculos del extranjero no vinculados con el trabajo en Rusia.

Y consideramos, además, que: 1) o bien se debe invitar únicamente a los representantes de las dos corrientes principales que luchan en Rusia, es decir, a los marxistas y a los liquidadores, 2) o bien, si se desea esclarecer todas las divergencias en general entre los socialdemócratas rusos y quienes se consideran socialdemócratas, entonces se debe invitar a todas, sin excepción, las organizaciones obreras que actúan en Rusia y que se consideran próximas a la socialdemocracia. En este caso, no hay motivos para excluir tampoco a algunos populistas de izquierda, así como a los grupos judíos que compiten con el Bund y que se consideran socialistas, etc.

Finalmente, expresamos la seguridad de que, para una correcta elucidación de las divergencias entre los socialdemócratas rusos, la prensa socialista extranjera abrirá sus páginas a los representantes responsables de las organizaciones rusas, quienes –a diferencia de los círculos de emigrados y de personas irresponsables– podrían dar a los camaradas extranjeros una idea exacta de la base ideológica y política de las divergencias en el movimiento obrero ruso.

«Proletárskaia Pravda», núm. 9, 17 de diciembre de 1913.