En el verano del presente año, el periódico “Rech”, principal órgano liberal en Rusia, publicó un artículo del Sr. Mijaíl Moguilianski sobre el congreso estudiantil de toda Ucrania en Lvov. En el periódico “Rabóchaya Pravda” se señaló que el Sr. Moguilianski, de un modo completamente inadmisible (para un demócrata o para alguien que quiera pasar por demócrata), había cubierto de insultos al separatismo ucraniano, predicado, entre otros, por el Sr. Dontsov[31]. Se señaló de inmediato que no se trataba en absoluto de estar de acuerdo o no con el Sr. Dontsov, a quien se oponen muchos marxistas ucranianos. Se trataba de que es inadmisible tachar al «separatismo» de «delirio» y aventurerismo, que eso es un procedimiento chovinista, y que, al criticar uno u otro plan de separación (secesión), un demócrata gran ruso está obligado a hacer agitación por la libertad de separación, por el derecho a la separación.

Como ve el lector, se trata de una cuestión de principio, programática, que concierne a los deberes de la democracia en general.

Y he aquí que ahora, medio año después, el Sr. Mijaíl Moguilianski vuelve a intervenir en “Rech” (núm. 331) sobre este punto, respondiendo no a nosotros, sino al Sr. Dontsov, quien había atacado duramente a “Rech” en el periódico de Lvov “Shliaji”{85}, señalando al mismo tiempo que «sólo la prensa socialdemócrata rusa había estigmatizado como correspondía el exabrupto chovinista de “Rech”».

Refutando al Sr. Dontsov, el Sr. Moguilianski declara por tres veces que «la crítica de las recetas del Sr. Dontsov no tiene nada en común con la negación del derecho de las naciones a la autodeterminación».

Esta declaración del colaborador del liberal “Rech” es sumamente importante, y rogamos a los lectores que le presten una atención especial. Cuanto más raramente acceden los señores liberales a pasar del habitual chismorreo político-oposicionista al planteamiento y análisis de las verdades básicas y esenciales de la democracia, con tanta mayor insistencia hay que llamar a valorar seriamente cada caso de semejante transición.

¿Reconoce nuestro partido constitucional-«democrático» el derecho de las naciones a la autodeterminación, o no? He aquí una cuestión interesante, rozada casualmente por el Sr. Moguilianski.

¡Él hace por tres veces su reserva, pero no da una respuesta directa a esta pregunta! Sabe perfectamente que no se puede encontrar una respuesta directa, precisa y clara a esta pregunta ni en el programa del partido k.-d., ni en la prédica política cotidiana (propaganda y agitación) de ese partido.

«Hay que decir –escribe el Sr. Moguilianski– que el “derecho de las naciones a la autodeterminación” tampoco es ningún fetiche que no admita crítica: las condiciones malsanas de vida de una nación pueden engendrar tendencias malsanas en la autodeterminación nacional, y poner de manifiesto estas últimas no significa aún negar el derecho de las naciones a la autodeterminación».

¡He aquí una muestra de esas evasivas liberales, cuyos refritos se pueden encontrar en las páginas del periódico liquidacionista de los señores Semkovski! Sí, Sr. Moguilianski, ningún derecho democrático es un «fetiche», en ninguno de ellos se puede olvidar, por ejemplo, el contenido de clase. Todas las reivindicaciones democráticas generales son reivindicaciones democrático-burguesas, pero de eso sólo los anarquistas y los oportunistas pueden sacar la conclusión de que hay que oponerse a la defensa más consecuente de esas reivindicaciones por parte del proletariado.

Por supuesto, una cosa es el derecho a la autodeterminación, y otra la conveniencia de la autodeterminación, de la separación de tal o cual nación en un caso u otro. Esto es el abecé. Pero ¿reconoce el Sr. Moguilianski, reconocen los liberales de Rusia, reconoce el partido k.-d. el deber del demócrata de predicar a las masas –en especial a las masas gran rusas– la importancia de este derecho, su carácter imperioso?

No, no y no. He aquí lo que sortea, lo que oculta el Sr. Moguilianski. He aquí una de las raíces del nacionalismo y el chovinismo de los kadetes, no sólo de Struve, Izgóev y otros kadetes francos, sino también de los diplomáticos del partido kadete como Miliukov, y de los filisteos de ese partido como... ¡Pero los nombres no importan!

El obrero consciente de Rusia no olvidará que, además de los nacional-reaccionarios, tenemos también nacional-liberales, y que aparecen los inicios del nacional-democratismo (recuérdese al Sr. Peshejónov en el número 8 de “Rússkoe Bogatstvo”{86} de 1906, con su llamamiento a la «cautela» respecto a los prejuicios nacionalistas del mujik gran ruso).

Para combatir la lacra del nacionalismo en todas sus formas, tiene una importancia muy grande la prédica del derecho a la autodeterminación.

“Proletárskaia Pravda” núm. 4, 11 de diciembre de 1913. Firmado: I.

Se publica según el texto del periódico «Proletárskaia Pravda».