En el presente número de nuestro periódico, los camaradas obreros encontrarán un relato detallado de la reciente reunión del Buró Socialista Internacional en Londres, así como su resolución sobre la cuestión de la unidad de las fuerzas socialdemócratas en Rusia.

Esta resolución debe ser examinada con toda atención por los obreros conscientes de toda Rusia.

El obrero consciente siente y reconoce que no es solo miembro de la familia marxista rusa, sino que comprende que es también miembro de la familia internacional de los marxistas. Tiene deberes también respecto a la Internacional obrera. Debe contar con la opinión y los deseos de esta última. No debe separarse ni por un minuto del ejército internacional de los obreros.

Los obreros marxistas rusos no pueden sino saludar el hecho de que la Internacional obrera muestre el afán de conocer seriamente las disputas de principios que tan destacado papel desempeñan en nuestro movimiento obrero ruso. Las malditas condiciones de la vida social y política rusas han provocado que nuestros camaradas sepan mucho menos sobre nuestro movimiento que sobre el movimiento en cualquier otro país. El desconocimiento de la situación real en Rusia llega al extremo de que, no hace mucho, representantes de la socialdemocracia alemana proponían convocar a todos los círculos de socialdemócratas rusos en el extranjero (¡12 «corrientes» en el extranjero!) para elaborar un nuevo programa del partido. Y todo el mundo sabe que ese programa fue elaborado por el proletariado ruso ya en 1903...

Afortunadamente, esta época ya está pasando. Con su gran lucha heroica, el proletariado ruso ha obligado a todo el mundo civilizado a hablar de él. La clase obrera de Rusia ha ocupado por derecho propio su lugar en la Internacional obrera, y se puede decir con certeza que, con cada año que pase, su papel en la arena internacional será cada vez más significativo e importante.

La decisión del Buró Internacional ofrece por primera vez a los obreros rusos la posibilidad de informar a fondo a nuestros camaradas de Europa occidental sobre la esencia de nuestras disputas. El Buró ha planteado la cuestión así: 1) ofrece sus servicios fraternales para lograr la unidad, 2) considera necesario esclarecer las divergencias reales, 3) encarga a su Comité Ejecutivo que entable relaciones y organice un intercambio de opiniones con todos los socialdemócratas que reconocen el programa socialdemócrata, así como con aquellos cuyo programa se acerca al socialdemócrata.

Todo esto es plenamente aceptable para los marxistas rusos.

Es, en verdad, sumamente deseable esclarecer las divergencias. Y no solo entre marxistas y liquidacionistas, sino también entre marxistas y populistas, sionistas-socialistas{83} (que desde nuestro punto de vista no son mucho mejores que el Bund o el PPS), etc. Si el Buró Internacional consigue aquí formulaciones claras y precisas, el establecimiento de las bases reales de las divergencias políticas, será un éxito considerable.

Pero esclarecer las divergencias, por supuesto, no significa aún eliminarlas. Las divergencias hunden sus raíces en puntos de vista completamente diferentes sobre la época que está viviendo Rusia. Son dos tácticas, dos sistemas políticos: el proletario y el liberal. Esta discrepancia no se puede eliminar con nada.

Sin embargo, también aquí será sumamente deseable esclarecer de manera precisa y definida qué condiciones plantea cada parte para la unificación.

Ante los obreros marxistas se alza una tarea importante: deben examinar minuciosamente la propuesta del Buró Internacional y tratarla con toda atención, y esbozar sus condiciones para la unidad.

Estas condiciones son claras. Se derivan de todo el desarrollo del movimiento obrero. Los liquidacionistas deben reconocer en los hechos la totalidad marxista, reconocer que las principales consignas para la agitación entre las masas son las tres viejas reivindicaciones fundamentales; deben retirar las modificaciones del programa (autonomía cultural-nacional); renunciar a los gritos sobre la «fiebre huelguística»; condenar las aspiraciones separatistas de los bundistas y exigir la fusión sobre el terreno; condenar los maliciosos ataques personales que envenenan la lucha ideológica, etc. En el ámbito del trabajo en la Duma, el grupo de los siete debe reconocer incondicionalmente la subordinación a la totalidad marxista y retirar sus decisiones antipartido (Jagello, la derogación del programa, etc.). Incluso el camarada Plejánov, que discrepa mucho con nosotros, escribe en una carta al Buró Internacional que «la división de nuestra fracción en la Duma se produjo a causa de ciertas decisiones lamentables adoptadas por nuestros camaradas liquidacionistas, que se encontraron en mayoría de siete contra seis».

La cuestión de con quiénes exactamente sería conveniente que el Buró Internacional entablara relaciones para organizar un intercambio general de opiniones no está aún esclarecida. Está claro que aquí son posibles dos caminos: o bien deben ser invitados representantes de las dos corrientes fundamentales: marxistas y liquidacionistas, o bien «todos los socialdemócratas» y todos aquellos que se consideran cercanos a la socialdemocracia, en cuyo caso también lo serían el partido del diputado Jagello (PPS), varios grupos socialistas judíos, y aquellos de los populistas que se consideran cercanos al programa socialdemócrata.

La cuestión planteada por el Buró Internacional debe interesar a todo obrero consciente. Llamamos a todos los obreros a poner esta cuestión al orden del día en sus reuniones, círculos, conversaciones, mítines, etc., a debatirla, a adoptar sus resoluciones y a publicar su opinión en nuestro periódico.

No se puede razonar como si esto fuera un asunto lejano que no nos concierne. Si en el congreso internacional de Viena se plantea la cuestión (cosa de la que los marxistas se alegrarían mucho), es necesario que la Internacional conozca la opinión de los obreros rusos, de las organizaciones proletarias que actúan en Rusia, y no solo la de los círculos aislados en el extranjero.

¡Camaradas! Debatid la importante cuestión planteada, adoptad vuestras decisiones y comunicadlas a vuestro periódico, «Pravda Proletaria». Los obreros conscientes de todos los países prestarán atención a vuestra voz.

«Pravda Proletaria» nº 2, 8 de diciembre de 1913.

Se publica según el texto del periódico «Pravda Proletaria».