Un tal Gr. Golosov se ha ofendido mortalmente porque en «Prosveschenie» llamé a Chjeidze «socialdemócrata apartidista».

Gr. Golosov echa chispas, monta en cólera, insulta con todas sus fuerzas, amontona signos de admiración e interrogación. Pero cuanto más se enfurece Gr. Golosov, tanto más evidente resulta que con esos airados gritos encubre su falta de pruebas.

Yo llamé a Chjeidze apartidista. A Golosov no le sería difícil adivinar que podría refutarme si demostrase el carácter partidista de Chjeidze.

Señalé el hecho de que, en el momento más crítico de la historia de la fracción socialdemócrata (y también de la historia del renacimiento del partido), Chjeidze «se apartó a un lado». Cuando estaba formándose la prensa liquidacionista y antiliquidacionista (1911 y principios de 1912), Chjeidze no estaba ni aquí ni allá.

¿Refuta mi furioso adversario este hecho señalado con precisión?

No. El furioso Gr. Golosov no refuta, no puede refutar este hecho. ¡Está furioso, pero no es fuerte, el pobre Golosov! Elude temerosamente el hecho que demuestra que la conducta de Chjeidze (a pesar de su talento oratorio y experiencia parlamentaria) fue la conducta de una persona apartidista.

Si el furioso Gr. Golosov supiera pensar, comprendería que lo que caracteriza a un hombre de partido es la participación más enérgica, directa y abierta en los asuntos de su partido (y no solo de su fracción en la Duma). La formación de la prensa liquidacionista y antiliquidacionista fue el momento más importante en la historia reciente del todo marxista. Por consiguiente, el apartidismo de Chjeidze ha sido irrefutablemente demostrado por mí.

Gr. Golosov exclama con una especie de malignidad histérica: «¡El partido está allí donde se sientan V. Ilín y Gr. Zinóviev!».

El bueno de Golosov, sin quererlo, plantea aquí una cuestión interesantísima e importantísima: ¿dónde está el partido? Y si el propio Gr. Golosov es incapaz de pensar, todos los obreros han pensado y piensan sobre ello.

El partido está allí donde se encuentra la mayoría de los obreros marxistas conscientes que participan en la vida política. Y Gr. Golosov se enfurece hasta la histeria precisamente porque siente su impotencia para refutar esta verdad sencilla.

Y las elecciones a la IV Duma, y la historia del surgimiento y crecimiento de «Pravda», y las elecciones a la junta directiva del sindicato de metalúrgicos, y la campaña de seguros, y las resoluciones de los obreros en favor de los seis diputados obreros, todo esto ha demostrado que el partido está del lado de los seis, del lado de su línea. Sus consignas han sido aceptadas y verificadas por la acción masiva de los obreros en todas las esferas del movimiento obrero.

El furioso Golosov se enfurece porque es impotente para refutar los hechos precisos, evidentes e indiscutibles sobre la victoria de los marxistas sobre los liquidacionistas, tanto en las elecciones como en los sindicatos, en la labor de creación de periódicos diarios y en la campaña de seguros.

A aquellos contra quienes están todos los hechos, no les queda más que el «corazón» y la histeria.

El partido está allí donde la mayoría de los obreros se ha agrupado en torno a las decisiones del partido, que ofrecen respuestas íntegras, sistemáticas y precisas a las cuestiones más importantes. El partido está allí donde la unidad de esas decisiones y la voluntad única de aplicarlas concienzudamente en la vida une a la mayoría de los obreros conscientes.

Al defender el «derecho» de Chjeidze (y de los siete) a violar esas decisiones, esa voluntad de la clase obrera, Gr. Golosov, al igual que todos los liquidacionistas, destruye la organización marxista en beneficio del apartidismo.

No hay duda de que los obreros continuarán apoyando la posición de sus seis diputados contra la posición apartidista de los siete.

«Za Pravdu» nº 12, 17 de octubre de 1913. Firmado: V. Ilín

Se publica según el texto del periódico «Za Pravdu».