Ha pasado ya bastante tiempo desde que el socialdemócrata Petrovski intervino en la Duma de Estado sobre el reglamento y fue privado de la palabra por el presidente a causa de sus «expresiones tajantes» dirigidas al ministro y demás. Desde el punto de vista de la «candente actualidad» en sentido estricto, esto tal vez haya quedado ya anticuado. Pero, en esencia, las intervenciones de Petrovski y del kadete Maklákov merecen más atención que la habitual «noticia del día».

El kadete Maklákov intervino en la Duma de Estado sobre el nuevo reglamento. Este señor es el autor del reglamento y ponente de la comisión del reglamento. Y he aquí que, en toda una serie de cuestiones, el k.-d. Maklákov se pronuncia contra la fracción k.-d. e impone un reglamento reaccionario con la ayuda de los octubristas y de la derecha, contra la oposición.

Esto no es nuevo. De sobra es sabido que V. Maklákov es el favorito de los octubristas, que en esencia es un octubrista. Pero el importantísimo hecho de nuestra vida pública que este viejo conocido fenómeno pone al descubierto merece la mayor atención.

¡Tenemos ante nosotros al más destacado kadete, quien, en una cuestión en la que la Duma es comparativamente menos impotente que en otras, estrangula él mismo la libertad de la Duma con ayuda de la derecha y de los octubristas! El socialdemócrata Petrovski tuvo mil veces razón en sus tajantes comentarios sobre semejante maestro de la politiquería.

Pero ¿cuál es aquí el quid? ¿Es acaso falsa la conducta de V. Maklákov porque personalmente el señor V. A. Maklákov sea falso? ¡Por supuesto que no! Es decir, no es esa la cuestión.

Así como el caso Beilis{74} es interesante e importante porque puso de manifiesto, con particular desnudez, los entresijos de nuestra política interior, su «mecánica» entre bastidores, etc., así un pequeño (comparativamente) caso como las intervenciones de V. Maklákov contra los kadetes y contra la libertad de la Duma descubre, por centésima y centésima primera vez, el verdadero trasfondo del partido de nuestra burguesía liberal rusa.

La lucha entre kadetes y octubristas es una lucha de competidores; por eso es tan encarnizada y tan carente de principios. El favorito de los octubristas y estrangulador de la libertad de la Duma, V. Maklákov, pudo convertirse en «luminaria» de los kadetes precisamente porque, y solo porque, los kadetes, junto con los octubristas, se asientan en el mismo terreno de clase. Son diferentes alas o representantes de distintos matices de la burguesía liberal, que teme a la democracia más que a los Purishkévich.

Esto es esencial. Esto es importante. Esta es la sustancia de la política. Aquí radica la causa de la sorprendente impotencia política de nuestra burguesía, pese a todo su poderío económico.

El socialdemócrata Petrovski cumplió con el deber de un demócrata al luchar contra el estrangulador de la libertad de la Duma, el señor V. Maklákov. No podrá haber libertad en Rusia mientras las amplias masas de la democracia no aprendan a despreciar a los señores V. Maklákov, así como a los partidos que engendran a semejantes caballeros.

*«Za Pravdu»* n.º 47, 29 de noviembre de 1913. Firmado: M.