El círculo berlinés de los socialdemócratas polacos (Rosa Luxemburgo, Tyszko y Cía.), rechazado resueltamente por los obreros socialdemócratas polacos, no se da por vencido. Sigue autodenominándose «Dirección Principal» de la socialdemocracia polaca, aunque no habría en el mundo ni una sola persona capaz de decir qué es, en realidad, lo que «dirige» esa triste «Dirección» sin partido{66}.

Los obreros socialdemócratas de Varsovia y Łódź declararon hace ya tiempo que no tienen nada en común con el mencionado círculo berlinés. Las elecciones a la Duma de Estado por Varsovia y el desarrollo de la campaña de seguros en Varsovia han demostrado a todo el mundo que en Polonia existe una sola organización socialdemócrata, la que declaró categóricamente que no reconoce a los desorganizadores y calumniadores de la «Dirección Principal». De las hazañas de esta «Dirección» basta con mencionar una: esos señores declararon infundadamente que el principal baluarte de los obreros socialdemócratas polacos, el de Varsovia, se hallaba «en las redes de la Ojrana». Pasó un año. La «Dirección» no ha probado en modo alguno su monstruosa acusación. Sólo esto bastaba, por supuesto, para que ningún militante honrado del movimiento obrero quisiera tener relación alguna con los caballeros del círculo de Tyszko. Como ve el lector, en sus métodos de lucha estos señores se distinguían poco de nuestros Mártov, Dan y Cía…

Y he aquí que este círculo de personas, estigmatizado por todos los partidos que actúan en Polonia, ha decidido ahora salvar el movimiento obrero ruso. Rosa Luxemburgo ha presentado a la Oficina Socialista Internacional{67} la propuesta de examinar la cuestión del restablecimiento de la unidad en Rusia. Uno de los motivos aducidos es que el «grupo leninista», al parecer, introduce la escisión en la socialdemocracia polaca.

Con esta declaración, el círculo berlinés se ha descubierto de inmediato. Los bolcheviques, como se sabe, marchan codo a codo con los obreros socialdemócratas polacos que han rechazado al círculo de intrigantes. Esto no deja dormir tranquila a la supuesta «Dirección» y de ahí, pues, toda la campaña «unificadora», iniciada con ataques a los marxistas rusos y cuyo objetivo es apoyar a los liquidacionistas rusos.

Rosa Luxemburgo no habría hecho esto «de buena vida». En su momento, incluso su círculo renunció a acudir a los liquidacionistas en busca de la conciliación «agostista».

Pero, perdida toda importancia tanto en el movimiento obrero polaco como en el ruso, debido a su falta de principios y a su actitud intrigante, este grupúsculo de fracasados políticos se agarra ahora a los faldones de los liquidacionistas. La culpable de todos los pecados mortales resulta ser, por supuesto, el «grupo leninista», y por eso… por eso hay que unirse a este grupo a toda costa. ¡Vieja historia!..

¿Cuál será, en esencia, la actitud de los marxistas rusos ante la cuestión del examen de las divergencias rusas en la Oficina Socialista Internacional?

Por lo que sabemos, se alegrarán mucho si se logra que los camaradas de Europa occidental entren en el fondo de nuestras disputas. Hemos oído que los marxistas rusos presentan, por su parte, la propuesta de que la OSI examine también la cuestión de la escisión en la socialdemocracia polaca y las acciones vergonzosas que el grupo de Tyszko se ha permitido contra las verdaderas organizaciones obreras de Polonia. Los marxistas se alegrarán mucho si la Oficina Internacional entra a examinar también las divergencias entre los 6 y los 7 diputados. De este modo, los camaradas extranjeros se plantearán la cuestión de si la fracción parlamentaria debe subordinarse al partido obrero o, por el contrario, el partido obrero debe subordinarse a la fracción de la Duma.

Los marxistas se sentirán más satisfechos aún si se acepta la propuesta de Rosa Luxemburgo de incluir en el orden del día del próximo congreso internacional de Viena, en 1914{68}, la cuestión de la unificación rusa.

En dos ocasiones la nueva Internacional ha planteado este tipo de cuestiones en sus congresos internacionales. Una vez, en Ámsterdam en 1904, se planteó la cuestión de la unidad en Francia{69}. El congreso examinó en esencia las bases de la disputa entre guesdistas (marxistas) y jauresistas (revisionistas). Condenó la línea de los jauresistas: su participación en ministerios burgueses, sus pactos con la burguesía, etc. Y, basándose en esta decisión de fondo, propuso la unificación a las partes en lucha.

Otra vez, en Copenhague en 1910, se planteó la cuestión de la escisión checo-austríaca{70}. El congreso entró de nuevo en el fondo de la disputa. Se pronunció contra los principios «bundista-nacionalistas» de los separatistas checos y consideró que los sindicatos obreros de un mismo país no debían organizarse según el principio de nacionalidad. Sobre la base de esta decisión de fondo, el congreso propuso a ambas partes que se unificaran. (Los bundistas checos, por cierto, no se sometieron a la Internacional.)

Si se plantea la cuestión rusa, el congreso de Viena se pronunciará indudablemente sobre la importancia de la «clandestinidad» en un país como la Rusia actual, sobre si, en las condiciones dadas, los marxistas deben partir de la perspectiva de la «evolución» o de la vía «íntegra», etcétera. Sobre todo esto, escuchar la opinión de la Internacional será en cualquier caso de nada desdeñable interés…

Pero, por desgracia, aún falta mucho para eso. Por ahora sólo tenemos la airada pero impotente intervención del círculo berlinés de Rosa Luxemburgo y Tyszko. Recomendamos al señor F. D. que aproveche bien esta intervención contra los marxistas y en defensa del liquidacionismo. Aunque los periódicos liquidacionistas ya han contado las vergonzosas andanzas de este círculo berlinés en su lucha contra los obreros polacos, en caso de necesidad el señor F. D. no dejará, por supuesto, de abrevar también en este… fresco manantial.

Y los obreros rusos dirán: la unidad, la crearemos nosotros mismos en nuestras propias organizaciones obreras rusas. Y de las intrigas impotentes, simplemente nos reiremos.

«Za Pravdu» nº 36, 15 de noviembre de 1913.

Se publica según el texto del periódico «Za Pravdu».