El momento político actual en Rusia presenta un interés singular. Las negociaciones de los kadetes, los progresistas{44} y los octubristas acerca de una táctica «opositora» conjunta en la Duma, por una parte, y el movimiento obrero, por la otra, testimonian no sólo un «resurgimiento», sino algo más.

Uno de los documentos sumamente instructivos de nuestro interesante tiempo es el llamamiento del Comité Central de la «Unión del 17 de Octubre» a los miembros del partido, instándolos (según la referencia de _Rech_) a «abandonar la apatía y ponerse enérgicamente manos a la obra».

En opinión del Comité Central octubrista, «ahora, cuando las fuerzas revolucionarias vuelven a ponerse en movimiento, como lo prueban, entre otras cosas, las huelgas, todos los ciudadanos bienintencionados que desean sinceramente el desarrollo progresivo del Estado deben adherirse a la «Unión del 17 de Octubre», reforzando con ello su composición y elevando su autoridad».

La labor de los octubristas, piensa su Comité Central, debe «paralizar la influencia de aquellos elementos destructivos que de nuevo, con estridencia y tenacidad, alzan su voz, llamando a una nueva conmoción del régimen político y social de Rusia. El Comité Central recuerda los sacrificios que habrán de soportar el Estado y la sociedad si las gentes bienintencionadas se cruzan ahora de brazos y se mantienen al margen de la actividad social. El Comité Central cree que millones de ciudadanos rusos de buenas intenciones no permitirán que un puñado de revolucionarios hunda a Rusia».

De esta manera recoge _Rech_ (núm. 275) el contenido del interesante llamamiento del Comité Central octubrista, sin ver, al parecer, en él apartamiento alguno de la política octubrista habitual.

Examinemos el llamamiento del Comité Central octubrista como un documento que caracteriza la historia de nuestro tiempo. Se invita a los octubristas a «abandonar la apatía». ¿Significa eso que hasta ahora había apatía? Cuando las fuerzas de la reacción triunfaban, los octubristas estaban en la apatía. Cuando las fuerzas de la reacción parecían bastar… para el «orden», los octubristas estaban satisfechos y no veían la necesidad de «ponerse manos a la obra». Cuando las fuerzas de la reacción resultaron insuficientes («vuelven a ponerse en movimiento» las fuerzas opuestas a las reaccionarias), entonces… entonces los octubristas se ponen enérgicamente manos a la obra en ayuda de la reacción.

En efecto, ¿acaso no es ayuda a la reacción que una influyente fracción de la Duma se dedique a fustigar «la estridencia y la tenacidad» de la izquierda, su afán de «hundir a Rusia»? ¡Pensemos tan sólo que «un puñado» amenaza de pronto con «hundir a Rusia»! La izquierda, cuyos periódicos (no menos de una decena en toda Rusia) son confiscados casi a diario, ¡se distingue, como quien dice, por su «estridencia y tenacidad»! Pero si esto es la repetición literal, palabra por palabra, de aquellas frases, verdaderamente estridentes y tenaces, que pueden leerse a diario en la prensa gubernamental de las Centurias Negras.

Vemos aquí de manera gráfica a qué se ha reducido en la práctica la prédica de las ideas «progresistas» «en el espíritu del manifiesto del 17 de Octubre». Apenas el movimiento obrero, al fortalecerse, introdujo un resurgimiento general en la vida social, nuestros burgueses «progresistas» empezaron a enseñar los dientes no a la reacción, sino precisamente a ese movimiento obrero.

Rusia está viviendo por segunda vez, sólo que en proporciones ampliadas, sobre un escenario más vasto, aquella correlación de fuerzas que se observaba hace nueve u ocho años. Los octubristas, los progresistas y los kadetes existían entonces de manera indiferenciada, fusionada, como una única y supuesta «sociedad avanzada». Ahora, al parecer, tenemos tres partidos políticos de la burguesía desarrollados, probados y verificados por la experiencia de tres Dumas y de los años 1906-1912, años repletos de acontecimientos: los octubristas, los progresistas y los kadetes. La división del trabajo entre ellos es ideal: los octubristas declaran directamente la guerra a la izquierda y en una forma de decididas Centurias Negras; los progresistas ayer estaban de acuerdo con los octubristas y hoy hacen lo mismo, prometiendo dedicarse largamente a esta respetable ocupación. Y los kadetes igualmente, de manera prolongada, «se ponen de acuerdo» con los amigos de los octubristas, los progresistas, asegurando al pueblo su, perdónese la expresión, democratismo.

Si ocho años atrás el movimiento obrero pasó de largo ante las traiciones y vacilaciones octubristas y kadetes, tanto directas como encubiertas, todo hace pensar que los obreros desde entonces no se han vuelto más tontos.

_Za Pravdu_, núm. 10, 15 de octubre de 1913.  
Firmado: K-pov

Se publica según el texto del periódico _Za Pravdu_.